AFTEROFFICE
culturas

Juan Carlos Colombo vive el teatro a plenitud

Desde niño quiso dedicarse a la escena. Con casi 40 años de trayectoria artística, llega a la plenitud con la satisfacción, dice, de haber pertenecido a una generación que, si bien no logró el cambio que soñaba "al menos lo intentamos".
Rosario Reyes
13 julio 2017 22:18 Última actualización 14 julio 2017 5:0
Lector recurrente de Jorge Luis Borges, reconoce que en cada argentino habita el tango. (Nicolás Tavira)

Lector recurrente de Jorge Luis Borges, reconoce que en cada argentino habita el tango. (Nicolás Tavira)

Juan Carlos Colombo nunca pudo hacer válida la beca que le otorgó el gobierno argentino para estudiar en México: a pocos días de su llegada al país, el 29 de marzo de 1976 ocurrió el Golpe de Estado con el cual se instauró la dictadura militar de Jorge Videla.

“¿Cómo iba a presentarme a la embajada de un gobierno que ya no existía?”, ironiza Juan Carlos Colombo, quien salió de una nación en guerra, amenazado de muerte por defender casos de presos políticos, pues su primera profesión es la de abogado. Tenía 24 años cuando dejó su tierra, a donde no pudo volver hasta 1983, Pero eligió su patria adoptiva para vivir.

Desde niño quiso dedicarse a la escena
. Con casi 40 años de trayectoria, llega a la plenitud con la satisfacción, dice, de haber pertenecido a una generación que, si bien no logró el cambio que soñaba hacia una social democracia, “al menos lo intentamos”. Lector recurrente de Jorge Luis Borges, reconoce que en cada argentino habita el tango.

La Argentina que dejó
Era un país en plena crisis. Salí por amenazas, porque siendo abogado, dos o tres defensas de presos políticos me costaron amenazas muy directas, entonces les hice caso y me fui. Venir acá era cosa de vida o muerte; pero luego se complicó porque no sabía si me quedaba porque quería o porque no podía regresar. Afortunadamente el teatro me fue dando cobijo y por eso me quedé, es mi casa, mi lugar.

Los sueños frustrados
Pasé por muchos estados de ánimo, de decepción, de derrota. A la distancia sé que por lo menos lo intentamos. Fue una generación que decidió pensar que podíamos cambiar el mundo, como dice José Mujica, el ex presidente uruguayo: ya no cambiamos el mundo, pero podemos cambiar un poquito el contexto de alrededor. Incluso acá llegué a sentirme perseguido, todos estábamos creo, muy vigilados. Fue la dictadura más sangrienta que ha habido en mi país y en muchas otras partes del mundo, todos mis amigos de alguna manera estaban involucrados, mi mejor amigo cayó en la cárcel al día siguiente de que me fui y pasó siete años preso; justo cuando regresé lo soltaron. Había un estado de angustia permanente por toda la gente querida y toda una generación que habíamos apostado a un cambio en el país.

Su país hoy
Estoy muy al tanto de lo que pasa, por mi hijo. Las vueltas de la vida: él nació aquí, empezó a hacer su carrera muy chiquito como actor y después se fue a Argentina y es muy famoso allá. Por lo menos no hay regreso a una historia militar tan terrible. Pero en la democracia siempre se ponen en riesgo ciertas cosas, el gobierno actual es muy de derecha y bastante torpe. El año pasado estuve en Argentina, recién ganó Macri, y la gente estaba confusa, enojada, por todas las medidas absurdas que toma; se parece a Fox (Vicente, el expresidente mexicano), cualquier cosa que se le pasa por la cabeza la suelta, y después se echa para atrás. No saben gobernar. Pero tengo esperanza de que haya crecido la mentalidad democrática en Argentina.

La crisis de la izquierda en América
La izquierda ya no existe, creo que en ninguna parte del mundo. Pero los gobiernos progresistas, incluyentes, son atacados muy duramente por todos lados, en cuanto se les tocan los intereses tantito a los poderosos, éstos reaccionan de una manera impresionante y es difícil que los gobiernos puedan mantenerse bien tratando de llevar adelante un proyecto socialmente válido.

La mirada interior
Soy más reflexivo sobre lo que he hecho, sin demasiadas euforias. La obra de Ingmar Bergman en la que estoy (Después del ensayo) me llegó en el instante preciso. Trata sobre la pasión y la decadencia en cualquier actividad, una especie de Fausto contemporáneo. A estas alturas, todavía tengo dudas. Pero todo proceso creativo implica una crisis, si no, es un trabajo con material de stock. Y si quiero hacer algo nuevo, forzosamente voy a entrar en crisis y con los años es más difícil porque no es tan fácil descubrir algo nuevo; tarda en salir, cuesta más, como dice mi personaje: “contigo pensé que podría volver a mover la roca que se ha vuelto cada vez más pesada con los años”. Esa roca es la creatividad.

La plenitud
Envejecer es inevitable, hay días que se me olvida, afortunadamente. Pero me doy cuenta de que estoy viejo, sobre todo en cuanto a expectativas de qué cosas se pueden hacer; hay algunas que ya no serán y quedará el recuerdo de haberlas vivido. Lo más conflictivo en la vejez es pensar que uno ha desaprovechado oportunidades, creo que es posible que haya dejado pasar algunas, que haya cometido graves errores, pero no tengo grandes frustraciones ni arrepentimientos. Salgo satisfecho con una vida en la que le aposté a muchas cosas, me jugué mi espíritu, mi alma y hasta mi físico por algo que me encanta, y eso lo deja a uno con cierta tranquilidad.

Los soportes creativos
Me apoyo en la familia, en especial con mi hijo. Mi padre fue médico, mi madre dedicada a la casa, aunque al final hacía teatro. Su amor siempre fue fundamental. Pero es muy agradable poder hablar con el hijo de la misma profesión, le puedo confesar mis angustias. Con la crisis de Después del ensayo, Felipe me dio dos o tres tips bastante buenos.

Lo que viene
Continuará la temporada de la obra Después del ensayo en la Sala Xavier Villaurrutia hasta el 10 de septiembre y después estrenará un montaje, bajo la dirección de Antonio Serrano, ambientado en la Segunda Guerra Mundial, en el que compartirá escenario con Mónica Huarte. La cinta Nocturno, de Luis Ayhllón, en la que interpreta a un enfermo terminal, se exhibirá en la Cineteca Nacional. Grabará Demencia, una serie de televisión dirigida por el cineasta mexicano Jorge Michel Grau para el mercado europeo, cuya trama sucede en un manicomio; interpreta a un médico ortodoxo que decide colaborar con una investigación sobre prácticas inhumanas en el tratamiento a los pacientes psiquiátricos.