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Habanos: hecho en Cuba

"En Cuba tienen los mejores puros del mundo, la mejor calidad que se puede percibir", dice Bernardo Andrés, director comercial de la transnacional Importadora y Exportadora de Puros y Tabacos, que organiza este 4 de marzo la tercera edición del evento anual Habanos Day, el cual se realiza en varios países.
Rosario Reyes
01 marzo 2015 21:6 Última actualización 02 marzo 2015 5:0
Los Habanos celebran grandes momentos y mantienen una tradición de más de cinco siglos. (Cortesía)

Los Habanos celebran grandes momentos y mantienen una tradición de más de cinco siglos. (Cortesía)

Todos los Habanos son cubanos, pero no todos los puros hechos en Cuba son Habanos. La Denominación de Origen (DO) garantiza su calidad, su fabricación con técnicas ancestrales y un cuidado especial en todo el proceso. Se necesitan hasta seis tipos de hojas de tabaco para confeccionarlo, cada uno cultivado y preparado para ese fin.

Más de 500 procesos manuales, incluyendo los agrícolas y de fábrica, se realizan entre la siembra de la semilla y la puesta en caja. Por eso, fumar un Habano es un lujo.

“Además de ser uno de los ingresos más importantes de la isla, también representa la identidad. En Cuba tienen los mejores puros del mundo, la mejor calidad que se puede percibir”, dice Bernardo Andrés, director comercial de la transnacional Importadora y Exportadora de Puros y Tabacos, que organiza este 4 de marzo la tercera edición del evento anual Habanos Day, el cual se realiza en varios países. La sede es la Embajada de Cuba en México y solamente se accede por invitación.

Existen 27 marcas que ofrecen más de 250 Habanos. México acepta desde 2008 la DO. Para que se considere Habano la materia prima tiene que ser de Cuba, estar hecho en la isla por manos cubanas y pasar por el Consejo Regulador del Tabaco que garantiza la ligada (receta).

Los accesorios, dice el experto, son esenciales para el fumador. Y así como es cuidadosa su producción, lo es el ritual de encender un Habano. Su conservación ideal es a una temperatura entre 16 y 18 grados, con una humedad relativa entre 65 y 70 por ciento. Si el espacio lo permite, puede instalar un cuarto humidor en casa. También se venden humidores herméticos, que son cajas de cedro que en su base tienen una esponja húmeda y cada charola tiene orificios que dejan pasar la humedad.

Para fumarlo, requiere un corte perfecto. Los accesorios que se utilizan son los cortadores, fabricados en diferentes materiales, texturas y tonalidades, dotados de navajas de gran filo. La variedad de cortadores es amplia, existe un modelo que se puede manipular con una sola mano y también otros que permiten cortes rectos o transversales.

Si no utiliza cortador, el ponchador, como su nombre lo indica, hace un pequeño hoyo que permite que salga el humo. También la variedad de materiales y colores es amplia.

Lo encendedores son de por sí un accesorio versátil y los existentes para Habanos tienen sutilezas como una piedra que permite la combustión uniforme. “El encendedor no debe aportar ningún olor, por lo que se recomienda que sean electrónicos. Lo que está prohibido es el de gasolina”, señala el experto.

Y, desde luego, el cenicero, que debe de ser de un tamaño adecuado para que los fumadores puedan dejarlos reposar sin que se toquen entre sí. “Al ser un producto orgánico, lo dejas encendido en el cenicero, y se apaga, no se va a consumir como el cigarro. Tampoco hay que dejarlo mucho tiempo porque se seca, pero lo puedes traer toda la tarde, lo que se llama cachondearlo”.

Para llevarlos consigo, utilice una purera, cuya característica es que, dependiendo del tamaño de los puros, se hace más larga o más corta.
“El tamaño de los Habanos es de alrededor de 10 hasta 25 centímetros, con grosor variable, cuya medida es cepo. Entre más grande sea el cepo, mayor es la bocanada; depende del gusto del fumador. Habrá a quien no le guste tener tanto humo en la boca, que no necesariamente quiere decir mayor intensidad. Ahora a los fumadores nos gusta tener mayor cantidad de humo en boca; hace unos 10 años eran más delgaditos y te duraban tres horas, pero ya no hay tanto tiempo”, afirma Bernardo Andrés.

Lo que sí se conserva es el ritual, cada vez más cuidado y lujoso, alrededor de los Habanos, que celebran grandes momentos y mantienen una tradición de más de cinco siglos.