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CULTURAS

José Carlos Ruiz, actor brillante y poeta oculto

No sólo es primer actor. José Carlos Ruiz también es un ávido lector y un poeta que se niega a publicar su obra por temor al rechazo editorial. EL FINANCIERO pudo charlar con este icono
de la cultura mexicana. 
Rosario Reyes
17 septiembre 2014 21:22 Última actualización 18 septiembre 2014 5:0
José Carlos Ruiz ha ganado 5 Premios Ariel. (Foto: Archivo)

José Carlos Ruiz ha ganado 5 Premios Ariel. (Foto: Archivo)

“No fui a la escuela, pero fui al cine”, dice con orgullo José Carlos Ruiz.
Un primer actor que, confiesa, descubrió su profesión por perseguir a una muchacha . Ganó una beca de Bellas Artes tras olvidar su papel en El hierro candente, de Xavier Villaurrutia, en pleno Palacio de Bellas Artes. Al arrancar, se le nubló la memoria: “No me acordaba ni de mi nombre”, recuerda. Cinco Arieles después, afirma que el mejor premio a su trayectoria “es tener llamado mañana”.

Para interpretar a Francisco Goitia en la película de Diego López (1989), acudió a grandes pintores, y terminó siendo su amigo: Francisco Corzas, Luis Nishizawa, Francisco Toledo, Rodolfo Nieto, Rafael Coronel. Ellos le contagiaron “el virus de la pintura”. Es lector y escribe poesía gracias a Pablo Neruda, pero quienes primero lo cautivaron fueron los poetas mexicanos, entre ellos Ramón López Velarde, autor del poema que da nombre una de las películas en las que participó recientemente: Suave Patria.

Conversa en su barrio, Coyoacán, donde sus vecinos le tratan familiarmente, con respeto e incluso reverencia, que él corresponde con una modesta sonrisa, mientras los cines locales exhiben El lado oscuro de la luz, de Hugo Carrillo, en la que interpreta a un veterano delincuente de sangre fría.

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José Carlos Ruiz

José Carlos Ruiz acaba de filmar Tormentero, de Rubén Imaz, cinta en la que da vida a un solitario alcohólico. Dos personajes oscuros que contrastan con su amable personalidad. “Por difícil que sea el personaje -como en El Apando, un papel del carajo; Benito Juárez, Goitia, que era un hombre atormentado- se queda en el set. Saliendo de ahí te despojas del fantasma, lo botas por allá y te vas con tus cuates a tomar una cerveza”.

___¿Cómo es eso de que no fue a la escuela, pero fue al cine?

___Yo me quedé huérfano de muy chamaco y para escapar de la pobreza, la soledad, la tristeza, me metía al cine y ahí se me olvidaba todo. Yo veía a Fernando Soler regañar al muchacho y pensaba que era a mí, que era mi padre; veía a Jorge Negrete en una película y yo salía a caballo, cantando ¡Ay Jalisco no te rajes! Veía a Humphrey Bogart y yo era Humphrey Bogart. Nunca pensando que yo iba a ser actor, simplemente que ahí se me olvidaba la vida.

___Aunque sí fue a la escuela...

___Me becaron en Bellas Artes, donde estuve siete años, con maestros maravillosos como Seki Sano, Salvador Novo, André Moreau, Fernando Wagner, Torre Lafán, un montón. Ya de ahí, empecé a trabajar en las obras que en el teatro infantil. Conocí a Madeline Renoir, Vittorio Gassman, músicos, grandes directores como Carlos Chávez, me pasaba metido en Bellas Artes, de 9 de la mañana a 10 de la noche, ahí era feliz.

Me tocó trabajar de comparsa y empecé después a hacer pequeños papeles en el teatro, otros más importantes. Luego entré a Televicentro, y después hice (la película) Viento negro, que me deslumbró, descubrí que era lo más importante de mi vida, la emoción más grande. La televisión también ha sido prodigiosa, siempre he trabajado para Televisa y así como el cine es mi debilidad, no se puede negar que el capítulo de hoy en la noche lo ven 20 millones de espectadores. Pero el cine es… pues más bonito que la vida.

___¿Cómo descubrió la poesía?

___Por Pablo Neruda me inicié como lector, y luego, haciendo intentos, como escritor. Tengo un libro prácticamente terminado y no me he atrevido a ir a una editorial porque van a decir: “¡Cómo es posible, si es actor y ahora ya quiere ser escritor!”. Tengo mi padre espiritual, que es el poeta peruano César Vallejo, a quien le guardo un enorme respeto por su vida, su poesía; pero tengo muchos más: Cabral, Nicolás Guillén, Miguel Hernández... Yo era muy afecto a la poesía mexicana que era triste, decadente: “Cansado ya y del mundo yerto, sólo anhelo descansar en mi cajón de muerto”. Hasta que descubrí a Neruda, que tenía muchos amores, tomaba buen vino, era un burgués a todo dar, tenía una posición política muy clara y era un enorme poeta del amor, entonces dije: ese es mi camión y yo ahí me subo. Así empecé a leer poesía y a viajar con los poetas de todo el mundo.

De México, yo creo que Ramón López Velarde es el primer mexicano real de la poesía, anteriormente había mucha influencia francesa: Gutiérrez Nájera, Amado Nervo, eran muy buenos poetas, pero tenían una gran influencia europea, y López Velarde irrumpe con un acento mexicano, nuestro, habla de la feria, la matraca, los magueyes, del campo, de la vida desde un punto de vista muy mexicano. Es un enorme poeta, no solamente por Suave patria, todos sus libros son maravillosos, muy auténticos, además instaura de manera definitiva lo que es la poesía mexicana. Posteriormente, José Carlos Becerra, Efraín Huerta, Pellicer, que es un gran paisajista, Manuel José Othón, en fin, enormes poetas me han cautivado”.

___¿Cómo nos transforma la poesía?

___Es un viaje que nos transporta a otro nivel. Está la metáfora, está la imagen, está la imaginación, el convertir un hecho en palabras que vuelen, que se transformen, que digan otras cosas diciendo lo mismo, o al revés: que digan lo mismo de otra manera. Es un juego maravilloso. En mi primer poema yo escribí: En qué lomos marchaba la negrura que tarde amaneció / cómo se hicieron largos de esperarte los ojos y la voz pupila de paloma… algo así, ahí empezó mi poética carrera que no ha ido a ningún lado.

___Con su trabajo, usted contribuye al arte.

___De alguna manera colaboro con la cultura. Cuando estuve en la Compañía del Seguro Social, por ahí de 1963, se hacía el mejor teatro que se ha hecho en México: Chejov, Shakespeare, Sófocles, Esquilo, lo mejor del teatro universal.

Se cobraba 12 pesos la entrada y se hacían giras por toda la República; se hacían en la mañana funciones a 3 pesos y los lunes que descansábamos, teatro al aire libre por 20 centavos. Recuerdo haber estado en el Parque Agua Azul de Guadalajara con 6 mil espectadores, viendo Edipo Rey. Eso era maravilloso. Yo admiro mucho a mis compañeros teatreros porque ahora se trabajan dos o tres días, no se paga muy bien y te implica no poder trabajar en televisión o hacer cine, tienes que estar atado a esas funciones que apenas dan para comer, sin embargo, insisten en llevar cultura al pueblo.

ALGUNAS PELÍCULAS

En el último trago (2014)


​El apando (1976)


​Viento negro (1964)