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Keira Knightley: Ella no le teme a la oscuridad

Keira Knightley está por realizar su debut en Broadway en la obra Thérèse Raquin, y a la par tiene que cuidar a su hija de 5 meses, Edie; de esta manera la actriz descubrió que tanto el teatro como la maternidad pueden ser un trabajo sucio.
Jesse McKinley
06 noviembre 2015 15:30 Última actualización 08 noviembre 2015 8:47
Knightley

Thérèse Raquin es una de las dos obras escritas por mujeres que están programadas en Broadway para esta temporada. (NYT)

En una tarde reciente, bajo un amenazante cielo artificial, Keira Knightley estaba de nuevo sentada en un barco oscilante en un cuerpo de agua agitado. Los hombres peleaban por ella, como es habitual, y uno de ellos no iba a lograr llegar a la costa. Pero Knightley de todas formas estaba bostezando.

El bote en cuestión estaba a salvo, eso sí, rodeado por las paredes del Studio 54, donde Knightley está protagonizando el papel que le da el título a la producción de la Roundabout Theater Company de “Thérèse Raquin”, la adaptación teatral que hizo Helen Edmundson del clásico relato del siglo XIX de Emile Zola sobre el amor, la culpa y la importancia vital de las clases de natación.

Aunque el ver a una estrella cinematográfica metida en un bote de remos - se bambolea en un estanque superficial ideado por el diseñador de escenografía Beowulf Borritt - era extraño, quizá el detalle más revelador fue ese bostezo, que durante este ensayo técnico en particular probablemente nació más del agotamiento que del hastío.

Knightley, después de todo, se estaba preparando para hacer su debut en Broadway el 29 de octubre, apenas cinco meses después de pasar por otra primera vez: el nacimiento de una niña llamada Edie, cuyos juguetes, cobertores y pañales son una visión común en su vestidor en el teatro.

Ella descubrió que la maternidad, como el teatro mismo, puede ser un trabajo sucio.

“Estamos haciendo sesiones de acotaciones, y estoy literalmente limpiando los mocos de la cara de mi hija”, dijo Knightley, sentada en un vestidor adornado con las fotografías instantáneas de la niña tomadas por sus orgullosos padres y por abundantes toallitas húmedas. “Y mi esposo está tratando de cambiarle el pañal mientras ella se rueda por el piso”.

Knightley parece igualmente entusiasmada e intimidada por ambos debuts, pues habla en términos similares sobre el papel de Thérèse. “Es muy oscuro, sabe, como saltar de un acantilado hacia el infierno” y la intensidad del amor de una nueva madre.

“Una da luz a una bebé y pasa, automáticamente, al ‘moriría por ella’, y no se siente eso por ninguna otra cosa”, dijo Knightley, y añadió: “Esta cosita que está gritándome, y es absolutamente indiscutible. Y eso es oscuro, y es profundo, y es muy, muy, muy extraño”.

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La obra, una de las dos escritas por mujeres de las que están programadas en Broadway para esta temporada, se apoya en el poder de atracción de la actriz y la fama de Edmundson como una intérprete de élite de obras literarias intelectuales. Pero no hay nada seguro; una adaptación de 2001, “Thou Shalt Not”, no logró conectar con el público pese a la música y letra de Harry Connick Jr.

Para una actriz conocida por su capacidad para la chispa y el encanto en varios acentos, “Thérèse Raquin” es como un cambio de ritmo: Según la imaginó Edmundson, la Thérèse trágicamente reprimida de Knightley está en escena durante casi todas las dos horas y media que dura la obra. Y durante los primeros 30 minutos, apenas habla, y solo tiene periódicamente una conversación unilateral con … un río.

Pero la vida de Thérèse rápidamente se vuelve más apasionada (gracias a Laurent, un guapo amigo de su esposo, interpretado por Matt Ryan) y nociva (Laurent, de nuevo). Dependiendo del punto de vista de cada quien, el personaje es víctima del amor o simplemente está marginalmente loca, con todas las violentas oscilaciones de humor que cualquiera de las dos situaciones implica.

Es un papel que en alguna forma refleja la interpretación cinematográfica de Knightley de “Anna Karenina”, otra mujer cuyo romance con otro hombre se descarrila.

“Me interesan mucho las personas que están enjauladas en cierta forma”, dijo Knightley, “y pienso que es bastante cierto que muy a menudo las personas que tratan de salir de su percibido encierro son castigadas por ello, cualquiera que sea la jaula”.

Knightley hace su declaración como hace muchas: casual y rápidamente, con una sonrisa incipiente y una sensación de humildad que marca su conversación.

Su papel actual podría sorprender a los fanáticos casuales de Knightley e incluso a sus detractores, quienes aún la ven como la ingenua llena de energía vista en “Bend It Like Beckham”, su gran éxito de 2002; la heroína sensible de películas como “Atonement” o “The Imitation Game”; o la intrépida Elizabeth Swann de tres películas de “Pirates of the Caribbean”, que ayudaron a hacerla internacionalmente famosa, un blanco del desdén de Internet y objeto de un acoso periódico.

Pero ahora, a los 30 años, Knightley parece haber dejado atrás sus días de aventurera, y, en los últimos años, se las ha ingeniado discretamente para reunir un currículo ecléctico de actuaciones cinematográficas que, si no han acallado a sus críticos, ciertamente los han desafiado: “Never Let Me Go”, de la novela de Kazuo Ishiguro sobre clones terroríficos; “A Dangerous Method”, el drama de Freud contra Jung; “Begin Again”, una extraña salida romántica con Mark Ruffalo en la cual ella cantó y tocó la guitarra; y “Laggies” del año pasado, una comedia acerca de finalmente alcanzar la madurez en la cual interpretó a una mujer en medio de una “crisis del cuarto de vida”.

Ese periodo también corresponde con dos incursiones de Knightley en la escena teatral en Londres, incluida una reposición amablemente recibida de “El misántropo” de Moliere a fines de 2009 y una aparición más exitosa en 2011 en “The Children’s Hour” de Lillian Hellman.

Incluso antes de eso, sin embargo, el personaje de Thérèse Raquin aparentemente le estaba esperando: Le habían ofrecido el papel dos veces antes de cumplir los 30 años, y admite haberlo rechazado porque era algo “que no sabía cómo hacer”.

Además, dijo, le preocupaba un poco por qué la gente pensaba que ella haría una buena Thérèse. ”¿Por qué la gente sigue viéndome como esta extraña mujer reprimida y vagamente sicótica?”, dijo.

Pero el año pasado, cuando su agente le envió la adaptación de Edmundson, lo vio como una señal. “Cuando volvió a mí por tercera vez pensé: ‘Bueno, esto es raro’”, recordó. “Y me sigue atemorizando, y no sé cómo hacerlo y hay tantos problemas para llevarla a escena. Pero de alguna manera estaba lista para el desafío”.

Parte de eso, dijo, era el aburrimiento de leer “un montón de guiones con personajes que eran la novia/esposa de apoyo”.

“Yo soy la esposa de apoyo en casa”, dijo. “Simplemente no tenía particularmente ganas de interpretar eso”. (El esposo de Knightley es el músico inglés James Righton.)

Aceptó hacer el papel, sin embargo, antes de que supiera que estaba embarazada, y su instinto inicial al descubrirlo fue retirarse de la producción. Pero un grupo de amigas y familiares la convencieron de lo contrario.

“Mi madre y varias otras muy feministas a mi alrededor dijeron: ‘¿Cómo puedes decir eso? Por supuesto que no renunciarás, por supuesto que seguirás adelante, por supuesto que lo harás todo’”, dijo Knightley. “Y yo solo dije: ‘Oh sí, sí, está bien, muy bien, sí, está bien’ Y luego me acerqué más a esto y pensé: ‘Oh, esto pudiera ser bastante difícil sin dormir’. Y lo es”.

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En realidad, mientras se acercaba la noche del estreno, estaba combatiendo un resfriado y se había torcido la muñeca durante una presentación previa mientras arremetía contra Gabriel Ebert, quien interpreta a su despreocupadamente cruel marido Camille. Luego, además, la presentación fue brevemente interrumpida por un admirador que le lanzó flores, y una propuesta matrimonial, desde el mezzanine (Ella no se salió del personaje, ni aceptó).

Las coestrellas de Knightley han elogiado su capacidad para hacer a un lado distracciones como estas, así como la animosidad que el éxito de la actriz parece engendrar en algunas personas, particularmente las mujeres obsesionadas con su mentón.

Por su parte, Knightley dice que bien podría querer “una pieza completa de frivolidad” después de abordar a Thérèse. Pero sin importar su recepción en Broadway, suena como si su incursión en el teatro, y en los papeles oscuros, pudiera continuar.

“Pienso que realmente eso es por lo que disfruto el teatro: No existe”, dijo. “No es como una película, que se queda ahí por siempre”. Continuó: “El espectáculo que uno ve esta noche, funcione o no, nadie lo verá de nuevo. Mañana será completamente diferente. Y encuentro eso increíblemente romántico”.