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"Guten Tag, Ramón" o el poder del ser

“Europa no es una opción para la fuga; Estados Unidos, tampoco. No hay una opción, ese es nuestro problema. Desgracia para cualquier país que tenga migrantes en la miseria”, cuenta en entrevista Jorge Ramírez-Suárez, director de la película.
Rosario Reyes
31 agosto 2014 20:58 Última actualización 01 septiembre 2014 5:0
Kristyan Ferrer, el protagonista del filme, considera que la manera de abordar el fenómeno de la migración como una fábula ha sido un acierto. (Cortesía)

Kristyan Ferrer, el protagonista del filme, considera que la manera de abordar el fenómeno de la migración como una fábula ha sido un acierto. (Cortesía)

Migrar confirma que no hay mejor lugar a dónde ir. Ésta es la tesis de Jorge Ramírez-Suárez, director de la cinta Guten Tag, Ramón, protagonizada por el joven mexicano Kristyan Ferrer y por la veterana actriz alemana Ingeborg Schöner. Cinta que ha tenido buena respuesta del público mexicano en su segunda semana de presencia en cartelera.

“Europa no es una opción para la fuga; Estados Unidos, tampoco. No hay una opción, ese es nuestro problema. Desgracia para cualquier país que tenga migrantes en la miseria”, apunta el creador de esta emotiva historia.

Un joven sale de Durango a Wiesbaden, Alemania, tras cinco intentos fallidos de cruzar la frontera hacia Estados Unidos. Cercado por el narcotráfico, tiene dos caminos: integrarse a la delincuencia o buscar la vida fuera del desolado pueblo. A miles de kilómetros de casa, encuentra un hogar dentro de un edificio de jubilados, en una tranquila ciudad alemana. Hay un problema fuerte: él no habla alemán; aquellos nada de español. Aun así, el lenguaje se levanta con una confirmación que espanta.

“En México hay más de 110 millones de habitantes. De ellos, 50 millones viven como en Europa, o sea: una clase media, una media baja, ricos y muy ricos y los otros son ultra pobres. Esa es la diferencia con Alemania, o con los países del Norte. Francia más o menos. España, Italia y Grecia están en otra categoría, pero todos los demás no tienen esos 50 millones de pobres adentro, la distribución de la riqueza es, sin duda, más pareja”, observa Ramírez-Suárez, también director de Conejo en la luna (2004), un filme sobre secuestro filmado en Londres y la Ciudad de México.

Lejos del Primer Mundo
El reparto de la riqueza, explica Ramírez-Suárez, es lo que diferencia al continente europeo, señalado también por estereotipos como la frialdad o la indiferencia de los alemanes. Por ello, quiso retratar esta sociedad a la que ha conocido en sus detalles durante 14 años. “En Alemania hay zonas industriales de alto desarrollo, pero también otras como Wiesbaden (la capital de Hesse, donde filmó Guten Tag, Ramón). Muy pequeña; rica. Su población tiene un ingreso per cápita muy alto, es una de las más caras de Alemania junto con Munich y Düsseldorf, pero hay de todo, como en cualquier lado. Yo he sentido mucho más racismo o desprecio a los latinos en España o en Francia, que en Alemania”.
Habla de los síntomas de El milagro alemán, como se conoce popularmente al resurgimiento del país después de la Segunda Guerra Mundial. Una recuperación bien planeada, a largo plazo, en la cual la distribución más equitativa de la riqueza permite tener un salario mínimo elevado y por mayor consumo.

“Los alemanes se morían de hambre, por eso odian la guerra. Todo lo planean: en 2022 cerrarán su última planta nuclear. La sociedad civil ya no las quiere porque son muy peligrosas, y están desarrollando otras tecnologías para la generación de energía, solar y eólica. Sí se puede cambiar un país. Ellos lo están demostrando”, destaca.

Mexicano, radicado en aquel país, cuenta que no había un lugar mejor para desarrollar su película, la cual, por cierto, está inspirada en personajes reales. Curiosamente, ha recibido correos de alemanes que sostienen haber ayudado a un joven muy parecido a Ramón.
“Cuando llegas ahí, no entiendes nada; fue muy difícil al principio. Aunque yo hablaba inglés y mi esposa alemana hablaba español, no era fácil comunicarme con la gente, entender la cultura”, narra este director que logró sacar del retiro a la extraordinaria Ingeborg Schöner, dueña de una filmografía que supera 60 títulos y cuya trayectoria ha sido aplaudida en varios países de Europa como Francia e Italia.

Franziska Kruse, quien está comenzando su carrera en cine y ya es una de las actrices más cotizadas en Alemania, y las mexicanas Arcelia Ramírez y Adriana Barraza, entre otros, completan el elenco de este largometraje multicultural, escrito en español y traducido literalmente al alemán por el propio director. Dirigió a sus actores en ese idioma y en español, en un set donde se escuchaba al crew hablar además en francés, italiano, croata o turco.

Kristyan Ferrer, el protagonista del filme, de 19 años de edad, considera que la manera de abordar el fenómeno de la migración como una fábula ha sido un acierto, ya que ha recibido una intensa retroalimentación.

Le han llegado mensajes de una organización de ayuda a migrantes, llamada La Paz. Gracias a esto, varios han recibido muchísimo dinero en donaciones. Cuando por las redes sociales le dicen que en sus ojos ven a un migrante, que Ramón puede ser cualquiera de ellos, quiere decir -observa- que está haciendo algo por su país, cree que es la única forma en que lo puedo hacer.