AFTEROFFICE

Karl Kraus: periodismo y fuego

10 febrero 2014 4:11 Última actualización 17 octubre 2013 5:2

[Una recuperación, casi dibujo, del periodista austriaco en tiempos en los que el oficio debe someterse a las reglas del espacio / Cuartoscuro]


 
Mauricio Mejía
 

Bertolt Brecht, a quien no se puede atacar de condescendiente, aseguró que “cuando la época alzó la mano contra sí misma, era de Karl Kraus esa mano”. Elías Canetti, nada lisonjero, escribió en su Antorcha al Oído: “Kraus había detectado anomalías y combatido corrupciones que todos los demás hubieran pasado en silencio. Era un milagro que no hubiera acabado en la cárcel”.
 

Walter Benjamin dedica al periodista vienés dos extraordinarios artículos en los que lo define como demonio y monstruo, y lo defiende con aplomo contra la cháchara periodística, que lo remite, sin empacho, a la categoría, casi vulgar, de simple sátiro de ese edificio que llaman humanidad.
 

Entre abril de 1900 y 1935 Karl Kraus editó La Antorcha (Die Fackel), revista en la que se convertiría (según Ferdinand Ebner) en el diagnosticador de los males de su tiempo. Kraus, en el primer número de la Fackel, marcaría su postura ante el siglo que lo derrumbaría todo catástrofe a catástrofe: “No un sonoro qué hacemos, sino un honesto qué rechazamos”. Número a número, jugó el shakespeariano papel de hacerse insoportable en un ambiente de “relaciones agradables, en el que no se puede ser imposible”.
 

Con un tino asombroso, y cada vez más patético, Kraus (Gitschin, Bohemia,1874-Viena 12 de junio de 1936) encontró los vicios que afectarían a la prensa, “ese estereotipo disfrazado de ética”, a lo largo del siglo XX y,lamentablemente, del XXI. “El medio se ha convertido en fin, el chico de los recados se ha convertido en protagonista; resulta ahora que la prensa se ha convertido en el acontecimiento, sobre el acontecimiento en sí”.
 

Hacer una crítica del periodismo desde las afueras del campo de acción ha sido un atrevimiento bien repetido en las esferas intelectuales. El valor de la mordaz opinión, aforística o teatral, de Kraus contra los periodistas es válida en la medida en la que se ejerce desde adentro, desde el oficio, al que ataca brutalmente por el desaseado uso del lenguaje, herramienta que defiende por sobre todas las cosas, como honor inquebrantable.
 

“La prensa –dice- en tanto que valor de cambio necesita un maquilla cultural precisamente porque representa una devaluación de la cultura”.
 

Los periodistas, advierte, se han creído dueños de la palabra pero “jamás han bajado la vista ante ella y por ello no conocen el estado de gracia a que los podría conducir si se dejan llevar”.
 

Roberto Calasso, en uno de los muchos textos que dedica a Kraus, pregunta y responde: “¿Cuál es el órgano de la opinión? La prensa, y hoy, la inmensa red de la comunicación. Por ello Kraus dedicó su diario y gran parte de su existencia a la prensa, como espacio asignado a la opinión, en el que cabe contemplar cómodamente, recogida en letras, esa superficie fluida en que nos movemos en todo momento”.
 

Poco antes de que el im-perio austriaco comenzará a derrumbarse –con todos sus gestos de corrupción, la Kakania de El chico de los recados se ha conevertido en protagonista.Resulta ahora que la prensa se ha convertido en el acontecimiento”
 

Una lucha titánica con las comas

Dice Claudio Magris que “en el ámbito de la civilización astrohúngara, la posición de este genial escritor aparece solitaria y singular. En lugar de someterse a la enajenación de su tiempo combatió todos los aspectos de la crisis, sobre todo la piadosa hipocresía con que se intentaba enmascararla”. En un principio La Antorcha recibió colaboraciones de Wedekind, Strindberg, Schönberg y Loos, pero a partir de 1911 se convirtió en una publicación entera de Kraus. Josep Cassals, en Afinidades Vienesas, lo dibuja como el “único” que porfía quijotescamente día y noche librando batallas titánicas con comas y dejándose envolver por la aventura de la lengua como por el sueño de una noche anterior que reaparece al primer contacto con las sábanas”.