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Historias subatómicas

En "El universo en un puñado de átomos", Carlos Chimal hace un relato literario del mundo de las partículas cuánticas. Para el autor, un acelerador de partículas y un poema son, en esencia, lo mismo: ambos buscan sintetizar el conocimiento humano.
Eduardo Bautista
09 agosto 2016 22:52 Última actualización 10 agosto 2016 5:0
"En este libro cuento el maravilloso mundo de las partículas subatómicas", dice Carlos Chimal. (Braulio Tenorio)

"En este libro cuento el maravilloso mundo de las partículas subatómicas", dice Carlos Chimal. (Braulio Tenorio)

Para Carlos Chimal, un acelerador de partículas y un poema son, en esencia, lo mismo: ambos buscan sintetizar el conocimiento humano. Aunque con diferentes lenguajes, la ciencia y el arte, dice, son el resultado de la imaginación creativa. La misma que llevó a Isaac Newton a formular la ley de gravitación universal y a James Joyce a escribir su Ulises.

Chimal es uno de esos hombres que no creen en las verdades absolutas. Químico de profesión y escritor de oficio, desconfía de los totalitarismos del conocimiento. Hace unas semanas publicó El universo en un puñado de átomos (Tusquets), un libro en el que aborda algunos de los enigmas más grandes de la civilización, como el origen del Universo.

"Sí vamos a descubrir a los extraterrestres, pero nunca los vamos a encontrar", sostiene. ¿Por qué? Porque cuando se observa el espacio, lo que en realidad se mira es el pasado. Y en ese delay, advierte, se pueden escapar más cosas –o vidas– de las que se imaginan.

El día en el que el hombre descubra otras posibilidades de vida, afirma, las religiones serán las primeras en sufrir. "No tendrán cómo justificar sus alucinaciones", dice quien ha mantenido contacto con los grandes científicos del mundo, como Stephen Hawking y Roald Hoffmann, de quien aprendió que un poema no es menos importante que la teoría cuántica.

"Para mí es igual de valioso el E=mc² de Albert Einstein que cualquier relato de Augusto Monterroso. Al final de eso se tratan la ciencia y el arte: de buscar explicaciones sencillas a grandes fenómenos, de economizar el lenguaje", asegura el escritor.

"La ciencia y el arte representan nuestra salvación como especie. Nos dan certidumbre en un mundo de caos. Los artistas y los científicos quieren lo mismo: contarnos una buena historia", afirma Chimal, quien se ha visto envuelto en la polémica por decir que la ciencia ficción es "una tomadura de pelo" para escritores sin imaginación. Según él, la humanidad aún está lejos de esas grandes producciones de Hollywood como La guerra de las galaxias. "Somos bastante onanistas", asegura.

Quizás el mayor misterio de la raza humana, dice, radique en por qué los seres humanos son materia luminosa, cuando el resto, el 96 por ciento, es materia oscura. Y eso es justamente uno de los temas que aborda en El universo en un puñado de átomos, que logró escribir luego de seguir, durante más de dos décadas, a los grandes cazadores cuánticos del mundo, como el astrónomo británico Martin Rees y el biólogo francés François Jacob, a quienes visitó en sus lugares de trabajo, donde los aceleradores de partículas no son cosa de ciencia ficción.

"En este libro cuento el maravilloso mundo de las partículas subatómicas. Me interesa mucho la concepción estética de la ciencia. Y eso es justamente lo que pretendo: ofrecer explicaciones simples y elegantes a las grandes interrogantes de la humanidad", agrega.

CIENCIA DEPORTIVA
Ahora que han comenzado los Juegos Olímpicos en Río de Janeiro, Chimal aprovecha para tejer otro puente entre la ciencia y las artes a través del deporte. El hombre, asegura, ha dado un salto cuántico en el movimiento humano, aunque hay disciplinas como el atletismo en las que se han logrado recortar apenas unos cuantos segundos en menos de 100 años.

"La natación es un deporte sumamente artístico que exige resistencia. Para mí, nadar es como tratar de dominar esa frase que no me sale", comparte el autor, quien a sus 62 años recorre dos kilómetros diarios en la piscina. Él es uno de esos escritores que observa con agudeza casi intelectual deportes despreciados por la alta cultura, como el futbol, al que observa como un juego de movimientos incluso más interesantes que el ajedrez.

"El futbol es un deporte de posibilidades infinitas", dice el nadador, ex jugador de futbol americano, químico, escritor, divulgador de la ciencia y viajero empedernido.