Inocencias entre el librero
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Inocencias entre el librero

27/12/2013
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Mauricio Mejía
 
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La extraña relación que tienen muchos mexicanos con los libros. Dicen, por ejemplo: “Si quieres ser grande, lee”. También: “No hay libro malo; todos enseñan algo”. O: “Perengano es muy inteligente, lee un montón de libros”.
 
La profunda devoción nacional por el libro se traduce en una ausencia de lectura. El libro suele ser un objeto; un adorno para el librero. Hay obras que todos tienen y que pocos leen.
 
Los libros aquí citados -víspera del día de los Inocentes- sirven para quedar bien con las visitas, que a su vez cuando son anfitriones presumen sus tomos enormes de El Quijote y de La Biblia en una sala llena de carpetas y en la que el librero también almacena la televisión y los adornos de los 15 años, de las primeras comuniones y de los bautizos de hace años.
 
Cuando las visitas tienen sueño, abrazan a los anfitriones y se van caminando con rumbo al coche. Ya arriba se dicen entre ellos: “¿Te fijaste qué linda Biblia tienen (o qué bello Quijote)? ¡Debió costarles una fortuna! ¡Claro, por eso no la abren!