AFTEROFFICE
DEPORTES

Javier Hernández asume la mayoría de edad

El tapatío es ya un héroe para la escuadra merengue. El estratega
Carlo Ancelotti ha ganado la batalla: puso a prueba la valentía del mexicano y ha ganado un guerrero entero. 
Mauricio Mejía
23 abril 2015 0:32 Última actualización 23 abril 2015 5:0
Javier Hernández festejando su gol frente al Éibar en el estadio Santiago Bernabéu. (AP)

Javier Hernández probó su valentía en el Santiago Bernabéu. (AP)

El futbol es una épica que encuentra a sus guerreros. Anoche Javier Hernández compareció al partido más importante de su carrera. Y lo solventó con una heroicidad digna de primeras planas.

Saltó al césped del Santiago Bernabéu con la reponsabilidad de dar sentido a la ofensiva merengue en Champions League. Fastidiado del desaire continuo del cuerpo técnico, sin costumbre, se dio a la tarea de hacer lo que mejor hace y más le gusta: divertirse. Y el Atlético de Madrid puso el escenario para que desplegara sus mejores dotes en el teatro de los sueños.

Sin una pizca de atrevimiento, el equipo de Diego Simeone delegó la voz cantante del drama en el cuadro blanco, dispuesto a todo para despachar una serie más incómoda y áspera (basada en el cuerpo a cuerpo y no en las ideas) que atractiva y esplendorosa.

Desde el minuto uno, Hernández fue una chispa. Al lado de un Cristiano Ronaldo terco y desproporcionado (carente de pericia en el remate) y de un James Rodríguez activo y risueño, el mexicano impuso su perfil inquieto. Impulsivo, más que atinado, despabiló a un rival mediocre a lo máximo. El Atlético nunca rompió el vidrio de emergencia: un gol suyo obligaba a dos del Madrid. No lo pretendió nunca.

Todo estaba puesto para que, en algún momento del debate, el 14 (que siempre evocará a Johan Cruyff) se diera importancia. Dos remates fallados, en jugadas autoconstruidas, más que demeritarlo, le afirmaban: estaba en el campo con el perfil del que busca para encontrar.

Siempre contra las cuerdas, la escuadra colchonera esperaba la daga para darse fuerzas de herida. El local tiraba sin atinar. Y así pasó casi todo el duelo. El navajazo se produjo cuando Simeone ya hacía planes para las postrimerías.

En el 87’, Hernández recibió un pase de Cristiano (quien abusa del desaire con el ex United) y remató solo ante el arco de un imbatible Jan Oblak, quien en los 180 minutos de los cuartos de final había demostrado la mayor entereza de todos.

El futbol premió anoche a un voluntarioso Javier Hernández. Amo de un espíritu insobornable, halló en el gol el aplauso catártico contra la presión de un estadio siempre político. Asume la mayoría de edad cuando más se cuestionaba su juventud. Ancelotti ha ganado la batalla: puso a prueba la valentía del mexicano y ha ganado un guerrero entero.