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Jerry Seinfield: el arte de hacer reír con nada

El cómico tuvo la visión de ver el humor en la cotidianidad de las familias promedio de Estados Unidos para así transformarlo en la mejor 'sitcom' de la década de los 90.
Rosario Reyes
18 septiembre 2017 20:53 Última actualización 19 septiembre 2017 5:0
Jerry Seinfeld

(Especial)

Su primer show tuvo sólo un espectador. Y no recibió un aplauso, sino una risa tan franca, que aquel amigo de la infancia le escupió un bocado de galletas y leche. Tenía 8 años y así descubrió que quería ser comediante.

Jerry Seinfeld es hijo de dos inmigrantes judíos: Kalman, de origen húngaro, y Betty, de Siria. Creció en el suburbio de Massapequa, en el condado de Nassau, Nueva York, y siempre ha vivido en la Gran Manzana.

“Creo que la ciudad es divertida. Todos aquí somos divertidos de alguna manera”, dijo en el especial que el programa 60 Minutes le dedicó en 2016, en el que explicó por qué ser comediante lo hace feliz. “Cuando somos niños, lo único que hacemos es divertir a la gente. Después, todo se vuelve serio y eso es triste. Yo quiero seguir divirtiéndome”.

Seinfeld ha reconocido en varias ocasiones que es un tipo afortunado. Tras un exitoso debut en el local de comedia neoyorquino Catch a Rising Star, en 1975, se convirtió en estrella del stand up. Y un par de años después ya era invitado habitual del programa de HBO de Rodney Dangerfield. Otros shows como el de Johnny Carson o el de David Letterman también lo recibieron con entusiasmo.

Así que cuando presentó, al lado de su socio Larry David, una sitcom que originalmente se llamaría Stand Up, basada en sus rutinas en vivo, la NBC no dudó en aceptarla, incluso con la poco común estrategia de venderla como un programa acerca de nada.

Hablaba de nada, pero hablaba de todo. Seinfeld mostró que las cosas simples de la vida podían ser verdaderamente hilarantes”


“Hablaba de nada, pero hablaba de todo”, dice el actor y conductor Horacio Villalobos. “Con su show, Seinfeld mostró que las cosas simples de la vida podían ser verdaderamente hilarantes y que a la gente simple le ocurren cosas extraordinarias”.

La vida del mismo Jerry es una muestra de eso, pues pasó de los locales de comedia a actuar, escribir y producir junto a Larry David (creador del éxito de HBO Curb Your Enthusiasm) una de las series más importantes de la televisión en Estados Unidos. Seinfeld se mantuvo por 11 años, de 1989 a 1998.

Según 60 Minutes, la fortuna de Seinfeld asciende a 800 millones de dólares, con la que podría dejar de trabajar, pero sigue en activo.
En el programa por internet Comedians in Cars Getting Coffee entrevista a sus personas favoritas, entre las que se encuentran el ex presidente Barack Obama y varios de sus colegas, como Will Ferrell, o el recientemente fallecido Jerry Lewis, en combinación con una de sus grandes pasiones: los autos. Se ha documentado que es dueño de 46 modelos de Porsche.

El crítico de televisión mexicana Álvaro Cueva afirma que el humor de Seinfeld radica en que el espectador se ve a sí mismo en la pantalla. “Supo entender que lo que él vivió, al igual que muchísimas familias promedio de Estados Unidos de los años 60 y 70, era hilarante. Tuvo la visión de detectar que eso era tan común que tenía una vena humorística”.

Seinfeld fue capaz de encontrar la gracia en asuntos tan simples como que las familias de su generación fuesen numerosas, que en los automóviles no había cinturones de seguridad, o que los padres les daban a los niños comida chatarra sin remordimiento alguno. “Todo eso que para cualquier persona sería lo normal o algo incluso dramático, él lo llevó como un chiste a los escenarios, y luego, en los años 90 lo transformó en una sitcom”, añade.

El autor de libros humorísticos como Seinlanguage, practicante de Meditación Trascendental y creador de una fundación que apoya la paternidad, es un genio único, reconoce el actor Héctor Suárez Gomís.

“Lo descubrí en un programa de Johnny Carson y luego tuve oportunidad de verlo en vivo en Laugh Factory o en The Comedy Store en Los Ángeles. Me llamó mucho la atención que estaba de traje, no decía una sola grosería y lo meticuloso que era en sus observaciones de la vida”.