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Joselito Adame, entre el yoga, la religión y correr

La figura que ha tenido una de sus mejores temporadas en este 2015 con 55 orejas, y formará parte del cartel de inauguración de la Temporada Grande de la Monumental Plaza de Toros México, habla desde la intimidad del ser, de sus devociones y sus reales pasiones.
Muricio Mejía
15 octubre 2015 23:15 Última actualización 16 octubre 2015 5:0
Joselito Adame

Joselito Adame se ha prometido, eso sí, debutar en la de Sevilla de marzo del año entrante. (Archivo)

Pareciera una contradicción, pero si se reposa un poco la idea no lo es. Joselito Ademe ejerce, de continuo, tres pasiones: torea, corre y... practica yoga. Sí: yoga. Habla de los monjes como si fuera un principiante que se desentiende poco a poco del “yo”, un Siddartha a lo Hesse.

“La enseñanza me da una fortaleza mental que no puedo obtener de otra forma”, aclara cuando se le pregunta por qué siguió la ruta del desapego. “De hecho, suelo no aferrarme a las cosas, ni a la fama ni a los problemas”.

Cuando, por ejemplo, torea en la México o en cualquiera otra plaza del “mundo del toro”, suele aclarar dudas, solucionar conflictos con su entorno y caminar por el telón de acero sin carga alguna.

“Lo hago siempre, llego libre de pesos y pesares”, añade esta figura que ha tenido una de sus mejores temporadas en este 2015 (55 orejas) y formará parte del cartel de inauguración de la Temporada Grande de la Monumental Plaza de Toros México, que el 5 de febrero cumplirá 70 años.

Ajeno a las posesiones del cuerpo y el alma, Joselito es corredor de distancias largas. Dice que encuentra algo de místico en el desgaste corporal de gran intensidad.

“Quería correr este año la Maratón de Nueva York, pero el calendario no me ayuda en mucho, en esas fechas tengo muchos carteles”, dice sin un gramo de presunción atlética. Se ha prometido, eso sí, debutar en la de Sevilla de marzo del año entrante.

“En las tres rutas, el toreo, la carrera y el yoga, encuentro respuesta a lo que soy. Algo me dice: esto es lo que tú eres, mis necesidades y mis vicios. Alientan mi ambición y mis ganas de competencia en lo físico y en lo mental”, cuenta sin jugar a la filosofía y, mucho menos, a la teología, esa literatura fantástcia de la que hablaba Borges. Pero algo tiene de supersticioso.

De religioso, pues. Nacido en Aguascalientes, Adame es devoto de las Vígenes de San Juan de los Lagos (“antes , claro, de la Guadalupana”, aclara como si hubiera cometido un error grave en las clases de catecismo) y de la de Lourdes.

“Cuando me acerco a Dios me siento pleno, vivo en la tranquilidad, no le pido nada; le agradezco por lo que tengo, que es mucho”, relata sin dejo de “cristerismo”. Lleva a donde vaya, y aquí el adverbio es justo a donde sea, una capilla ambulante compuesta por más de 250 estampillas tan católicas como su abuela, quien le dio la primera de Jesús hace muchos años, cuando aún era un joven que no sabía que elegiría esta forma de suicido del arte a sol y sombra.

Sol y sombra. Si se lo ve de cerca, que Joselito Adame practique al mismo tiempo el yoga con el toreo no es tan contradictorio. Es una fórmula ecuánime para matar y vivir. Para ser entre el todo y la nada.