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culturas

Iguala o la posibilidad del horror en la vida cotidiana

El escritor mexicano Sergio González Rodríguez, quien acaba de publicar su libro "Los 43 de Iguala", asegura que la reacción de la sociedad ante este hecho se ha quedado en el plano sentimental y se ha analizado poco un fenómeno que se ha ocultado entre los repliegues de la institucionalidad, el espectáculo y la impunidad.
Eduardo Bautista
31 agosto 2015 22:3 Última actualización 01 septiembre 2015 5:0
González Rodríguez es claro al afirmar que el influjo de lo perverso ha devorado la civilización, el orden institucional y el bien común. (Cortesía)

González Rodríguez es claro al afirmar que el influjo de lo perverso ha devorado la civilización, el orden institucional y el bien común. (Cortesía)

México no ha dimensionado bien el significado de la muerte de los 43 normalistas de Ayotzinapa. La reacción de la sociedad se ha quedado en el plano sentimental y se ha analizado poco un fenómeno que, por desgracia, se ha ocultado entre los repliegues de la institucionalidad, el espectáculo y la impunidad. Así lo asegura el escritor mexicano Sergio González Rodríguez, quien acaba de publicar su libro Los 43 de Iguala (Anagrama).

“Creo que han predominado las reacciones anímicas de enojo e indignación, que son muy legítimas, pero no suficientes. Lo que necesitamos es una visión más crítica, distanciada y reflexiva para analizar lo que está sucediendo en México en los últimos 25 años”, señala el autor.

A través de un texto que combina el ensayo y la crónica, González Rodríguez explora la génesis de la violencia mexicana desde el caso de los 43 estudiantes de la Escuela Normal Rural Raúl Isidro Burgos. Dice que escribió este libro porque ya estaba harto de la parsimonia que ha triunfado en el ámbito político y en una buena parte del gremio intelectual, artístico y periodístico.

“Hay muchas formas de contar la violencia. Pero la más importante es la que considera el punto de vista de la víctima. En la alta cultura se ha ofrecido una visión sublimada de la realidad, una idea exquisita del mundo. Tenemos que volver a la lucha por la supervivencia”, dice el cronista, quien en 1999 investigó los feminicidios en Ciudad Juárez.

González Rodríguez es claro al afirmar que el influjo de lo perverso ha devorado la civilización, el orden institucional y el bien común. Sí, admite que el avance tecnológico ha sido positivo para la humanidad, pero también señala que la violencia es producto de sociedades cada vez más desiguales que basan su progreso en la individualización del hombre.

“Creo que el gremio intelectual, particularmente el literario, se dio cuenta muy tarde de la erosión social de México. La reacción general ha sido la del rechazo a la barbarie, aunque cada grupo ha matizado sus opiniones según sus ideologías”, sostiene.

La sociedad mexicana –asevera– se ha acostumbrado al lenguaje de la violencia. Las series televisivas sobre narcotráfico o los noticiarios plagados de asesinatos han generado una especie de “amnesia” en el pueblo.

“Nos cautiva el elemento maligno de la narrativa fílmica, pero no nos sorprende lo que pasa en nuestra vida diaria. Debemos estar conscientes de que la violencia en México ha sido causada por la impunidad, no debemos perder de vista ese elemento político”, indica.

González Rodríguez asegura que la especie humana es consustancialmente violenta. La crueldad, dice, ha sido parte del hombre desde el origen de la civilización. Justo por eso es tan importante hablar de estos temas en países donde las leyes son prácticamente inexistentes. De lo contrario, advierte, México corre el riesgo de esconder lo atroz en la vida cotidiana.