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Humor, el arma de un palestino para reflejar el absurdo

"Ave María", el cortometraje irreverente con que Basil Jalil se llevó el Oscar en la pasada entrega. El cineasta palestino advierte que la estupidez humana ronda en el mundo con inquietante andar.
Eduardo Bautista
22 marzo 2016 22:27 Última actualización 23 marzo 2016 5:0
Fue nominado a un Oscar por Ave María, un cortometraje lleno de humor. (Especial)

Fue nominado a un Oscar por Ave María, un cortometraje lleno de humor. (Especial)

Era 13 de noviembre de 2015. Horas antes habían muerto 130 personas en París a manos de los yihadistas. Él estaba en el aeropuerto atorado en los eternos controles de seguridad del aeropuerto de Bruselas. A su alrededor sólo había confusión y paranoia. Sonó su celular.

“¡Estás nominado al Oscar!”, le dijo una voz. No supo cómo ocultar su emoción. Sudaba mucho y temblaba. Tenía miedo de que, por su nombre de origen árabe y su actitud sospechosa, lo confundieran con un terrorista.

En medio de una vorágine de temor e incertidumbre provocada por los atentados de ayer en el mismo aeropuerto belga y en una estación del metro de la capital, el cineasta palestino Basil Jalil advierte que la estupidez humana ronda en el mundo con inquietante andar; amenaza la pluralidad y atenta contra la libertad. “El principal problema de nuestra civilización es la falta de respeto por el otro”, asegura. Pero se abstiene de hacer comentarios sobre el Estado Islámico.

“El hecho de haber nacido en una zona de conflicto como Palestina no me obliga a tomar postura”, sostiene. Su interés real no es la política o la guerra, sino el cine.

Fue nominado a un Oscar por Ave María, un cortometraje lleno de humor que –dice– invita a reconocer al prójimo sin importar su raza, religión o nacionalidad.

“Con mi película quiero cuestionar las reglas morales que hoy rigen a una buena parte de la humanidad. El principal problema de nuestra civilización es la falta de respeto por el otro. Muchos creen que todos debemos ser iguales, pero este mundo sólo será mejor en la medida en que aceptemos su pluralidad”, comenta el director de 34 años nacido en Nazaret.

Ave María, disponible en iTunes, no es una producción convencional. Nunca antes se había hecho una comedia cinematográfica sobre los conflictos religiosos en Tierra Santa. Eso fue lo que más atrajo a los jueces de la Academia, asegura el autor. “Recibí muy buenos comentarios en Los Ángeles. El humor siempre es capaz de mostrarnos lo absurda que es la idea de creer que existen seres humanos mejores que otros”.

En 14 minutos, Jalil narra una serie de desencuentros entre cinco monjas con voto de silencio de un Convento de las Hermanas de la Caridad y una familia de judíos ortodoxos. Todo sucede en Cisjordania, una tierra que ha sido disputada entre Israel y Palestina durante varias décadas.

El equipo de producción tenía sólo dos días para grabar allá y sólo obtuvieron un permiso del ejército israelí para trabajar durante seis horas. Estaban sobre una zona infestada de minas.

Basil nació en una familia cristiana ultra conservadora. Sus padres no lo dejaban ver televisión. Lo más rebelde que podía hacer era ver ocasionalmente algunas películas religiosas de Hollywood como Ben Hur, Lawrence de Arabia o Los Diez Mandamientos. Nunca imaginó que algún día se convertiría en director de cine.

“La gente necesita saber que, independientemente de la religión que practiquen, no todos los palestinos somos malvados o terroristas, como muchos medios de comunicación lo han hecho ver”, sostiene el cineasta, quien ya realiza su próxima cinta. Firmas líderes de la industria automotriz , tanto de capital estadounidense como japonés, ofrecen los casos más emblemáticos