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culturas

Humor entre escombros

Darío Castillejos publica en un nuevo libro un compendio de su mirada crítica y agitadora sobre el poder. En "Impresiones de un mundo desdibujado", el caricaturista hurga en los problemas que han aquejado a México y al resto del mundo en la última década.
Eduardo Bautista
19 julio 2016 22:0 Última actualización 20 julio 2016 16:26
La tarea del caricaturista –dice Castillejos– es hallar esas respuestas. Y la única manera de lograrlo, asegura, es a través de la irreverencia. (Cortesía)

La tarea del caricaturista –dice Castillejos– es hallar esas respuestas. Y la única manera de lograrlo, asegura, es a través de la irreverencia. (Cortesía)

Sus refinados trazos lo delatan como un profesionista del dibujo, de esos que se forman en las academias o las universidades. La versión se confirma cuando se descubren los halagos que recibe de Rius y Rogelio Naranjo, los dos portentos de la caricatura nacional. Pero lo que muy pocos saben sobre este oaxaqueño llamado Darío Castillejos Lazcares es que su especialidad –al menos de profesión– son las leyes. Su primer dibujo no lo hizo en un periódico o una revista, sino en un juzgado. Dibujó al juez y creyó que lo iban a despedir.

Lejos de echarlo a patadas, el juez le pidió que le hiciera algunas caricaturas para sus amigos. A cambio, Darío obtuvo mayores facilidades para concluir su servicio social. Mientras su padre creía que estaba aprendiendo a dictar sentencias, él sólo gastaba hojas y lápices en un pequeño cuarto de ese aparato burocrático que hoy critica sin piedad. Porque él tiene una ley infalible para trabajar: si la caricatura no agita ni provoca, no sirve.

“La caricatura no debe ser una ilustración de la realidad, sino una deformación irónica de lo que nos acontece”, asegura Castillejos, quien presume de dos Premios Nacionales de Periodismo (2012 y 2014) y una extensa trayectoria en medios como El Chamuco, El Imparcial de Oaxaca y la revista Foreign Affairs Latinoamérica.

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Cartón

Se podría decir que sus primeras caricaturas emergieron de la indignación. Cuando estudió la carrera de derecho en la Universidad Autónoma Benito Juárez de Oaxaca (UABJO), nunca imaginó que la corrupción fuera tan real y abrumadora. “Son cosas que no te crees hasta que las vives”, recuerda. Fue hasta que llegó a los juzgados cuando pudo palpar los vicios del sistema judicial mexicano: injusticia, simulación, sobornos, nepotismo, imposición...

“Fue entonces cuando me sentí afectado por la realidad en la que vivían –y viven– millones de mexicanos. La indignación se apoderó de mí, y la única manera que encontré para expulsarla fue el dibujo”, comenta Castillejos, quien acaba de publicar su libro Impresiones de un mundo desdibujado (Almadía), en el que hace lo que mejor sabe: ironizar al mundo.

Sin embargo, es aquí cuando entra en cuestión la pregunta que planteaba Carlos Monsiváis: ¿cómo lograr que la caricatura refleje los miedos, frustraciones e intereses de una sociedad? ¿Cómo resumir la tragedia en una viñeta?

La tarea del caricaturista –dice Castillejos– es hallar esas respuestas. Y la única manera de lograrlo, asegura, es a través de la irreverencia. “No podemos caer en la comodidad de nuestro estudio sin que nada nos afecte. Hay que estar expuestos a la realidad y dibujarla a como dé lugar”.

Tampoco existe un ánimo ideal para trabajar. El trabajo del caricaturista, dice, requiere de un temple inquebrantable: no importa qué tan enojado o triste se esté, siempre hay que ejercer la crítica ante la situación que lo amerite. “Desde luego que podemos tomar partido político, pero yo creo que la crítica se debe ejercer hacia todas direcciones. Yo siempre he sido un crítico del poder”, comenta.

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Donald Trump

En su nuevo libro, Castillejos hurga en los problemas que han aquejado a México y al resto del mundo en la última década: corrupción, democracia fallida, guerra contra el narcotráfico, desigualdad social y terrorismo. Particularmente es implacable al reflejar la herida moral y espiritual que ha dejado el crimen organizado en la sociedad mexicana.

“Lo que acaba de suceder en Francia nos lleva a los caricaturistas a preguntarnos qué función tenemos en la sociedad. No sólo debemos retratar la intolerancia, sino buscar el origen de ésta. El terrorismo es la incongruencia de nuestro tiempo: vivimos más conectados pero nos entendemos menos”, señala.

Para él, la violencia social no es un síntoma exclusivo de Europa o Medio Oriente. En México –advierte– también se han alcanzado niveles de barbarie y extremismo inimaginables.

“La caricatura sólo halla eco en sociedades capaces de criticarse a sí mismas. En México, lo peor que nos puede pasar es acostumbrarnos a los abusos del poder. Recordemos que detrás de la risa también se esconde el sufrimiento”, afirma.

FICHA DEL LIBRO

Título:
Impresiones de un mundo desdibujado
Autor: Darío Castillejos
Editorial: Almadía
Precio: 260 pesos

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Darío Castillejos