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Importar jugadores, la apuesta para conseguir el título en Champions

De los sobrevivientes en los octavos de final de la temporada 2014-2015, los conjuntos ingleses son los que menos pueden presumir la bandera de origen. El Manchester City, Arsenal y Chelsea tienen más de un 80 por ciento de extranjeros.
Domingo Aguilar Mendiola
23 febrero 2015 22:57 Última actualización 24 febrero 2015 5:0
Las escuadras del Viejo Continente recaen cada vez más en el apoyo de deportistas que no nacieron en los límites de su territorio. (Reuters)

Las escuadras del Viejo Continente recaen cada vez más en el apoyo de deportistas que no nacieron en los límites de su territorio. (Reuters)

La última vez que el Borussia Dortmund y la Juventus se enfrentaron en una Champions League fue en el duelo para decidir al campeón del certamen hace 17 años. En aquel entonces el club germano sólo tenía a tres elementos que habían nacido más allá de las fronteras teutonas, mientras la escuadra de Turín contaba con cinco extranjeros. En la reedición de este choque, 22 jugadores en las listas que presentan ambos equipos tienen un pasaporte ajeno al país donde entrenan.

En la final de 1997, Paolo Montero fue el único latinoamericano sobre el césped del estadio olímpico de Múnich; África no tuvo representación en la partida y Asia todavía ni imaginaba que tres años después el iraní Ali Daei, del Hertha Berlín, se convertiría en el primer jugador del continente en tener actividad en una Champions. Hoy los bianconeri duplican el número de foráneos entre sus filas con respecto a entonces, mientras los de Renania del Norte lo cuadruplicaron.

Jürgen Klopp cuenta con elementos de todos los continentes habitados. Mitchell Langerak levanta la mano por Australia, el japonés Shinji Kagawa por Asia, el colombiano Adrián Vásquez por América, el gabonés Pierre Aubameyang por África, y el resto son jugadores alemanes, así como de otros países europeos.

La Juventus integra a cinco latinoamericanos a su escuadra. Massimiliano Allegri tiene a su disposición a Carlos Tévez (Argentina), Arturo Vidal (Chile), Raúl Pereyra (Argentina), Martín Cáceres (Uruguay) y Rubinho (Brasil). Desde la vez que el Borussia Dortmund se coronó en la máxima competencia de clubes europeos, jugadores sudamericanos sólo se han ausentado a una final del certamen (1999, Manchester United vs. Bayern Munich) y en otra más no hubo un campeón originario de esa parte del orbe (2005, Liverpool vs. Milán).

“En el futbol, como en todo lo demás, nuestros países han perdido el derecho a desarrollarse hacia adentro. No hay más que ver los seleccionados de Argentina, Brasil y Uruguay en este Mundial del 90. Los jugadores se conocen en el avión. Solamente un tercio juega en el propio país; los dos tercios restantes han emigrado y pertenecen casi todos a los equipos europeos” escribió Eduardo Galeano en Futbol a sol y sombra, que se publicó en 1995, y desde entonces auguraba una mayor importación de las instituciones europeas: “los clubes europeos podrían, de aquí a poco, contratar a cuatro, quizá cinco jugadores extranjeros. En ese caso, me pregunto qué será del futbol sudamericano. No nos van a quedar ni los masajistas”.

De los sobrevivientes en los octavos de final de la temporada 2014-2015, los conjuntos ingleses son los que menos pueden presumir la bandera de origen. El Manchester City, Arsenal y Chelsea tienen más de un 80 por ciento de extranjeros. Los blues fueron el último equipo de la Premier League capaz de ganar una Orejona, y lo consiguió con sólo cinco ingleses en la convocatoria para el partido. Hoy apenas tres están considerados por José Mourinho en la lista A, y uno de ellos, Isaiah Brown, no ha jugado ni una vez.

Las escuadras del Viejo Continente recaen cada vez más en el apoyo de deportistas que no nacieron en los límites de su territorio con el objetivo de ganar sin importar el país que supuestamente representan.