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Infinito Messi

La FIFA redunda en el astro que no se agota en ganar diplomas y torneos. ¿Qué nuevo puede decirse sobre el astro infinito? Su enorme capacidad de adaptación. Messi ha logrado enaltecerse sobre una constelación de estrellas del balompié.
Mauricio Mejía
11 enero 2016 19:44 Última actualización 11 enero 2016 20:25
Messi entiende que su principal misión en el césped es el éxito colectivo, con las mulas que tenga para arar la tierra. (Reuters)

Messi entiende que su principal misión en el césped es el éxito colectivo, con las mulas que tenga para arar la tierra. (Reuters)

El Balón de Oro es propiedad de Lionel Messi. Lo obtiene por quinta vez y se convierte en el máximo poseedor del galardón que enaltece al máximo futbolista de un curso. Messi, eterno, hizo ganar al FC Barcelona en cinco torneos durante 2015. Una marca apenas superada por él mismo, cuando el año del imperante guardiolismo, que se hizo de todos los disponibles; seis, en 2009.

¿Qué nuevo puede decirse sobre el astro infinito? Su enorme capacidad de adaptación. Messi ha logrado enaltecerse sobre una constelación de estrellas del balompié. Xavi Hernández, Iniesta e Ibrahimovic, y ahora Suárez y Neymar, todos ellos eventuales merecedores a la heráldica. Messi tiene la gran cualidad de sacar provecho de sus colegas de cuadro. Explota sus talentos y jala agua para su molino. Ahora el MSN (Messi, Suárez, Neymar) se ha vuelto, extrañamente, un potencial de ataque pocas veces visto en la historia del club culé. Constructor del pensamiento de la plantilla, el rosarino se vuelve ora labrador del área chica; ora pasador a las profundidades de las bancas; ora sacrificio y ora hidalgo del área grande.

La contundencia de la votación sucedida hoy indica, claramente, la devoción que el gremio internacional siente por el 10. Entre los obreros del campo, sus desplantes son únicos. A diferencia de Cristiano, empecinado escultor de su personalidad y para quien el equipo es un medio y nunca el fin, Messi entiende que su principal misión en el césped es el éxito colectivo, con las mulas que tenga para arar la tierra. Hay una actitud mesiánica, en efecto, en el caprichoso caudillo: llevar a la aldea completa a la meta prometida.

El apego que el canterano siente por la franela blaugrana es incansable. Algo de credo en su narrativa, sustentada en el relato del mito. El héroe-Messi es único en ese sentido. Asume, entero, la responsabilidad de líder ante el enemigo, pero en el reparto de los tesoros prefiere el papel de uno más. Lo trágico en él es la estética. Messi padeció una lesión que le marginó del papel principal del teatro. Y palideció el Barsa.

El pentagrama que completó hoy el hombre-orquesta atestigua una época mitológica del catalanismo, que terminará, cruelmente, cuando en los tobillos o rodillas del astro se incrusten las siempre innobles flchas del implacable Cronos.