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CULTURAS

Jaime Avilés, el indisciplinado

Reportero, cronista, narrador, dramaturgo, cronista y actor que colaboró en varias publicaciones y traducido al francés e italiano, Jaime Avilés no se ajustaba al perfil de un reportero, pero su heterodoxia era eficaz, recuerda su amigo Humberto Musacchio.
Rosario Reyes
08 agosto 2017 23:15 Última actualización 09 agosto 2017 5:0
Jaime Avilés

(Cuartoscuro)

AL OLOR DE LA TINTA
•Nació en la Ciudad de México en 1954.
•Reportero, cronista, narrador, dramaturgo, cronista y actor.
•Colaboró en El Financiero, La Jornada, Proceso, unomásuno y Polemón.
•Traducido al francés y al italiano.
Libros
•La rebelión de los maniquíes (1990),
•Marcos y la Insurgencia Zapatista (1994)
•Nosotros estamos muertos (2001)
•AMLO: Vida privada de un hombre público (2012)
Fuentes: Enciclopedia de la Literatura Mexicana
y La Jornada

Era el periodista de la crónica, cuya aguda mirada registró el pulso de un país en la transición de un siglo a otro; de la guerra fría de los años 70 -cuando también fue corresponsal de guerra en Nicaragua-, al levantamiento zapatista.

Fue también periodista cultural, dramaturgo, escritor de cabaret, activista y actor. “No se ajustaba a la idea que tenemos de un reportero, era un tanto indisciplinado, pero indudablemente su heterodoxia resultaba muy eficaz”, dice su colega y amigo Humberto Musacchio.

Jaime Avilés, fallecido ayer a causa del cáncer de pulmón y cerebro, no le simpatizaba a Marco Aurelio Carballo, quien era jefe de información en unomásuno y le encomendaba las órdenes más ingratas, cuenta Musacchio. Una vez, paró la prensa y consiguió un llamado en portada. Tenía que reseñar la suciedad del lago de Chapultepec.

No se ajustaba a la idea que tenemos
de un reportero, era un tanto indisciplinado, pero indudablemente su heterodoxia resultaba muy eficaz


“Se inventó una entrevista con el doctor Donald Drinkwater Nevermilk, de la Universidad de Old Sweter; un profesor que estaba investigando sobre la existencia en Chapultepec de un monstruo semejante al del Lago Ness. ¡Así se la sacaba a veces! La primera plana ya estaba lista, pero Manuel Becerra Acosta, el director del periódico, nos ordenó el cambio para meterlo en portada, lo hacía con frecuencia con las notas de Jaime, que entraban tardísimo, a las 11, 12 de la noche todavía estaba escribiendo”, recuerda Musacchio.

Su último proyecto fue la revista digital Polemón, que fundó en 2015 con dos jóvenes colegas: los jaliscienses Jorge Gómez Naredo y César Huerta.

“Tenía muy claro que el futuro del periodismo estaba en los medios electrónicos”, asegura Gómez Naredo.

“Su trabajo siempre fue firme; era muy combativo, defendía sus convicciones, lo que le costó algunas enemistades, pero no se rendía. En el trato era alegre, completamente nocturno, tenía algo de teatralidad porque era actor; platicar con él era como entrar en una historia”, añade.

El pasado 2 de agosto, Jaime Avilés escribió en Polemón: “Me siento muy disminuido de salud pero muy agigantado por las declaraciones de amor que me han caído encima, cuando suponía haber hecho todo lo posible para no merecerlas. Hoy me veo obligado a saludarlas como una certeza de que hemos hecho las cosas bien y vamos por el camino correcto, quién sabe a dónde pero lejos, muy lejos de este paisaje infernal que no se merecen nuestro país y nuestro pueblo”.

Los últimos temas sobre los escribió en su columna Desfiladero, en la revista digital, fueron políticos. También escribió sobre el caso de Lesvy, el suicidio de Luis González de Alba y los 43 estudiantes desaparecidos en Ayotzinapa.

CRÓNICA DEL ZAPATISMO; SU HUELLA EN 'EL FINANCIERO'
​El cronista publicó en estas páginas su testimonio sobre el levantamiento zapatista en un periodo marcado por la última gran crisis económica de 1994 y 1995.

“Un año muy complicado por el ‘error de diciembre’. Fue enviado a Chiapas para hacer crónica del movimiento desde el punto de vista social; se iba por semanas, a veces enviaba información desde allá, o a su regreso, construía aquí sus historias”, recuerda Víctor Piz, Editor en jefe de este diario.

“Sus textos tenían una visión crítica hacia el gobierno de Salinas de Gortari -el periodo final-, y de Ernesto Zedillo. Era un hombre siempre amable, que no requería formalidades”, agrega Piz.

Avilés también fue crítico con el zapatismo: “Tiene que volverse horizontal. No estaría mal que pusieran en práctica nuevas formas de relación con la sociedad, dejando atrás la vanguardia que tira línea y la gente acata”, dijo en referencia al movimiento surgido el 1 de enero de 1994. Su novela Nosotros estamos muertos (Océano, 2001) tiene su origen en este espidodio.

“La empecé a escribir en El Financiero. Eran los momentos de gran paranoia de febrero de 1995”, dijo el autor en una entrevista con Oscar Enrique Ornelas. “Pensábamos que iba a llegar la Gestapo para llevarnos al Garage Olimpo. Todo fue siempre muy novelesco”.