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José Alonso vuelve a sus raíces... el teatro

Con 53 años en la arena actoral, el actor mexicano ha participado en cintas como 'Los albañiles' y 'La tarea', y en obras como 'Los malditos' y 'El juego que todos jugamos'. Ahora que regresa al teatro luego de 24 años, asegura: "éste es mi mundo".
Rosario Reyes
04 mayo 2017 21:19 Última actualización 05 mayo 2017 5:0
Ahora que regresé me acordé de cuando estudiaba, el olor del primer escenario que pisé... (Cortesía)

Ahora que regresé me acordé de cuando estudiaba, el olor del primer escenario que pisé... (Cortesía Azteca Novelas)

Frente al espejo, José Alonso duda entre delinear su ojo derecho (así comienza a maquillarse) o responder la primera pregunta. Deja el trazo a la mitad. Y también la respuesta. Faltan 40 minutos para que inicie la función (Jugadores, de Pau Miró). Apenas tiene tiempo para completar el ritual que inicia dos días antes: repasar los parlamentos de sus compañeros de escena y, una hora antes de la tercera llamada, concentrarse sólo en su personaje. Un rigor al que regresa luego de 24 años, cuando actuó en Pan de muerto, al lado de Rosita Quintana, bajo la dirección de Germán Robles.

Al hombre que ha pasado casi toda su vida en las tablas, el mismo que en 1974 hizo el primer desnudo masculino en la obra Cuarteto, todavía le atacan los nervios antes de actuar, así que acepta agradecido la propuesta de agendar una nueva cita para conversar en su camerino del teatro Royal Pedregal, donde, para relajarse antes de entrar al escenario, se acompaña con los Beatles, que toca y canta con su
vieja guitarra.

La madurez
Me siento muy bien, este año cumplo 70. Mi primera obra, Yo también hablo de la rosa, la hice a los 17 y ahora regreso al teatro, mis raíces. Hace unos meses empecé a hacer pesas -habitualmente nado- y fui aumentando el peso cuando me di cuenta de que mi cuerpo se enderezaba y se fortalecía.

Volver al teatro
Ahora que regresé me acordé de cuando estudiaba, el olor del primer escenario que pisé... Son muchas emociones, éste es mi mundo. No sé por qué estoy aquí, pero sé que es lo que me toca hacer. Tanto en teatro, como en cine y televisión, en mi carrera ha habido parteaguas, como fue (la película ) Los cachorros; fue el inicio del Nuevo cine mexicano, que dejó atrás los melodramas -alcancé a hacer dos o tres, de los que me siento orgulloso.

La paternidad
Amo y estoy muy orgulloso de mis cuatro hijos. Las mayores, María Rebeca y Shainy, son muy talentosas, una actriz y otra productora; y los dos chiquitos, Josel y Alonso. Siempre los he tratado con amor y en mi vida me he conducido con amor, a pesar de los traumas que me ha causado la familia: me violaron de chamaco, pero salí adelante porque lo enfrenté.

Superar el abuso sexual
Hice cinco años de sicoanálisis, y cuando Héctor Bonilla y yo hicimos la telenovela Con toda el alma, le conté lo de la violación, había que justificar la maldad de mi personaje, Ítalo Linares, y le pasamos mi vivencia: incorporamos en el guion a un maestro de música que lo violaba cuando era chavo, y ahí escupí el trauma. Lo puedo platicar y no me importa si la gente se entera o no, soy libre. Siempre he tenido un sentimiento amoroso, que es lo que me ha salvado; me pude haber enganchado con la droga o el alcohol, pero seguí el consejo muy sabio que me dio Alejandro Jodorowski a los 24 años: que practicara karate. “Te va a salvar la vida”, me dijo. Y hasta la fecha lo practico, soy cinta negra.

El hippismo
El teatro me impidió ser hippie. Me salvé porque tenía una carrera de tiempo completo. Queríamos una vida más espiritual y eso me lo dio -y me lo sigue dando- el teatro. El máximo representante fue John Lennon, que sin haber sido hippie era un gran pacifista. Ese era el lema de mi generación: amor y paz; no nos equivocamos. Los Beatles cambiaron el mundo de esa generación.

Las drogas
Las probé, claro. Parece que nos querían embrutecidos, porque todo estaba al alcance: mariguana, cocaína, heroína, LSD... Cuando se manifestó el primer cambio, en 1968, el gobierno respondió con una masacre en Tlatelolco, un acto de represión de un Estado totalitario al que le convenía tener a los jóvenes drogados para manipularnos. Pero se equivocaron, porque era una generación de cambio.

La noche de Tlatelolco 
Estoy vivo de milagro. Iba a ir a la marcha el 2 de octubre, pero estaba ensayando una obra de teatro y no me dejaron salir, por órdenes del maestro Pepe Solé, que sabiamente dijo: “de aquí no sale nadie”. Él ya sabía que la bronca estaba muy fuerte. Hubiera muerto como borreguito, porque los universitarios sí tenían una conciencia política, yo no. Hoy sí la tengo.

Su vida espiritual
Con el tiempo entendí mi relación con el padre. Empecé a leer la Biblia a los 60 años por mi conversión al cristianismo. Siempre había tenido una búsqueda espiritual -el arte es eso-; hice obras muy avanzadas con Julio Castillo, con Jodorowski, había mucho talento en nuestra generación.

Su lectura de la Biblia
Leo solo, y así llego a mis propias conclusiones. Jesús dice: “de verdad os digo que no pasará esta generación sin que estas cosas acontezcan”, y me doy cuenta que se refiere a mi generación: nací en 1947 y en 1948 se reconstituyó el Estado de Israel, que los profetas habían anunciado. Jesucristo les dijo a los judíos que al no aceptarlo como mesías, su pueblo iba a ser dispersado por todo el mundo, y luego sucedieron muchas calamidades, como el Holocausto. De eso hablaba Cristo: “Cuando oigan de guerras y rumores de guerras es que estoy cerca”. Hoy todo el mundo está armado, con un potencial de destrucción que puede acabar con este planeta en cinco minutos. Jesús es Dios encarnado en la Tierra, que nos dice: “Crean en mí, yo soy la verdad, el camino y la vida; quien cree en mí, cree en mi padre y alcanzará el reino de los cielos”. Yo sí creo.