AFTEROFFICE
buena vida

Hospedaje de escándalo

El Hotel Watergate, un emblemático espacio en Estados Unidos, te espera para alojarte con todos los lujos. Volvió a abrir sus puertas esta semana como un hotel de lujo con 336 habitaciones y dos suites presidenciales.
Bloomberg
15 junio 2016 21:45 Última actualización 16 junio 2016 5:0
El Hotel Watergate siempre ha sido uno de los líderes del sector, tanto desde sus inicios como literalmente. (Bloomberg)

El Hotel Watergate siempre ha sido uno de los líderes del sector, tanto desde sus inicios como literalmente. (Bloomberg)

Tras una renovación de nueve años y una inversión de 125 millones de dólares de Euro Capital Properties, el Watergate volvió a abrir sus puertas esta semana como un hotel de lujo con 336 habitaciones y dos suites presidenciales. Donald Trump y Hillary Clinton podrían instalarse allí, sin espías, si fueran lo suficientemente audaces.

En su nueva encarnación, el inmueble está tratando de recuperar el brillo y el glamur que tenía antes de la era de Nixon –cuando Stevie Wonder podía tocar sus temas en el piano del vestíbulo y Andy Warhol daba fiestas en su residencia privada–. Entre los lujosos detalles se pueden apreciar baños recubiertos con un mármol tipo cebruno, un salón climatizado en la azotea con vista al río y un spa Argentta de mil 115 metros cuadrados. Las tarifas actuales son de 359 dólares por una habitación estándar doble, 800 por suites de un dormitorio y hasta 12 mil por uno de los penthouses presidenciales.

Si nada de esto le recuerda particularmente el año 1970, eso es intencional. Un portavoz dijo a Bloomberg que el hotel está tratando de “regresar a sus glamurosos tiempos de gloria, antes del escándalo” y que con suerte preservó una escalera original y una piscina de agua salada de poco más de 13 metros de longitud. Algunas excepciones un tanto atrevidas que se pueden encontrar son las tarjetas de acceso con la frase “No hay necesidad de forzar la entrada” y bolígrafos que dicen “Robé esto del Hotel Watergate”.

LARGA HISTORIA
El Hotel Watergate siempre ha sido uno de los líderes del sector, tanto desde sus inicios como literalmente.

Retrocedamos en la historia, a las décadas de 1840 y 1850 (y no presione el botón de borrado). Foggy Bottom, el barrio ubicado al noroeste de Washington D.C. cerca de la costa del río Potomac, era la capital de las industrias y un enclave de inmigrantes, sus cielos estaban llenos de humo durante el día y de noche eran iluminados por las lámparas de aceite. Ahí, en el sitio del futuro complejo, surgió la Washington Gas Works, que suministraba una fuente de energía segura, confiable y libre de combustión a un área que abarca desde el National Mall hasta las afueras de la ciudad.

No obstante, desde entonces, la particular zona de Foggy Bottom ha tenido una historia accidentada. El sitio ya había estado envuelto en polémicas incluso antes de que el Watergate fuera concebido. La racha de mala suerte no tuvo un mayor respiro entre el inicio del proyecto y la época del informante Garganta Profunda, las grabaciones de las conversaciones conocidas como “pistolas humeantes” y la declaración de Nixon en la que decía “Yo no soy un ladrón”. Tal vez todo eso termine ahora.