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“Ilustrar un libro es como enamorarme”

10 febrero 2014 4:29 Última actualización 25 septiembre 2013 5:2

[Eso sí: siempre hay alguna ilustración que se resiste y hasta parece que se ríe de ti... En este caso, es mejor guardarla en el cajón”, señala Leire Salaberria / Bloomberg]


Juan José Flores Nava
 
¿Qué se necesita para ilustrar un libro? ¿Basta con saber dibujar y pintar? ¿Alcanza sólo con ser un buen diseñador gráfico? Mmm... Parece que no. Para hacerlo bien se necesita de un elemento primordial: amar los libros. Sí-sí, de acuerdo; quizás esto parece una obviedad, pero a Leire Salaberria no le parece así. Y nos explica por qué:
 
“Porque cada vez que empiezo a ilustrar un libro tengo unas ganas enormes de dedicarme a él. Es como enamorarme: está en mi mente de manera continua y con cada ilustración acabada se va creando una relación entre el libro y yo que es difícil de explicar. Al terminarlo es como un hijo: dejo algo mío en él. Sí: crear algo tan hermoso desde una pequeña idea es como hacer magia.”
 
Y Leire hace muchos años que practica esta “magia”. Una magia que si bien no le permitió, como soñaba de niña, convertirse en un pájaro y volar más allá del cielo y encontrar nuevos mundos, si la proveyó de un talento que la orillaba –también desde niña– a dibujaba sin parar.
 
Nacida en 1983 en Andoáin, España, Leire Salaberria fue la encargada de dar una vida distinta al relato que escribió el argentino Eduardo Carrera y que –en México– publica Ediciones El Naranjo: Los invitados de mi hermana. En él, toda una familia parece haber extraviado un tornillo al aceptar celebrarle a la pequeña Keisia Luna una fiesta de cumpleaños a la que ha invitado sólo a... ¡sus amigos invisibles! Pero el hermano mayor estará ahí para demostrar que todos han perdido el juicio, ¡¿o no?!
 
“A la hora de ilustrar un cuento que no es mío –dice en entrevista con El Financiero, desde Europa, Leire Salaberria– intento contar una historia paralela, no me gusta describir simplemente lo que el texto dice, para eso ya están las palabras del autor. Si los ilustradores contásemos la misma historia descrita en el texto, no harían falta las imágenes. Las imágenes tienen que transportarnos al mundo del ilustrador, mostrarnos cosas que el autor no cuenta con palabras, ir más allá. Cuando ilustro una historia propia, el modo de trabajar cambia. Algunas veces todo ocurre casi a la vez; otras, el texto surge después de crear las ilustraciones o al revés. En cuanto me viene la idea de la historia que quiero contar, ya la estoy visualizando en mi cabeza con imágenes. El siguiente paso es crear una maqueta donde empiezo a colocar las ideas y las imágenes. Tengo la total libertad para cambiar todo hasta encontrar la simbiosis perfecta entre texto e imágenes. Es como si el libro se fuera haciendo él solito.”
 
–¿Hay algún límite que no deba cruzar al ilustrar historias de otros?
 
–No no hay límites. Porque es muy importante no tener miedo a la hora de crear. Lo importante es que el autor esté de acuerdo, al fin y al cabo también es su historia. Pero creo que ahora los escritores confían cada vez más en los ilustradores.
 
–¿Cuándo sabe que una ilustración está terminada? Ha dicho que sus dibujos quedan mejores o peores según el amor que le ha puesto a cada uno. ¿Cómo es esto?
 
–La ilustración se acaba cuando ella te dice que pares. No sé cómo ocurre esto, pero como ilustrador lo sabes. Supongo que con el tiempo vas acumulando en la mente experiencias de errores y aciertos, y aunque no seas consciente sabes cuándo parar. Eso sí: siempre hay alguna ilustración que se resiste y hasta parece que se ríe de ti... En este caso, es mejor guardarla en el cajón. También me ha pasado que hay días en los que me despierto con muchas ganas de crear y consigo concentrarme de tal manera que casi parece que estoy meditando. Lo cierto es que cuando las hago con amor quedan mejor porque doy más de mí. Es como cuando haces un bizcocho para alguien que quieres mucho: sabe mejor.
 
–¿Qué tanto se parecen a usted sus ilustraciones?
 
–Ilustrar es elegir. Eliges los colores, la composición, las ropas de los personajes, las expresiones... A la hora de dibujar me guío por mis gustos estéticos, que están relacionados con mi carácter. No puedo hacer cosas oscuras y tristes porque me considero una persona alegre. Se parecen a mí en el humor, en la expresividad, y en ese toque naïf, infantil.
 
–¿Qué tanto y cómo influyó el paisaje húmedo y verde de su natal Andoáin en su trabajo como ilustradora?
 
–No mucho. Dependiendo de la historia cambio mi paleta de colores. Hay una serie de ilustraciones que tengo, como las del álbum Euria ari duenean (Cuando llueve) que tienen esa atmósfera húmeda que mencionas, pero es porque en ese libro se habla de la lluvia, tan habitual en mi tierra. Por ejemplo, el que estoy haciendo ahora es muy colorido porque el texto lo requiere. No me gusta reducir la paleta de colores, ni clasificarme demasiado. Sí que me he dado cuenta de que en casi todas mis ilustraciones, por no decir en todas, el negro está muy presente.
 
–¿Cómo es el mundo de esas canciones tradicionales vascas que le cantaban sus padres cuando era pequeña?
 
–Algunas eran muy tristes. Recuerdo una canción en especial que me daba mucha pena. Habla de un niño pequeño que le pregunta a su madre cuándo volverá su padre, y ella le dice que les espera en el cielo porque ha muerto en la guerra. El niño le responde que cuando se haga grande irá a buscarlo montado en una estrella.
 
–En una charla usted decía que le gustaría ilustrar el cuento de “Caperucita roja” porque haría al lobo menos lobo y a Caperucita más loba. ¿Es por los tiempos que corren?
 
–Supongo que en los tiempos que nos ha tocado vivir hemos escarmentado bastante con muchas caperucitas... Ni los buenos son tan buenos, ni los malos tan malos. Basta con ver a muchos políticos, banqueros... quienes debajo de la capucha roja esconden sus orejitas de lobo.
 
–Usted trabaja mucho con el collage, ¿cómo hacer para que éste, como muchas veces sucede, no luzca como un simple cut and paste gráfico?
 
–El collage me permite una libertad que otras técnicas no me dan. Puedo, por ejemplo, crear un fondo como si fuera un escenario de teatro e ir moviendo dentro a los personajes. Me da la opción del error y de la sorpresa.
 
–¿Qué es lo que un buen libro infantil le ofrece a un niño?
 
–Un libro tiene que conmover de alguna manera al lector. Los libros que más me gustan son aquellos en los que cuando terminas la última pagina y cierras la tapa, te queda una sonrisa en la cara y tienes ganas de abrirlo.