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Hay pocas opciones de humor en la TV

10 febrero 2014 4:8 Última actualización 07 octubre 2013 5:2

[Eugenio Derbez, director de la cinta No se aceptan devoluciones, dice que en México se vive un momento complejo para la comedia / Fotograma/ Cortesía] 


 
Sergio Raúl López
  
Pareciera que el par de exitosos taquillazos recientes del cine nacional comparten una misma genealogía, y que el logro comercial los emparenta al grado de que aparecen mencionados casi como hermanos siameses. Primero ocurrió con Nosotros los Nobles (2013), de Gaz Alazraki.
 
Estrenada el 28 de marzo pasado, consiguió la mayor cosecha de espectadores de la era de los multicinemas –modelo exhibidor vigente desde la firma del TLC en 1994–, al superar los 7 millones 200 mil boletos vendidos, cantidad formidable teniendo en cuenta que los 67 filmes mexicanos que llegaron a salas durante 2012 lograron recaudar, entre todos, un total de 10 millones 674 mil asistentes.
 
A esta cinta –una sátira que critica a los millonarios mexicanos haciéndoles sufrir la vida de las clases populares–, hay que añadir un segundo éxito en la cartelera comercial mexicana: No se aceptan devoluciones (2013), que marca el debut como director cinematográfico de Eugenio Derbez –quien no sólo escribió el guión junto con Guillermo Ríos y Leticia López Margalli, sino que protagonizó y editó la película. A dos semanas de su estreno (el pasado 20 de septiembre), No se aceptan devoluciones ya superó los 10 millones 270 mil espectadores (según cifras de Canacine), gracias a que, siguiendo el modelo de los grandes blockbusters hollywoodenses, fue lanzada con mil 538 copias; es decir, ocupa una de cada cuatro pantallas en México –de un total de 5 mil 303–, con distribución de Videocine, empresa fílmica filial de Televisa.
 
En Estados Unidos, distribuida por Lionsgate y bajo el título de Instructions Not Included, ha recaudado 41 millones 266 mil dólares, lo que la vuelve la cinta hablada en español más taquillera en ese país (según la página electrónica Box Office Mojo).
 
Estas cifras son un fenómeno inusitado dentro de la cada vez más abundante producción nacional, sobre todo porque ambas películas tienen un carácter y bromas muy locales, aunque no ocultan sus fuentes: la actualización y vulgarización, en el caso de Nosotros los Nobles, de El gran Calavera (México, 1949), de Luis Buñuel; y la interpretación derbeciana del clásico italiano del melodrama lacrimógeno y chantajista La vida es bella (Italia, 1997), estelarizada y dirigida por el clown Roberto Benigni.
 
Si bien en la historia del gigoló acapulqueño Valerio (Derbez) –que llevará a la conmoción lacrimosa al espectador con un truculento giro de tuerca final–, el nivel artístico se ve superado por el comercial, resultó curioso que, pese a la apabullante campaña mediática de la cinta –promovida en todos los programas de Televisa y hasta en los recibos de Telmex, una de las compañías productoras–, los miembros de la Academia Mexicana de Artes y Ciencias Cinematográficas hayan optado por Heli (México, 2013), de Amat Escalante, para representar a nuestro país en los premios Oscar.
 
–Podría estarme aquí una hora diciéndote lo que opino de esto, sin embargo tengo la cabeza y el corazón tan calientes ahora que no debo decir nada –advierte, de entrada, Derbez–. Felicito a los directores que fueron elegidos, no puedo ser juez y parte. Pero habría que poner en la balanza si, como país, estamos contentos con la Academia que tenemos, porque resulta que todos esos millones de mexicanos que eligen con su boleto una película no están representados, no tienen voz ni voto, solamente lo deciden 40 personas. Luego que vi La vida es bella, quise hacer esta película, prácticamente tiene los mismos elementos: una comedia con toque dramático y la relación padre e hijo. No digo que sea igual, pero puede representar a nuestro país en el Oscar (no digo Cannes ni el Goya). Simplemente se pensó mucho para ese mercado; tanto, que está haciendo esos números en Estados Unidos. Es todo lo que tengo que opinar. Me parece excluyente ser rechazado por venir de la televisión.
 
–¿El éxito de Nosotros los Nobles y No se aceptan devoluciones confirma que somos un público educado en el humor y en el melodrama?
 
–Es que el mexicano es así. Creo que la oferta se limitaba a una sola cosa, éramos el mismo tipo de cine: si no soy oscuro, deprimente, crudo y shockeante, entonces no soy un cineasta serio. Si hago comedia o melodrama van a decir que soy un cualquiera y que mejor me dedique a hacer televisión. No estoy juzgando, son muy buenas películas, simplemente digo que se abusó de un género y que cuando llega una cinta como Nosotros los Nobles, que no pretende más que divertir a la gente, se vuelve un trancazo de taquilla. Yo lo detecté desde hace 12 años cuando empecé a escribir el guión de No se aceptan devoluciones, porque cada vez que iba al cine, al encenderse las luces la gente me preguntaba por qué ya no hacen películas como las de Joaquín Pardavé o comedias como las de Mauricio Garcés. La gente quiere ir al cine a divertirse, a pasársela bien, y no nada más a sufrir. Entonces hacía falta una oferta diferente y es el caso de Nosotros los Nobles o de No se aceptan devoluciones, que, insisto, no son mejores ni peores, simplemente son opciones distintas. Y eso la gente lo necesitaba.
 
–Por cierto, ambas son dirigidas por hijos de publicistas.
 
–No había visto ese punto, pero efectivamente mi papá era publicista y el papá de Gaz [Alazraki] también.
 
–El humor televisivo en México es hijo de los grandes comediantes que surgieron de las carpas, se fueron al teatro, al cine y luego llegaron a la televisión. Sin embargo, encuentro una cierta degradación de los motivos de la risa en las emisiones actuales.
 
–Yo creo que ahora hay una falta de humoristas fuertes en México. Siento que es grave porque hay muy pocos programas de televisión. Las dos grandes televisoras hacían comedia, pero en este momento TV Azteca ya no tiene ninguna emisión de este tipo, y Televisa no tiene una barra de comedia, tiene uno que otro programa que hay que estar cazando, cachando, a ver dónde lo agarras. Y eso es muy triste. Al no haber espacios de comedia tampoco se está generando talento, ni de escritores ni de comediantes. Se ha vuelto un círculo vicioso en el que la comedia se ha estancado. Al buscar escritores creativos no aparecen, pues resulta que están haciendo publicidad porque ahí les pagan mejor. Hay algo muy atorado y muy torcido que está provocando que no haya buena comedia en México. Estamos en un momento complejo para la comedia.
 
–Quizás esa sea la razón del éxito de este par de películas: se convierten en válvulas de escape.
 
–Sí, porque no hay mucha opción de humor en televisión y de pronto aparece una película que te ofrece reír con algo de tu país, con algo que te identifica. Entonces, el público corre y atasca la taquilla.