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Joyce, el proyecto de vida para Martín Acosta

Hace casi 30 años fundó Teatro de Arena. El montaje que le dio renombre a la compañía que dirige fue una adaptación de 'Carta al artista adolescente', de James Joyce. "Me identifico con sus ideas", dice el director de teatro Martín Acosta".
Rosario Reyes
11 mayo 2017 21:32 Última actualización 12 mayo 2017 5:0
'Exiliados', de Martín Acosta, permanecerá en cartelera hasta el 9 de julio, en el Teatro El Granero. (Alejandro Meléndez)

'Exiliados', de Martín Acosta, permanecerá en cartelera hasta el 9 de julio, en el Teatro El Granero. (Alejandro Meléndez)

Crecer en un pueblo pequeño como Cortázar, Guanajuato, marcó su vida. Hijo único, de madre soltera, Martín Acosta fue un niño solitario que pasaba el tiempo en el cine, frente a su casa, viendo películas mexicanas de los años 70. Así llegó al teatro. Porque le gustaban las historias. Para él, la escena es fundamentalmente texto.

Hace casi 30 años fundó Teatro de Arena. El montaje que le dio renombre a la compañía que dirige fue una adaptación de Carta al artista adolescente, que cumplió una larga temporada en foros de todo el país. “En México nadie lee a Joyce”, le había advertido su maestro, Ludwick Margules. Se equivocó.

James Joyce es un proyecto de vida para mí”, afirma el director, quien acaba de estrenar Exiliados,pieza que el autor irlandés escribió a la par de su monumental obra, Ulises. Tanto admira Acosta a Joyce, que tiene tatuado el nombre de uno de los personajes de esa novela, Stephen, en la pantorrilla izquierda, y Dedalus, en la derecha.

Joyce
Su vida en medio de la guerra me atrae y me identifico con sus ideas. Omitió intencionalmente el contexto social, lo cual me parece una postura política. Quería hablar de los seres humanos, de la ausencia, del dolor, de la pérdida. En Exiliados hay un tema de legalidad presente también en su entorno. No se casó con Nora Barnacle hasta los últimos años de su vida; estuvieron 35 años juntos. Eso me interesa mucho: personalmente soy producto de una infidelidad; mis papás nunca se casaron.

El estigma del hijo ilegítimo
De alguna forma lo padecí, crecí en los años 70 en un pueblo conservador. Lo tengo completamente superado, pero el tema de la legitimidad es algo que sigue existiendo. Me llamo Leónides Martín Acosta, Leónides es el nombre de mi papá. Como hijo ilegítimo, en mi credencial de elector dice XXX Acosta Leónides Martín, como todos los hijos bastardos de este país. En casa no hubo mayor problema, conocí a mi papá, era un tipazo, pero tenía su familia y muchos problemas que resolver ahí. Mi mamá, aunque no tenía una educación formal, era una mujer muy sabia, siempre fue muy respetuosa de mis decisiones y mis intereses.

Dios
Tengo una formación católica, pero no creo en el dogma. El drama de la Pasión me encanta, sobre todo contado por otros, como José Saramago. Creo que Dios es una voluntad que tenemos los seres humanos, en la que decidimos fincarnos, es un modelo que construimos para movernos, para ir adelante, ahí es donde lo encuentro, en las cosas que me gustan: el teatro, mi pareja, mis amigos, lo que me mueve, no lo que me paraliza.

La muerte de cerca
En 1996 tuve un infarto masivo y una operación a corazón abierto. Tenía 32 años. Fue una recuperación muy larga, pero exitosa. El cardiólogo me dijo: “México es muy estresante, ¿puedes cambiarte de ciudad?” y le respondí que no. “Tu trabajo es muy estresante, ¿puedes dejarlo?”. No. “Bueno, te propongo algo: duerme seis horas al día y come tres veces al día”. Trato de apegarme a eso, no fumo, no consumo drogas, bebo moderadamente. El infarto me marcó mis limitaciones, antes no me daba cuenta y podía trabajar horas y horas sin siquiera recordar si había comido.

La llegada al teatro
Gracias al Cervantino, fue el paso natural. En la época de López Portillo llevaron al festival, en un mismo año, a Tadeusz Kantor, Peter Stein y Lindsay Kemp, los monstruos del teatro de esa época. Entonces descubrí una diferencia vital que sobrepasó mi interés en el cine.

La escuela
La soberbia que tienen todos los alumnos, en mi caso era un poco exagerada. Cuando empecé a estudiar actuación tenía más referentes contemporáneos que la mayoría de mis profesores y fue un golpe muy fuerte darme cuenta que la mayor parte de lo que sabía tenía un fundamento equivocado desde la primera pregunta: ¿para qué quiero hacer esto? Ni siquiera me lo había planteado. En medio, encontré a mis maestros. Con ellos sentí la empatía de querer hacer un teatro distinto. La llegada de Ricardo Ramírez Carnero, que venía de estudiar en Checoslovaquia, fue un parteaguas. Un maestro muy duro, no sólo en lo físico, sino en lo emocional: me enseñó a mirarme, dejar de evadirme y aceptar lo que tengo y lo que no tengo.

Lo que viene
Exiliados permanecerá en cartelera hasta el 9 de julio, en el Teatro El Granero del Centro Cultural del Bosque, y continuará temporada en otro foro -aún sin anunciar- antes de salir de gira por la República. La puesta Esta semana lloverán pájaros, basada en cuentos de Daniel Krauze, se mantendrá los sábados en La Gruta, del Centro Cultural Helénico. Martín Acosta también prepara nueva temporada de Dos personas se tocan brevemente, pieza basada en testimonios de Las Patronas, aquellas mujeres que se organizaron en Veracruz para dar alimento a los migrantes que viajan en el tren conocido como La bestia, y que combinó con una adaptación suya de un texto de Ray Bradbury. El director continuará con su labor docente en su alma mater, la Escuela Nacional de Arte Teatral del INBA, y en Casa Azul.