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CULTURAS

Juan Gabriel, una fiesta nacional

En una verdadera romería se convirtió las inmediaciones del Palacio de Bellas Artes debido a que miles de personas fueron a despedir al "Divo de Juárez".
Eduardo Bautista
06 septiembre 2016 0:47 Última actualización 06 septiembre 2016 0:47
Juanga. (Eduardo Bautista)

Juanga. (Eduardo Bautista)

Juanga. (Eduardo Bautista)

Juanga. (Eduardo Bautista)

El lunes no fue impedimento para que se armara la fiesta afuera del Palacio de Bellas Artes. Juan Gabriel (1950-2016) fue recordado como lo pidió alguna vez: con música, baile y mucho mariachi. El concierto que se ofreció esta noche encendió las almas de millones de mexicanos, quienes recordaron a su ídolo de todas las formas posibles: fotografías, pósters, carteles, porras, lágrimas, coros, risas, imitaciones.

Durante cuatro horas, la avenida Juárez fue el escenario de una verbena popular que no se veía desde hace mucho en la Ciudad de México. Miles bailaron al ritmo de El Noa Noa, Caray y No Tengo Dinero. Luego llegaron las rancheras. Y con ello no faltó el que sacó el tequila. Y el que decidió vender cervezas. Micheladas de a 50 pesos; latas Indio de a 20.

La víbora de la mar se armó rápido. O mejor dicho muchas. Porque en cada zona de la calle se respiraba un ambiente distinto. En el Hemiciclo a Juárez se montaron los imitadores; cerca del Eje Central bailaba un grupo de colombianos. Todos disfrutaban las canciones interpretadas por la banda y el mariachi de Juan Gabriel, que se lució con un espectáculo idéntico al que realizaba el artista en vida.

En los hombros de los señores los niños también cantaban. Uno de ellos todavía vestía su uniforme escolar. A su papá se le hizo fácil llevarlo, "para que conozca la buena música". Poco le importó la muchedumbre, que se contaba en miles. Y que seguramente mañana se convertirán en cientos de miles, como cuando murió Cantinflas y José Alfredo Jiménez.

Mientras se llevaba a cabo el concierto, la gente hacía filas que daban la vuelta una y otra vez en la Alameda Central. El Palacio de Bellas Artes mantendrá sus puertas abiertas toda la noche. El ritmo para ingresar era ágil, aunque con ciertos problemas de logística. Algunos ya no sabían ni dónde terminaba la fila. "¡Queremos verlo! ¡Te amamos Juanga!", gritaba Gregoria, ama de casa de la colonia Obrera. Tampoco faltaron los grupos gay. Parejas tomadas de la mano. Transexuales con carteles de su ídolo, al que nunca le sacaron una palabra sobre su homosexualidad: "Lo que se ve no se juzga, mijo". Era todo lo que decía.

La canción más llorada fue Amor Eterno. La más bailada: El Noa Noa. La más cantada: No tengo dinero. Hasta los estudiantes del CCH Vallejo se sabían todos los temas. Todos. Ni qué decir de los abuelitos que iban con sus nietos. O la gente en muletas, en silla de ruedas. También los vagabundos, los sin casa, rodeados de los funcionarios de la Secretaría de Relaciones Exteriores. Los empleados de gafete. Las amas de casa. Los fresas. Los hipsters. Los extranjeros. Todos cantando al ritmo de un país que, por unas horas, se llamó Juan Gabriel.