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Hugo Gutiérrez Vega, distinguido por la UDG

En febrero, Hugo Gutiérrez Vega cumplió 80 años, tres meses después recibió un homenaje en el Palacio de Bellas Artes, y la tarde de ayer, la Universidad de Guadalajara (UdeG) le otorgó el grado Doctor Honoris Causa al poeta de los pies de viento.
Gabriela Chávez y Agencias
01 diciembre 2014 23:59 Última actualización 02 diciembre 2014 5:0
Pasaron casi 40 años para que la UdeG le rindiera el máximo galardón que se puede otorgar en una casa de estudios. (Francisco Rodríguez/El Informador)

Pasaron casi 40 años para que la UdeG le rindiera el máximo galardón que se puede otorgar en una casa de estudios. (Francisco Rodríguez/El Informador)

GUADALAJARA.- Este año ha sido momento de recoger los aplausos. De parar un poco en su ajetreada vida para saborear los caminos andados. En febrero, Hugo Gutiérrez Vega cumplió 80 años, tres meses después recibió un homenaje en el Palacio de Bellas Artes, y la tarde de ayer, la Universidad de Guadalajara (UdeG) le otorgó el grado Doctor Honoris Causa al poeta de los pies de viento.

“Nunca abandoné del todo a mi alma máter”, ha dicho el abogado de profesión, pero que igual se le puede decir escritor, poeta, diplomático, funcionario y profesor. Aun a su avanzada edad, es un miembro activo de su comunidad universitaria. Por eso le duele la actualidad; recuerda a los que no están. No ha dejado de pensar que la poesía tiene un carácter civilizatorio que la haga necesaria, que ayude al hombre a salvarse del hombre mismo.

El homenajeado aprovechó su voz para reclamar lo que se ha reclamado en este país en la mayoría de los foros con presencia de intelectuales: justicia por los desaparecidos. “(El doctorado) es una hermosa forma de recuperar algunos momentos esenciales de la juventud, pero en tiempos en que vivimos, los actos académicos y las reuniones estudiantiles tienen un aspecto doloroso y desasosegado, a esta reunión le faltan tres estudiantes de la Universidad de Guadalajara y 43 de la Normal de Ayotzinapa. Resulta difícil hacer el recuento de los miedos que recorren las calles y montañas. Se vive una extrema degradación de lo humano”.

Gutiérrez Vega es el mismo ser que ya escribía en 1968 sobre las represiones estudiantiles: “Apunto estas cosas una tarde de 1968, el año en que los ángeles terribles dejaron sus alas en las bodegas del cielo”.

La misma persona que tuvo que tener distancia con los gobiernos de derecha, buscar un refugio en Grecia, Madrid, Londres y la Ciudad de México. Pero que siempre volvió. Ayer lo hizo al mismo edificio donde estudió la carrera en leyes, y cuyo peor improperio era llamarse “licenciados” entre sus compañeros de clase.

Pasaron casi 40 años para que la UdeG le rindiera el máximo galardón que se puede otorgar en una casa de estudios. En 1977, su segundo libro, Cuando el placer termine, le valió el Premio Nacional de Poesía.

En la entrega del galardón, el rector general de la casa de estudios, Tonatiuh Bravo Padilla, hizo un recuento de la personalidad del poeta. “Hugo Gutiérrez Vega se convierte de un viajero de la tierra, a un viajero en el tiempo. En él encontramos la dualidad del poeta emblemáticamente sedentario e insistentemente viajero, que dejó sus huellas en las calles del mundo, pero que en el fondo nunca salió de la casa del pueblo, donde vivió sus años de infancia y al que regresó numerosas veces”.