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culturas

Javier Cercas, heredero del franquismo

En 'El monarca de las sombras', el autor asume el pasado franquista familiar, pero advierte: entender no es justificar. "Mis antepasados viven en mí y yo viviré en mis descendientes, por tanto somos responsables de lo que ellos hicieron y tenemos la obligación de intentar enmendar sus errores", sostiene.
Mauricio Mejía
21 mayo 2017 22:15 Última actualización 22 mayo 2017 5:0
No somos culpables de lo que hicieron nuestros antepasados, pero somos responsables. (Especial)

"No somos culpables de lo que hicieron nuestros antepasados, pero somos responsables", sostiene el autor. (Cortesía)

___Gracias a David Trueba, porque tenemos este libro gracias a él...
___Es un personaje secundario, pero importante. En el libro cuento cómo vino conmigo, me ayudó a entrevistar al que yo creía que era el último testigo de la vida del protagonista de esta novela y filmó una película, que también uso en el libro.

___Vaticinó que te iba a quedar cojonudo, cosa que es cierta.
___Pero al principio se asustó.

___Te dijo algo importante, que a tu mamá le hubiera gustado este libro...
___Sí, porque ella es la que me habla del protagonista: un tío suyo -un hermano casi, porque vivía con ella-, un chamaquito, de mi familia, una familia humilde, de uno de los lugares más humildes de España, en Extremadura, casi en la frontera con Portugal. Un chico con inquietudes intelectuales, el primero de la familia que estudiaba, casi el primero del pueblo que lo hacía, que cuando estalla la guerra en junio de 1936 decide alistarse en el ejército de Franco, combate durante dos años y muere en la batalla de del Ebro, que es la más cruenta no sólo de la Guerra Civil, sino de toda España.

Mi madre siempre me hablaba de este chico, ella tenía cinco años cuando la guerra estalla, siete cuando muere este chamaquito, que era para mi madre todo un héroe, el hombre valiente que había defendido a la familia, la religión y la patria, todos esos valores en los que ellos creían. Entonces mi madre es como la verdadera protagonista de esta novela, porque es ella la que lega esta herencia de violencia de la que habla el libro, que no habla de la Guerra Civil, sino de la herencia de violencia.

___Página 50, le pregunta David: ¿te sientes culpable por haber tenido un tío facha? Y tú le respondes: un tío no, la familia completa. Esta es la sustancia: uno puede escribir desde la entraña de uno mismo, desde su presente, ¿pero cómo extirpar el pasado?
___No se puede. Porque el pasado vive con nosotros. Sobre todo el pasado del que todavía hay memoria y hay testigos, ese pasado es una dimensión del presente, sin la cual el presente no se entiende. El pasado familiar vive con nosotros porque mis antepasados viven en mí; mi padre, que murió, vive en mí; mi abuelo. De eso va el libro, de la herencia peor de mi país, de mi familia, la herencia de violencia de una familia equivocada, una familia franquista que se equivocó de bando durante la Guerra Civil. Lo que intenta el libro es asumir esa herencia, saber en qué consiste, entenderla. Entender no quiere decir justificar, sino darte los instrumentos para no cometer los mismos errores.

___¿Y por qué es tan importante asumir es herencia?
___ Lo es para todos, no solamente para mí. Si entiendes, si sabes en qué consiste esa herencia, puedes manejarla, si no, esa herencia te maneja a ti. Quien no sabe de dónde viene, no sabe a dónde va. Este libro es un intento de entender eso.

___No sé si se refiere a Eichmann y Jerusalén cuando habla de Hannah Arendt, cuando dice: “no debería sentirme culpable, pero me siento responsable”. A Hannah le costó mucho ser entendida. Fue satanizada incluso por la cultura hebrea. ¿Cómo quitar la responsabilidad?
___Es verdad. No somos culpables de lo que hicieron nuestros antepasados, pero somos responsables. Eso es lo que dice Hannah Arendt del nazismo. ¿Cómo se asume la responsabilidad? Por ejemplo, escribiendo un libro, o intentando asumir los errores que cometieron nuestros antepasados. Porque nosotros somos ellos, como hijo será lo que yo soy ahora, así acaba el libro, de algún modo, como una especie de iluminación del protagonista, que soy yo, que entiende que no nos morimos del todo, que mis antepasados viven en mí y yo viviré en mis descendientes, por tanto somos responsables de lo que ellos hicieron y tenemos la obligación de intentar enmendar sus errores.

___¿Cuándo se supera una dictadura como la española?
___Es muy difícil, se tarda mucho tiempo. La dictadura en realidad fue la provocación de la guerra por otros medios. La Guerra Civil española, dicen los libros, duró tres años. Es mentira; duró 43. Dicen que una guerra y sobre todo una civil, que es mucho peor, es gente que se conoce y se mata entre sí. Es muy difícil digerirla, los españoles no lo hemos hecho porque aún no nos hemos puesto de acuerdo sobre ese pasado. Hay gente que todavía no ha aceptado que el franquismo fue un error, que lo que ocurrió en España en 1936 fue un Golpe de Estado contra una república democrática. No estamos de acuerdo sobre nuestro pasado, por tanto, no estamos de acuerdo sobre nuestro presente. Para superar eso tenemos que ponernos de acuerdo. Por desgracia no es así. De todos modos, la herencia de violencia que cargamos todos, repito, todos, los mexicanos, todo mundo, es muy difícil de asumir porque para empezar hay que aceptar la verdad. ¿Sabes lo que ocurre cuando se trata del peor pasado? La tentación inmediata es edulcolarlo, enmascararlo u ocultarlo; de eso hablaba mi penúltima novela, El impostor, de un hombre que se inventa una vida heroica y maravillosa para ocultar una mediocre y miserable. Este libro intenta lo contrario: afrontar al pasado tal y como es. Así es como creo que hay que hacerlo.

___¿Cuántos años le costó?
___Toda la vida. Es el primer libro que quise escribir. Aquí intento formular, de la manera más compleja posible, la primera pregunta seria que me hice en mi vida: ¿por qué un chico de las características del protagonista se apunta a defender una causa injusta -que ahora sabemos que era injusta, entonces no era tan fácil saberlo- y muere del lado equivocado de la historia? Y aún formulo una pregunta más seria, que no tiene solución, porque lo peculiar de las novelas es que formulan preguntas complejas y no dan respuestas claras, nítidas, taxativas al menos; dan respuestas siempre ambiguas, contradictorias, esencialmente irónicas. La respuesta es la propia búsqueda de la respuesta. Y la pregunta era: ¿merece la pena jugarse la vida y darla -si llega el caso- por los valores que uno cree, incluso si éstos son injustos -o para nosotros lo son-, como es el caso de este protagonista?

___¿Dónde se almacena el rencor que impide esta superación?
___Ah, el rencor. En las tripas, ¿no? Es mal asunto el rencor, es como el odio, destruye a quien lo siente. Nelson Mandela, que es un héroe de nuestro tiempo, que fue capaz de superar un rencor inconcebible y de conseguir que un país entero lo superara, decía que odiar a alguien es como tomarse un vaso de veneno creyendo que con eso vas a destruir a tu enemigo.

___La RDA, URSS, Chile, Argentina, Cuba, quizá México con el priismo, fueron heredando ese rencor; la gente que vivió una dictadura no puede transferir tan fácilmente lo que significa vivirla...
___Esa es la herencia de violencia con la que todos cargamos. Has mencionado unos cuantos países y eso no es de esos países, es de todos, es decir, los países teóricamente más civilizados, Francia, Italia, tienen esa herencia. En Europa no existen países con un pasado limpio. Todos cargamos con esa herencia y tenemos que manejarla de algún modo. Este libro no habla de España. La literatura convierte lo particular en universal, la pequeña historia de este chico es la de millones. Hay millones de Manuel Mena, que van a la guerra creyendo que van a salvar a su familia, que la guerra es algo que soluciona problemas y que es algo donde los hombres dan lo mejor de sí mismos. El epígrafe de la novela es de Horacio, el gran poeta latino: “es dulce y honorable morir a la guerra”. Los niños van a ella creyendo que es honorable, noble, y lo que se encuentran es el horror.

___Para usted que estudió filología, ¿qué significa una nación ahora, en las condiciones del presente? ¿Es la superación de un pasado común, de un rencor común?
___La definición de Renán es la válida: es un conjunto de gente que cree que aquello es una nación. Es decir, unidos por una serie de vínculos lingüísticos, sociales, históricos... Las naciones existen, el problema no son las naciones, sino el nacionalismo, es decir, convertirlas en un instrumento político.

___Ahí está la herida. La exhumación de los restos de Franco...
___Es que ese pasado de la guerra, de la dictadura, no ha pasado del todo; sin él, el presente está mutilado. Entonces revive una y otra vez, porque no lo hemos asimilado adecuadamente y no nos hemos puesto de acuerdo. Ahora en España se discute si hay que sacar a Franco de un monumento fascista monstruoso, el Valle de los Caídos, que se construyó con el esfuerzo y la sangre de los vencidos. Se puede discutir qué hacer con él; yo no sé qué hacer con un monumento fascista monstruoso. Vaya, historiarlo, como dicen los especialistas, explicar cómo se hizo, quién lo hizo, con la sangre de quién. Creo que Franco ahí no pinta absolutamente nada.

___¿Se siente perdonado consigo mismo con esta novela?
___He entendido a mi familia, lo cual es mucho. Eso es lo que hace la literatura: te permite entender. Creo que entiendo a mi familia, y en ese sentido me he reconciliado con ella.

___¿Falta mucho para perdonar?
___Quizá. Una Guerra Civil tarda generaciones y generaciones en curarse. Afortunadamente vivimos en un régimen que nos permite convivir a todos y podríamos resolver esos problemas, pero no es fácil, me temo.