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CULTURAS

Karina Gidi, una actriz al límite

La actriz nominada a dos Arieles todavía no sabe en dónde es más útil: si arriba del escenario o en la calle, manifestándose. “Las decisiones me determinan, qué clase de actor soy y cuál es mi poética", dice en entrevista con EL FINANCIERO. 
Myrna Martínez
10 marzo 2015 21:6 Última actualización 11 marzo 2015 5:0
Karina Gidi participará en 'El tiempo se detiene'. (Foto: Braulio Tenorio)

Karina Gidi participará en 'El tiempo se detiene'. (Foto: Braulio Tenorio)

Para Karina Gidi el actor no es una plastilina maleable que se adapta a un escenario. Es un cocreador que se cuestiona e imprime su mirada a los personajes, a los que debe llevar al extremo. El arribo al límite es lo suyo.

“Busco lo más que puedo los contrastes. Trato de mirar sus fragilidades porque me parece que esas son las zonas con las que todos nos podemos sentir identificados”, dice la dos veces nominada al premio Ariel.

“Si son papeles bidimensionales no acaban de llegar a casa, al corazón. Cuando tienen sus fragilidades y sus miedos, sus contradicciones y sus altos contrastes, mis probabilidades de llegar a algún lugar se incrementan”.

A partir del 20 de marzo probará sus límites en el Teatro Helénico con Sara, una fotógrafa de guerra protagonista de la puesta en escena El tiempo se detiene, del ganador del Pulitzer Donald Margulies, bajo la dirección de Benjamín Cann.

“Los directores no tienen necesidad de llevarme al extremo, yo voy solita. El otro día le pregunté a Benjamín Cann si no me estaba sobrepasando en una escena, y creo que es una tendencia mía ver hasta dónde puedo estirar la cuerda sin que se rompa, me da curiosidad explorar a las personas y sus relaciones y ver hasta dónde puedo llegar y, en este caso, seguir siendo Sara”.

El tiempo se detiene es eso, es la fotografía de un instante en la vida de esta fotógrafa que regresa a su casa en Brooklyn tras sufrir un accidente en Irak. Ya en casa, cuestiona su papel en la guerra y pone en riesgo su relación de pareja.

Sara le gusta muchísimo porque no está con el sentimiento a flor de piel todo el tiempo, es reservada, que parece que tiene cierta frialdad y eso le cae muy bien. El personaje sabe lo que quiere a pesar del dolor que eso le pueda traer a los demás.

Gidi hace un símil entre los periodistas y el trabajo actoral. Para internarse en la piel de esta fotógrafa y entender la pasión y el compromiso por su profesión, realizó una investigación exhaustiva sobre la guerra en Medio Oriente, el fotoperiodismo; leyó fragmentos de El Corán y se adentró en la vida de los corresponsales a través de documentos y películas.

Estos procesos rigurosos a los que se somete en cada proyecto la han llevado a reflexionar sobre su papel en el escenario.

“Sí hay quienes sólo actúan, pero yo no, sería muy triste; yo me siento co creadora. En la última década he colaborado con el director; siento que hay un trabajo creativo importante al que uno puede aportar. Por gracia divina he trabajado con directores que no les molesta, sino que disfrutan que uno aporte”, asegura la actriz.

INCENDIA LOS ESCENARIOS

Llegar a la madurez actoral y agudizar su mirada sobre la actuación, sin importar si es en teatro, cine o televisión, fue un proceso que cambió su vida: Incendios, estrenada en 2009 con la dirección de Hugo Arrevillaga y un texto del franco-libanés Wajdi Mouawad.

Karina Gidi recuerda que se enfrentó a una encrucijada: al mismo tiempo le habían ofrecido una película en la que le iban a pagar bien, pero tenía que irse a Zacatecas a filmar el mismo día del ensayo general de esta puesta, de la que sólo estaban aseguradas seis funciones y mal pagadas.

“Las decisiones me determinan, qué clase de actor soy y cuál es mi poética. No tuve idea de lo que Incendios se iba a convertir para el público, que habría colas para entrar. No pensé que la realizaría durante cuatro años. Fue un punto de quiebre, me reveló qué clase de actriz quería ser”.

El año pasado Karina Gidi conoció a Wajdi Mouwad y le expuso una de sus inquietudes como actriz: “¿En dónde sirvo más? ¿dando funciones para 100 personas o marchando junto a miles?”. El dramaturgo le respondió que él no tenía el suficiente poder para cambiar el mundo, pero sí podía cambiar el pequeño universo en el que se desenvolvía.

La actriz todavía no sabe en dónde es más útil, si arriba del escenario o en la calle, manifestándose, pero cada proyecto lo elige y lo interpreta con entrega, con la esperanza de ayudar a los espectadores en sus procesos internos y en sus tomas de conciencia. En ese debate, ya en el límite último entre actor y personaje, dirime su carrera profesional.

“Espero tener ese poder, si no tendría 23 años dedicándome a algo superficial e inútil y me dolería mucho pensar eso. Prefiero creer que he trabajado para ayudar a tender puentes y abrir ventanas en el corazón de la gente, y que tenga la oportunidad de observarse y de re-
significar su presente y la mirada que tienen hacia su pasado”, concluye Gidi, quien en dos ocasiones ha sido la ganadora del premio de la Agrupación de Críticos y Periodistas Teatrales a la mejor actriz.
   

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LA VOCACIÓN POR ENCONTRAR EL SITIO

Nacida en Jalapa, se ha ganado el respeto con sus proyectos de cine y teatro. Protagonizó las películas Abel, ópera prima de Diego Luna; Demasiado amor y la comedia Tercera llamada, de Francisco Franco.

En teatro ha realizado más de 25 obras, entre ellas el premiado monólogo La voz humana, Una luna para los malnacidos y Tic Tac Boom. Desde el 20 de marzo compartirá escenario con Alejandro Calva y Rodrigo Murray en El tiempo se detiene.