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Jordi Soler lleva a las páginas a su héroe de Rock 101

El escritor y exlocutor de radio en Rock 101, Jordi Soler, recupera a su entrañable personaje en 'Pinches jipis' (Malpaso, 2017), su primera novela policiaca, que a medio camino entre parodia y homenaje, protagoniza Emiliano Conejero.
Rosario Reyes
14 mayo 2017 20:39 Última actualización 15 mayo 2017 5:0
“Me senté a escribir con lo que recordaba; tenía presente a Emiliano Conejero, pero otros personajes fueron apareciendo”, cuenta Soler.

“Me senté a escribir con lo que recordaba; tenía presente a Emiliano Conejero, pero otros personajes fueron apareciendo”, cuenta Soler. (Especial)

Hace 30 años Emiliano Conejero aparecía en escena solamente entre comerciales de la estación de radio Rock 101 FM. En cada corte, a lo largo del día, se narraba una de las aventuras de este policía de vieja escuela surgido de la mente de Jordi Soler, entonces productor y locutor de la estación. Así, a pedazos, se sabía de los casos, amores ardientes y gusto por la vida del peculiar comandante.

Tres décadas después Soler recupera a su entrañable personaje en Pinches jipis (Malpaso, 2017), su primera novela policiaca, que a medio camino entre parodia y homenaje, protagoniza Emiliano Conejero.

La trama narra el caso del Estrangulador de la media azul, a cuyas víctimas les saca los ojos con una cucharilla de café. Todas están relacionadas con Tito Brito, un conductor de radio que nunca ha logrado entrevistar a Conejero. Junto a sus colaboradores, la Vacota y Espectro, el comandante hallará al asesino dentro de ese mismo círculo.

“Me senté a escribir con lo que recordaba; tenía presente a Emiliano Conejero, pero otros personajes fueron apareciendo. El nombre de la novia me llegó de pronto: Julia Gis, se llamaba”, cuenta el escritor.

Ni las grabaciones, ni los guiones (que escribía en servilletas o en trozos de papel) se conservan, por eso fue más un ejercicio de memoria que una recreación, aunque Conejero conserva detalles de su personalidad, como su afición la música, dice Soler.

Cada mañana, el agente saca de la guantera de su Galaxy un casete al azar y la selección le indica cómo le irá en el día: Jethro Tull, espléndido; Bon Jovi, terrible. También aparece su afición al café con whisky (Cutty Sark) y el cinismo del héroe radiofónico que, en su tiempo -reconoce el autor-, pudo ser exagerado.

“En esa época Conejero era un detective joven, lo cual era una torpeza, porque los detectives con experiencia tienen que vivir muchos años para que lleguen a ese diagnóstico que tanto aprecian los superiores en él”. Hoy, agrega, es un cincuentón sin escrúpulos. “Un cabrón hecho a la medida de la ciudad más caótica del mundo”.

El entorno de Emiliano Conejero y sus compinches es otro. Para empezar, el Distrito Federal ya no existe con tal nombre. “Y ahora la muerte está a la vuelta de la esquina”.

Las aventuras radiofónicas del investigador chilango terminaron abruptamente y su historia quedó inconclusa. Eso es lo que motivó a Soler a recuperarlo. “Estuve recibiendo cartas, que se convirtieron en mails y últimamente en tuits, preguntándome lo mismo: ¿dónde quedó Emiliano Conejero? Está aquí, en este libro”.