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fiesta brava

Gutiérrez y Barba demuestran su madurez

Alfredo Gutiérrez y Fabián Barba tuvieron la inteligencia, el oficio y el sitio, para estar por encima de las condiciones de los toros de La Punta, y si no triunfaron se debió a su falta de rotundidad y finura con la espada, pues a decir verdad los dos merecían haber cortado sendas orejas a los toros corridos en cuarto y sexto lugares, respectivamente.
Juan Antonio de Labra
21 diciembre 2014 22:47 Última actualización 21 diciembre 2014 22:50
Gutiérrez anduvo despejado de ideas en todo momento. Al primer toro del festejo le hizo una faena estructurada, sobria y torera. (Eladio Ortiz)

Gutiérrez anduvo despejado de ideas en todo momento. Al primer toro del festejo le hizo una faena estructurada, sobria y torera. (Eladio Ortiz)

Siempre resulta muy interesante ver a los toreros maduros resolver la papeleta, como fue el caso de Alfredo Gutiérrez y Fabián Barba, que esta tarde en La México demostraron que están hechos para afrontar cualquier adversidad.

Ambos tuvieron la inteligencia, el oficio y el sitio, para estar por encima de las condiciones de los toros de La Punta, y si no triunfaron se debió a su falta de rotundidad y finura con la espada, pues a decir verdad los dos merecían haber cortado sendas orejas a los toros corridos en cuarto y sexto lugares, respectivamente.

Así que el festejo discurrió entre el determinado afán de superación de los toreros mexicanos, que estuvieron muy entonados y dieron brillo a una tarde sin trascendencia debido a la falta de bravura de los toros de una ganadería que conserva un nombre histórico, pero que en su hato ya no existe ninguna vaca pura procedente de aquella sangre de encaste Parladé que fue la esencia de esta casa ganadera mientras perteneció a la familia Madrazo.

Gutiérrez anduvo despejado de ideas en todo momento. Al primer toro del festejo le hizo una faena estructurada, sobria y torera, mientras que con el cuarto, que fue el ejemplar con más posibilidades de lucimiento, toreó sabrosamente con la mano derecha.

Aquella estampa antigua de Alfredo con la montera calada, lo que está permitido pero no es frecuente de ver, tuvo un dejo de nostalgia por ese toreo de lidiadores de otra época, con el dinamismo de un trasteo sólido, convincente –por su colocación y temple– que entusiasmó el tendido.

La mayor virtud de la faena de Gutiérrez fue esperar mucho al de La Punta, que embestía despacio, y de esa manera le sacó provecho con mucha seguridad en todo lo que hizo, gustándose y sintiendo esa grata conexión con la gente.

Una estocada tendenciosa, por perpendicular y un tanto atravesada, impidió redondear una solvente actuación. Si el criterio de los jueces, a partir de ahora y tras varias pifias en la campaña, será el que empleó Gilberto Ruiz Torres, ello le devuelve su categoría a la plaza al no haber concedido una oreja pedida sin demasiada insistencia y, sobre todo, luego de una estocada eficaz pero defectuosa.

Al margen de este hecho, se echó en falta que Alfredo diera la vuelta al ruedo que se había ganado con creces, quedando todo en saludar una ovación en el tercio que tuvo sabor de premio, luego de cumplir con una actuación digna de ser tomada en cuenta.

De la misma manera afrontó Fabián Barba el compromiso en el coso de Insurgentes. Su desempeño con el capote tuvo miga, pues ejecutó dos quites muy toreros, uno combinado y otro por gaoneras, en los que mostró sus credenciales de un matador enterado, con ambición y ganas de no estancarse.

Porfió el de Aguascalientes con empeño ante el tercero, que apuntó cosas cosas interesantes de salida y terminó desfondado. Y ese atisbo de faena sí cobró fuerza con el sexto, que fue distraído y salía suelto de la muleta. No obstante, Barba le planteó una faena de entrega que comenzó con dos espectaculares pases cambiados por la espalda.

Más adelante trató de sujetar al de La Punta para obligarlo a embestir y ya cuando éste se sintió podido, terminó rajándose y echando por tierra las magníficas intenciones de una faena que alcanzó a redondearse.
El español Leandro Marcos no consiguió mostrarse de entonado, salvo en contados pasajes delante del primer ejemplar de su lote, al que hizo una faena intermitente. Con el quinto, que tenía peligro sordo, no lo vio claro y la gente se metió con él de manera injustificada a lo largo de una actuación un tanto aciaga, en la que no pudo reverdecer triunfos en este mismo escenario.

FICHA
México, D.F.- Plaza México. Novena corrida de la Temporada Grande. Menos de un cuarto de entrada (unas 6 mil personas) en tarde fresca, con algunas ráfagas de viento. Toros de La Punta, bien presentados salvo el 2o, que tenía poca cara, de poco juego en su conjunto, de los que el 4o. fue manejable por su nobleza y buen estilo. Pesos: 546, 547, 496, 500, 503 y 517 kilos. Alfredo Gutiérrez (tabaco y oro): Palmas y ovación tras petición. Leandro Marcos (sangre de pichón y azabache): Silencio y pitos tras aviso. Fabián Barba (grana y oro): Silencio y ovación. Incidencias: Luis Alcantar lidió con temple al 1o., mientras que en varas volvió a lucir César Morales, que picó con gallardía al 6o.


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