AFTEROFFICE
culturas

Islamofobia alcanza al ámbito cultural europeo   

La islamofobia cobra fuerza en Occidente. El discurso excluyente se ha enquistado también en círculos intelectuales. En febrero, el politólogo italiano Giovanni Sartori afirmó que "el islam es incompatible con nuestra cultura".
Eduardo Bautista
04 mayo 2016 22:2 Última actualización 05 mayo 2016 5:0
La xenofobia derivada del extremismo islámico se anuncia en Europa a través de novelas como Sumisón, de Houellebecq. (Especial)

La xenofobia derivada del extremismo islámico se anuncia en Europa a través de novelas como Sumisón, de Houellebecq. (Especial)

En el conflicto entre Oriente y Occidente, la política y la cultura han tomado rumbos divergentes. Los europeos de cuello blanco se niegan a recibir a la comunidad musulmana a través de las muy cuestionadas deportaciones a Turquía. Pero en el terreno cultural todo ha sido distinto; la sinergia entre ambos mundos es constante, afirma el internacionalista de la UNAM, Moisés Garduño, quien destaca que el desarrollo científico, mercantil y cultural del Viejo Continente se debe, en gran medida, a las aportaciones que hicieron las sociedades islámicas en diferentes periodos de la historia.

“Es importantísimo entender que el islam es también europeo, y que no está peleado con ninguna formación social ni es incompatible con los valores contemporáneos. Lo que pasa es que ése es el discurso que ha utilizado Occidente para legitimar la agresión hacia el mundo musulmán en términos políticos y económicos, pero en realidad la cultura arábigo-islámica es una de las grandes matrices de nuestra civilización”, explica la antropóloga del CIDE, Camila Pastor.

El discurso excluyente se ha enquistado también en círculos intelectuales. En 2001, el novelista francés Michel Houellebecq declaró: “Me digo que el simple hecho de creer en un solo Dios es un comportamiento de cretino, no encuentro otra forma de describirlo. Y la religión más estúpida es, seamos honestos, el islam. La Biblia, por lo menos, es bella, porque los judíos tienen un gran talento literario, y sólo por eso se les perdona mucho”.

En febrero, el politólogo italiano Giovanni Sartori afirmó que “el islam es incompatible con nuestra cultura”, y que “el multiculturalismo no existe, pues en nuestra sociedad tenemos unas normas generales, unos principios”. Y el novelista español Arturo Pérez-Reverte escribió en 2014 que la humanidad había ingresado a una Guerra Santa.

“A eso se le llama islamofobia: decir que el islam es incompatible con Occidente es una postura absurda y antihistórica”, enfatiza Pastor.
La relación entre el islam y las religiones monoteístas europeas, por otra parte, siempre ha sido compleja y poco consistente. El vínculo entre ambos mundos está colmado de conflictos y violencia, pero también de diálogo e interacción. Entender esta correspondencia histórica, dicen los especialistas, es fundamental para evitar un rechazo generalizado a todo aquello que provenga del islam.

El historiador británico Jerry Brotton lo explica mejor en su libro El Bazar del Renacimiento (2003): “Europa surgió en estrecha relación –y no en franca oposición– con las culturas y comunidades que a menudo ha despreciado y calificado de subdesarrolladas e incivilizadas”.

El Renacimiento, abunda Garduño, le debe mucho a las aportaciones culturales y científicas que hizo la cultura arábigo-musulmana entre los siglos XV y XVII. “No se puede afirmar que somos culturas totalmente antagónicas. El islam se puede apreciar en casi cualquier expresión del pensamiento moderno, como el lenguaje, la arquitectura o las ciencias”.

EL MIEDO AL OTRO
La xenofobia amenaza con ser, nuevamente, el huésped incómodo de Europa. La derecha ultraconservadora gana terreno en Austria, Alemania, Francia, Hungría y Finlandia. Según un estudio elaborado por la Fundación Bertelsmann, el 57 por ciento de los alemanes cree que la religión de Mahoma es una amenaza.

En la ficción también se respira el miedo. En su más reciente novela, Sumisión (2015), Houellebecq imagina a Francia gobernada por la Hermandad Musulmana. El símbolo de La Sorbona es una media luna y las mujeres abandonan las faldas y saludan al velo. Pero fue un hecho real el que estremeció a millones de ciudadanos europeos: el día de la publicación de este libro, los yihadistas asesinaron a 12 colaboradores de la revista Charlie Hebdo. La obra se convirtió en una de las más vendidas del año.

El cine francés también ha anticipado escenarios catastróficos, como lo hizo la cinta Made in France, que narra la planeación de un atentado múltiple en París por parte de una célula yihadista. Su estreno debió ser pospuesto en dos ocasiones: la primera, a causa del el ataque a Charlie Hebdo y la segunda, después de las explosiones provocadas por miembros del Estado Islámico en distintos puntos de esa misma ciudad, el pasado 13 de noviembre.

EL PELIGRO DE LA GENERALIZACIÓN
El escritor Alberto Ruy Sánchez hace notar que mucha gente ha caído en el error de ver al ISIS como el representante de toda la cultura islámica, cuando en realidad se trata de un grupo terrorista con intereses económicos, religiosos y políticos muy específicos.

“El veneno es el salafismo, que es la manifestación más radical del islam. Una cultura integrista, militante y pedestre que, a manera de secta fundamentalista, se expande por el mundo gracias al apoyo económico de los reinos petroleros, que a su vez son tolerados por los países occidentales”, dice el autor de Los nombres del aire.

Es por ello que el antropólogo Alfonso Alfaro llama a observar el fenómeno desde una perspectiva más amplia, “y no desde un microscopio”, como lo ha hecho la mayoría. “Oriente y Occidente han vivido periodos de confrontación e interacción. Así se entiende la historia: en ciclos. Lo que hoy prevalece, evidentemente, es la confrontación, pero éste no es un problema que le toque resolver a nuestra generación. Debemos habituarnos a vivir con tensiones”.

La relación entre ambos territorios culturales está a prueba otra vez.