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Ilusionismo, un oficio devaluado y sin mercado

En México, el ilusionismo no ha muerto porque la gente está ávida de sorprenderse. Sin embargo, el gremio asegura que el de engañar al ojo es un arte poco valorado si se compara con la industria que se mueve, por ejemplo, en Las Vegas. 
Domingo Aguilar
27 noviembre 2014 22:14 Última actualización 28 noviembre 2014 5:0
'Ednovi' escapando de una camisa de fuerza después de un salto en bun gee sobre el DF, en 2007. (Cortesía)

'Ednovi' escapando de una camisa de fuerza después de un salto en bun gee sobre el DF, en 2007. (Cortesía)

Conseguir el asombro del público con un truco de magia puede ser un ejercicio muy caro, baste ver las enormes producciones de ilusionistas como las que atraen a miles a Las Vegas, pero en México, el de engañar al ojo es un arte bastante más barato -y poco valorado-, aunque no menos arriesgado.

Además del muro de lo económico, los miembros del gremio de la magia -que incluye también a los escapistas- se topan con la inexistencia de un hábito de consumo regular de este tipo de montajes, en comparación con otras partes del mundo.

“Un aparato para una ilusión puede costar lo que un Mercedes Benz último modelo. Yo platiqué esto con David Copperfield. Le pregunté cuánto le había costado la ilusión de la sierra gigante: 500 mil dólares”, comenta Chen Kai, el mago sobre el espectáculo en que el artista estadounidense reinventaba el viejo truco de la caja serruchada, con una enorme hoja giratoria que aparentaba partirlo en dos.

“Lo que hacen aquí en México es fusilarse dos o tres aparatos de los más fáciles de fabricar”, reconoce Chen Kai, quien al igual que Ednovi -autonombrado El mejor ilusionista de México y El mejor mago de Latinoamérica- explica la estrechez de la disciplina en el país, a que no hay siquiera un público asiduo y menos un recinto para este tipo de puestas en escena.

Copperfield, por ejemplo, ha sostenido largas temporadas en el
MGM Grand Hotel & Casino desde hace 13 años. Hay veces en las que se sube al escenario hasta en tres ocasiones al día la semana entera, por hasta 42 semanas al año. La venta de boletos en esa ciudad, alcanza los 50 millones de dólares cada 12 meses. Las ganancias de su carrera se aproximan a los 4 mil millones de dólares.

En México, lo más que puede llegar a cobrar un profesional ya establecido son 200 mil pesos, y en esta categoría no hay más de 10, calcula el también presidente del Círculo de Magos Mexicanos (que aglutina a 120 miembros). No cualquiera se aventura a vivir de ilusiones.

Pero la comunidad está organizada. A nivel local existen asociaciones que llevan a cabo convenciones en las que se perfeccionan técnicas. Asimismo, la Fédération Internationale des Sociétés Maguiques realiza campeonatos mundiales del oficio, cuya siguiente edición se llevará a cabo en julio de 2015, en Italia.

CUANDO FALLA EL ABRACADABRA

Sí, en este menester siempre hay que ser un experto. Por más cuidado que se tenga o dinero que se invierta, las imperfecciones recuerdan que escapistas y magos no gozan de poderes sobrenaturales.

El legendario Houdini estuvo a punto de morir en un barril de cerveza, al pensar que el escape sería similar a cualquier otro hecho en agua. A mitad del acto, su ayudante, Franz Kukol, rompió el contenedor para rescatar al húngaro.

El mismo Copperfield fue incapaz de burlar los errores: en 2008, el ilusionista se disponía a atravesar un ventilador industrial para luego desaparecer ante la mirada del público. El acto se cayó, pues uno de los asistentes acercó demasiado el brazo a una de las aspas, sufrió múltiples fracturas y el escenario se manchó de sangre.

Ednovi, el ilusionista mexicano, ha sufrido fracturas, quemaduras, esguinces; cicatrices que no tienen nada de ilusorio.

“Hago la tortura del agua, en la que me meten de cabeza en una pecera vertical. Un motor me baja. En una ocasión me entró mucho estrés debajo de la tonelada de agua y se me metió a la boca. Me empecé a desesperar; estaba tapado con grilletes, candados y encerrado adentro de la caja. Todos se asustaron. Si seguía desesperándome me iba a ahogar porque no me podían quitar todo en el tiempo necesario para liberarme. Recuperé la calma y logré que me sacaran. Sentí que la vida se me iba”, recuerda.

La expectativa por el yerro es el ánimo del escéptico, quien se convierte en un arma de doble filo para los que facturan con la credulidad. Por una parte han orillado a los magos a hacer trucos en los que la muerte parece estar invitada, pero al mismo tiempo, dice Ednovi, son los más fáciles de engañar. “A la gente que viene a descubrir el truco le puedes hacer muchas cosas. Se juega con su mente, entonces es muy fácil llevarlos. Es como poner un anzuelo; su lógica se va al suelo porque el truco no fue como lo esperaban y quedan más confundidos que antes”, explica entre risas.

El secreto es la base de un gremio dedicado a encontrar nuevas maneras de conseguir aplausos y bocas abiertas, y quien da a conocer cómo opera lo aparentemente imposible, sólo logra exigir más empeño de los ilusionistas.

A pesar de aquellos que se empeñan en descifrar las fórmulas mágicas, Ednovi sostiene que al mexicano le encanta creer. “Por eso es un buen momento para la magia, porque la gente está ávida de sorprenderse”.

La tecnología actual permite crear ilusiones más elaboradas, pero la sencillez y los trucos de calle a veces son suficientes para lanzar a la mente, por unos instantes, al universo de lo imposible.

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ACTO FALLIDO

En 2004, un asistente de Ednovi sufrió quemaduras de primer grado durante un show de escapismo, frente al Monumento a la Revolución, cuando para dotar al número de mayor impacto, la producción roció gasolina y encendió en llamas el ataúd en el que se hallaba el doble del mago.

Ednovi