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Hallazgos arqueológicos que hicieron historia

Medios internacionales voltearon su mirada a México por un descubrimiento arqueológico: en Quintana Roo se descubrió al esqueleto más antiguo de América. Más de 12 mil años tenían los restos de "Naia", descubiertos en mayo pasado en el cenote de Hoyo Negro, muy cerca de Tulum.
Eduardo Bautista
05 enero 2015 22:27 Última actualización 06 enero 2015 5:0
“El eslabón perdido en la historia del hombre americano”, así lo llamaron. (Cortesía)

“El eslabón perdido en la historia del hombre americano”, así lo llamaron.

Pocas veces tantos medios internacionales voltean su mirada a México por un descubrimiento arqueológico. Y es que descubrir al esqueleto más antiguo de América no es cualquier cosa. Más de 12 mil años tenían los restos de Naia, descubiertos en mayo pasado en el cenote de Hoyo Negro, muy cerca de Tulum.

El arqueólogo griego Spyridon Marinatos solía decir que “excavar es abrir un libro escrito en el lenguaje que los siglos han hablado dentro de la tierra”. Justamente fue una cueva subacuática del estado de Quintana Roo la que habló para contar la historia: una chica de unos 15 años de edad se internó en una caverna en busca de agua, cuando la irregularidad del suelo provocó que tropezara y cayera hasta el fondo.

Murió ahogada, pero su cuerpo fue bien conservado por el ecosistema, al grado de que los arqueólogos del Proyecto Espeleológico Tulum (PET) concluyeron que se trataba del esqueleto más completo y genéticamente intacto que se ha encontrado en el continente. “El eslabón perdido en la historia del hombre americano”, así lo llamaron.

El hallazgo de Naia –nombrada así en honor a la ninfa Náyade, Guardiana de las aguas dulces, de la cultura griega– reveló que el hombre americano tiene su origen en el grupo que cruzó por el estrecho de Bering. Es decir, que Darwin tenía razón con su evolución de las especies: los nativos del continente adquirieron rasgos físicos propios sólo como una forma de microevolución para adaptarse a las condiciones de su nueva tierra.

La revista Science fue la primera en dar a conocer la noticia. Inmediatamente, National Geographic tituló así el gran acontecimiento: “Naia ayuda a resolver el misterio de los primeros americanos”. Arqueólogos de todo el mundo siempre se habían preguntado: ¿Por qué los nativos americanos no se parecen más a sus ancestros, que llegaron a América en el Pleistoceno, durante la última edad de hielo que finalizó hace 12 mil años? Naia –cuyos restos tienen características craneofaciales de antiguos paleoamericanos y ADN mitocondrial de los nativos americanos actuales– comprobó algo que desde febrero habían anunciado especialistas de la Universidad de Pensilvania: algunos grupos étnicos siberianos poseen una particular mutación genética que también se da en los nativos norteamericanos actuales.

¿Está en Rusia el origen de los nativos americanos? Naia revela que sí. O bien, como dijo el antropólogo James Chatters: “Lo que esto sugiere es que las diferencias entre los dos hombres (americano y siberiano) son resultado de la evolución in situ, en lugar de migraciones separadas de distintos orígenes del Viejo Mundo”.

La ofrenda del inframundo
Sin embargo, 2014 también fue un año clave para entender la historia de las civilizaciones prehispánicas. Sin duda, fue el hallazgo del Inframundo de Teotihuacán el más sorprendente de todos. Se trató de un trabajo exploratorio en la zona arqueológica teotihuacana, donde un equipo de arqueólogos encontró alrededor de 50 mil objetos, piedras preciosas y figuras talladas en madera, ocultos en el interior de un túnel que se extiende a lo largo de más de 100 metros, justo debajo del Templo de la Serpiente Emplumada, y al que ningún humano habría accedido en los últimos mil 800 años.

Tras varios años de trabajo, los investigadores del INAH descubrieron que las paredes y el techo se encontraban salpicados de minerales y piedras preciosas, con los que, según especulan los expertos, los teotihuacanos buscaron recrear el inframundo. Para los historiadores de las civilizaciones prehispánicas, este hallazgo fue un verdadero manjar.

El arqueólogo mexicano Sergio Gómez –líder del proyecto– informó que se seguirá trabajando un año más para descubrir lo que, se cree, son los recintos mortuorios de diversos gobernantes. Algo que esclarecería muchísimas dudas en torno a la estructura de poder de esta civilización; por ejemplo, si los reyes heredaban o no el poder a sus descendientes. “Los restos deben pertenecer a alguien muy importante”, aseguró Gómez.

Hasta el día de hoy, en Teotihuacán nunca se han encontrado restos de algún gobernante, por lo cual un hallazgo de ese tipo sería mayúsculo. Así fue como se despidió 2014, con un par de hitos arqueológicos que, sin duda, abrirán nuevas rutas de conocimiento.
50 mil.