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José Sefami, actor con vena anarquista

De joven fue comunista y vivió en un kibutz en Israel. De regreso en México El actor José Sefami atestiguó el júbilo del triunfo de la Revolución cubana así como la desilusión por la caída del Muro de Berlín. Desde entonces se define como un anarquista.
Rosario Reyes
02 marzo 2017 21:25 Última actualización 03 marzo 2017 5:0
(Especial)

(Especial)

Huyendo de la Primera Guerra Mundial, el abuelo de José Sefami salió de su natal Turquía rumbo a México, y al arribar al puerto de Veracruz se enamoró de esta geografía. Tardó cinco años en reunir el dinero para el viaje en barco de su esposa, con quien fundó aquí la familia en la que nació el padre del actor.

José creció al lado de sus seis hermanos en la colonia Roma, y recuerda a sus padres, quienes eran comerciantes en “la calle de las novias” del Centro Histórico, como un par de enamorados de la música y el baile, que supieron inculcar a sus hijos el amor por el arte: uno de sus hermanos es músico, otro es profesor de literatura; él es, además, percusionista profesional.

Su amor a la escena y la música
Lo aprendí en casa. Mi abuela tocaba, y yo empecé a tocar el tambor árabe. También toqué música afroantillana y jazz, pero cuando era chavo viví un año en Israel, trabajando en un kibutz, que es una granja colectiva, donde los compañeros del cuarto de al lado eran unos albañiles de Jerusalén que tocaban; yo compartí con ellos, tomábamos whisky y ahí aprendí a tocar. Cuando regresé a México hice un grupo de música sefaradí, tengo un disco que se llama La mar enfortuna, que hice con el Fonca. Sigo tocando, tengo un espectáculo con el repertorio que conozco desde mi familia, son canciones populares muy hermosas.

Su juventud comunista
La viví en Israel. En el kibutz no existe la propiedad privada, nadie tiene nada por encima del otro. Los niños desde los seis meses viven en un cuarto, cuidados por un grupo de madres, ven a sus padres cuando termina la jornada laboral en el campo, todos comen en un comedor colectivo, eligen a su presidente, que dura un año o dos, pero eso no le exime de las tareas domésticas, así que podía estar brazo con brazo lavando platos con él. Es una sociedad muy interesante, no es propiamente la sociedad israelí, pero el cuatro por ciento de la población en Israel es comunista y vive de otra manera.

La Revolución cubana
A muchos de mi edad nos tocó fuertemente. Desgraciadamente los aislaron y no sé si fue un error de los revolucionarios el encerrarse también. Cuando terminó la revolución rusa y apareció la Perestroika se quedaron solos, sin un apoyo económico que los pudiera sustentar. Venezuela no es Rusia, les puede dar un poco de petróleo, pero no resuelve los problemas a los que están regresando. En Cuba se viven situaciones que existían antes de la Revolución; sin embargo, creo que hay una fuerza en la figura de su líder. Ahora que murió Fidel se vio cómo lo adoraban.

Dejar el comunismo
Con el tiempo, uno cambia. Lo que me desvinculó fue que la burocracia ganara por encima del pueblo, eso lo tuvieron los rusos y fue un problema gravísimo, que ganó el politburó, esta jerarquía burocrática. Creo que ahora soy más anarco, tomo las ideas de Enrico Malatesta, por ejemplo, de anarquía en el buen sentido, porque se ha tratado de desvirtuar desde el nombre. Anarquía quiere decir “sin gobierno”, pero no sin responsabilidad.

La caída del Muro de Berlín
Con él cayeron las ilusiones también. Todo tiene que ver con la
desgracia de la caída de los rusos, porque finalmente era la cuña que no permitía que sucedieran cosas como que un Donald Trump llegara al poder. Fue como ver desmoronarse todos los ideales que uno pensaba que cambiarían al mundo; se vinieron abajo con el mismo muro. Desgraciadamente se va a derramar mucha sangre antes de que cambie el mundo. Cuando uno se vuelve más nihilista, sabe que a pesar de la sangre, nunca va a haber una corrección. Aunque sí una evolución.

¿Cómo recupera la ilusión?
Por esto que hago. La imaginación me lleva a lugares extraordinarios, poder jugar es un asunto tribal, primitivo en el buen sentido de la palabra, vital. El origen del hombre está aquí (señala el escenario) en las noches que se juntaban alrededor de la fogata y alguien contaba las historias de las deidades, eso es lo que hacemos en el teatro, lo que nos da vida y eso es lo nos sustenta como seres humanos.

Un rostro emblemático
El malo del cine. Sí, he actuado sobre todo en personajes antagónicos, en películas como Amores perros, El atentado, Conozca la cabeza de Juan Pérez, curiosamente siempre salgo del lado de los malos, pero no me causa ningún conflicto. Como hombre tengo valores éticos muy firmes. En la ficción es distinto. Debe ser porque tengo una fisonomía que da la impresión de que puedo ser un verdadero hijo de puta.

Tras concluir su temporada en la Ciudad de México, en febrero pasado, José Sefami planea llevar de gira Divino Pastor Góngora, monólogo que estrenó en el 44 Festival Internacional Cervantino, en el que interpreta a un actor perseguido en la Nueva España del siglo XVIII, que pasó de ser el artista favorito de la corte a un preso señalado por la censura.