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Jahir Ocampo y el sueño de Tokio 2020

El clavadista mexicano estuvo cerca de dejar esta disciplina tras sufrir depresión por no clasificar a los Juegos Olímpicos de Beijing 2008; ahora trabaja para colgarse una medalla en Tokio 2020.
Alain Arenas
18 septiembre 2017 23:16 Última actualización 19 septiembre 2017 5:0
Jahir Ocampo

(Especial)

En la familia de Jahir Ocampo no hubo ningún clavadista antes que él. Recuerda que incursionó en la disciplina cuando tenía 5 años luego de que su madre aceptara el consejo de los padres de Julián Sánchez –otro clavadista de la Selección mexicana– para que lo inscribieran en la escuela de natación que se encontraba en la clínica 23 del Instituto Mexicano del Seguro Social, ubicada en la colonia San Juan de Aragón, al norte de la Ciudad de México.

Dice que al principio no le gustaba, pero que paulatinamente se fue enganchando. Todos los días, durante 10 años, su madre lo acompañó en transporte público desde su domicilio –ubicado en Ciudad Azteca, en Ecatepec– hasta la clínica para que pudiera entrenar. Eran dos horas de camino.

“Mi jornada empezaba a las 7 de la mañana. Asistía a la escuela y por las tardes me iba a la alberca. A mi casa llegaba a las 11 de la noche y después hacia mis tareas. Así, todos los días”, platica en entrevista con El Financiero.

Cuando cumplió 15 años, el equipo del entrenador Iván Bautista le ofreció continuar con su preparación en Guadalajara para que mejorara su nivel. Aceptó porque –considera– en aquella época no había entrenadores con la calidad de él en la Zona Metropolitana. Cuando se lo comunicó a sus padres, ellos aceptaron su decisión. Pero le hicieron una advertencia: le dijeron que no lo acompañarían. Fueron tres años en los que vivió alejado de su familia.

“Fue la etapa más difícil de mi vida. No sólo porque era muy joven, sino porque en 2008 decidí faltar a un torneo juvenil y luchar por la clasificación a los Juegos Olímpicos de Beijing”, comenta. “Pero todo se vino abajo al poco tiempo. Me lesioné de la rodilla derecha y quedé fuera para pelear el selectivo y para realizar cualquier actividad física”.

Cayó en una profunda depresión. Pensó en abandonar los clavados y dedicarse al futbol. Desistió porque, otra vez, la lesión incluso le impidió entrenar con el balón. Al final concluyó que se quedaría en la piscina. El tiempo –afirma– fue el mejor remedio para superar aquel mal momento.
Los triunfos tampoco llegaron en el corto plazo.

No calificó a los Juegos Centroamericanos de Mayagüez 2010 y un año más tarde se quedó fuera de los Panamericanos de Guadalajara. Para los Juegos de Londres 2012 tampoco consiguió su pase. El mexiquense dice que no le afectó, porque sabía que era consecuencia de no contar con un buen nivel desde el comienzo del ciclo olímpico.

Ocampo concluyó que debía regresar a la Ciudad de México una vez finalizadas las Magnas Justas en la capital inglesa. Explica que una vez que se reunió con sus padres sintió que su panorama mejoraría. En su disciplina también hubo cambios. Le pidió a la china Ma Jin –quien ya entrenaba a Paola Espinosa– que también lo preparara. Así empezó su relación de trabajo, la cual se mantiene hasta la fecha.

“Fue un cambio radical. Con Bautista estaba acostumbrado a trabajar la fuerza sobre la técnica en los clavados; con Jin es lo contrario. En mi etapa en Guadalajara hice muchos ejercicios en el gimnasio y creció mi masa muscular. En cambio, la entrenadora me forzó a pulir mi técnica, como a juntar los hombros al entrar al agua. Al final la combinación de ambas formas de entrenar me benefició para ser uno de los mejores del país”, señala.

Los diplomas que se le habían negado llegaron en 2013. Ganó bronce –al lado de Rommel Pacheco– en clavados sincronizados desde el trampolín de 3 metros en los Campeonatos Mundiales de Natación realizados en Barcelona. Aunque no pudo participar en los Juegos Centroamericanos de Veracruz 2014, sí lo hizo en los Panamericanos de Toronto 2015, en los que se colgó el oro en la misma prueba –también con Pacheco como pareja– y plata en el trampolín de 3 metros individual.

Su actuación en las justas canadienses lo llevó, por fin, a participar en sus primeros Juegos Olímpicos en Río 2016. No pudo coronar su buen momento, luego de que él y Rommel terminaran en quinto lugar, porque ambos alegaron que las luces del centro Acuático María Lenk los habían deslumbrado y saboteado uno de sus intentos.

“Aún no doy la competencia de mi vida y mucho menos he alcanzado mi límite. Estoy seguro que lo haré en este ciclo olímpico. El objetivo final es ganar una medalla en los Juegos de Tokio 2020. De ganarla le pagaría todas las horas que pasó mi mamá en el transporte sólo para acompañarme y que cumpliera mis sueños. Deseo regresar de Tokio y colgarle la presea a ella”, comparte.