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Jonathan Shaw, con los tatuajes bajo la piel

Hijo de "Artie", el jazzista legendario, Jonathan Shaw presenta "Narcisa", novela que abreva de su vida en las drogas. Pero estas historias son ficción, aclara en entrevista, mientras se ajusta el sombrero que le cubre medio rostro.
Rosario Reyes
08 septiembre 2016 21:33 Última actualización 09 septiembre 2016 5:0
Shaw escribe desde niño, pero hasta la publicación de "Narcisa", decidió dedicarse seriamente a la literatura. (Edgar López)

Shaw escribe desde niño, pero hasta la publicación de "Narcisa", decidió dedicarse seriamente a la literatura. (Edgar López)

¿Quién no ha vivido un amor loco? Pero estas historias son ficción, aclara Jonathan Shaw mientras se ajusta el sombrero que le cubre medio rostro. “Sin embargo, los personajes representan estados de conciencia con los que muchos se pueden identificar”, dice acerca de Cigano y Narcisa, los protagonistas de su primera novela.

Narcisa, recientemente editada en México por Sexto Piso, transcurre entre Río de Janeiro y Nueva York, y narra la ruta de excesos del poeta Ignacio Valencia Lobos, que intenta frenar los hábitos desquiciados de su amada, una prostituta adicta al crack.

El autor ha sido comparado con Charles Bukowski, Henry Miller, Jack Kerouac o William S. Burroughs, autores que han hurgado en lo subterráneo y a quienes, admite, se siente cercano, pero tiene su propia voz. “Fueron una influencia muy fuerte cuando era chico, claro que leía todo eso, me identifiqué mucho con Bukowski a quien tuve el placer de conocer; hoy no me siento tan cercano a él, pero la revista Rolling Stone en Estados Unidos me llamó su heredero”.

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Jonathan Shaw

A Bukowski lo conoció porque se plantó en su casa. Consiguió su dirección en la oficina del periódico underground de Los Ángeles donde el autor de Música de cañerías tenía una columna a comienzos de los años 70. “Yo vendía algunos materiales para la publicación, averigüé donde vivía y fui a tocar a su puerta, así nomás”, recuerda.

Con él aprendió de la vida y de la literatura, aunque muchas cosas no las entendió en el momento. “Una vez me dijo: ‘tú eres un chico inexperto, quieres escribir grandes obras de literatura, pero no tienes cojones para eso porque no has vivido nada. Eres un drogadicto que no ha salido de su barrio, un pendejo’. Y me enojé mucho entonces, pero después de rodar por el mundo me di cuenta que tenía razón, porque la literatura debe tener complicidad con la vida. Y tratar de escribir sin experiencias, es como querer manejar un coche sin gasolina”.

“ASÍ ERA MI PAPÁ: UN GRAN HIJO DE PUTA"
Bajo el consejo bukowskiano, Shaw alimenta sus relatos con sus propias vivencias. Ha descrito su entorno familiar como “un puto campo de batalla”. Nacido en Nueva York y criado en Los Ángeles, es hijo del legendario clarinetista de jazz Artie Shaw -autor de clásicos como Begin the Beguine-y la estrella de Hollywood Doris Dowling. Fue adicto a la heroína y delincuente juvenil antes de convertirse en tatuador y artista subterráneo.

Siendo un bebé fue abandonado por su padre, así que su madre tuvo que lidiar sola con su propio alcoholismo, la crianza de un hijo y la fama, que también ha rondado a quien con 64 años es hoy un hombre con aires adolescentes que encontró paz interior en la práctica de la religión afrobrasileña Umbanda.

“Soy brasileño, me nacionalicé hace tiempo. Nací en Nueva York, fui criado en Los Ángeles y viví dos años en México. Desde el Puerto de Veracruz embarqué como marinero en un carguero y acabé bajando del barco en el norte de Brasil, con 19, 20 años. Por el momento vivo en Los Ángeles, donde hago tatuajes para sustentar mi trabajo de escritor”, platica.

Shaw escribe desde niño, pero hasta la publicación de Narcisa -la novela con la que sedujo a todo tipo de lectores, entre ellos el actor Johnny Depp y el músico Marilyn Manson-, decidió dedicarse seriamente a la literatura.

Tras la reedición del título, que apareció en 2008 bajo un sello independiente, publicará en marzo próximo su nueva entrega, Scab Vendor, editada por Turner, cuya portada ilustró Robert Crumb. Es la primera parte de un proyecto biográfico de al menos cinco entregas.
“En mi biografía voy a contar sobre mis padres, eran gente muy interesante y famosa en su momento. Pero mi relación con ellos fue de terror, la niñez fue una pesadilla”, adelanta.

Aunque sabía quién era su padre, conoció al jazzista cuando tenía 40 años. “Antes, él no quería nada conmigo. Era un loco, un excéntrico, no un papá. Tuvo otro hijo, 10 años mayor que yo, que también abandonó cuando era un bebé. Así era mi papá, un gran hijo de puta. Yo lo perdoné, hice mucho trabajo para entender lo que hizo como narcisista que era. A mi mamá también, pobrecita, estaba enferma; los dos eran enfermos, todos somos enfermos, pero unos se recuperan en esta vida y otros tienen que pasar por otra reencarnación para aprender un poquito más”.

En su caso, comparte, pasó por el infierno, antes de “intentar llegar al cielo”. Se cuenta entre los “benditos” que tienen la oportunidad de cambiar de rumbo, justamente por la literatura. “Escribir es introspectivo, hay que mirar para adentro, examinar la conciencia con honestidad, dejar de vivir en la mentira y reconocer que hay que cambiar”.La literatura debe tener complicidad con la vida; tratar de escribir sin experiencias es como querer manejar un coche sin gasolina”

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