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culturas

Guillermo Zapata: cantar la tragedia

El cantautor Guillermo Zapata ha puesto música a la realidad del país. Sus editoriales cantados se transmiten los lunes y viernes en el noticiario radial "Contraportada", eventualmente en el noticiero "Ciro Gómez Leyva por la mañana", de Grupo Fórmula, y a todo el mundo través de sus redes sociales.
Rosario Reyes
28 diciembre 2014 21:28 Última actualización 29 diciembre 2014 5:0
Editorialista autodidacta, el músico veracruzano es un asiduo lector de historia y literatura. (Edgar López)

Editorialista autodidacta, el músico veracruzano es un asiduo lector de historia y literatura. (Edgar López)

Desde que compuso e interpretó junto a su grupo La Mata del Son, Comes y te vas, inspirado por la invitación que en 2002 el entonces presidente de México Vicente Fox hizo a Fidel Castro, a una Cumbre de la ONU en México, Guillermo Zapata ha puesto música a la realidad del país.

Sus editoriales cantados se transmiten los lunes y viernes en el noticiario radial Contraportada, eventualmente en el noticiero Ciro Gómez Leyva por la mañana, de Grupo Fórmula, y a todo el mundo través de sus redes sociales. Entre las más recientes están Ya supérenlo, a ritmo de salsa (sobre otro tristemente célebre discurso presidencial: Peña Nieto hablando de Ayotzinapa); Tiempo de velas, un tema pop sobre los 43 estudiantes desaparecidos, y el reggae Sí pero así, dedicado a los estudiantes del Politécnico.

Conocido como El Caudillo del Son, en alusión al Caudillo del Sur, Emiliano Zapata, el cantautor dice en entrevista que no cree en movimientos como la música de protesta de la década de 1970 y reniega de cualquier forma de expresión panfletaria. “Yo más bien soy un crítico. Podré ser un disidente, un cronista, pero no soy un cantante de protesta, no creo en esas cosas. La trova iba por ahí, rollos doctrinarios en los que no creo. Como dijo Serrat en una de sus canciones: ‘Que estos no se han enterao que Carlos Marx está muerto y enterrao’. Estos asuntos radicales de buenos y malos, la verdad no me los trago”.

Editorialista autodidacta, el músico veracruzano es un asiduo lector de historia y literatura. Mientras estudiaba composición en el Conservatorio Nacional de Música formó el dueto Reloj de Arena junto a su compañera, la cantante Martha Hernández, y ambos se presentaban en peñas y bares. “Después entró otro cantante a sustituir a Martha y me dediqué a musicalizar poetas y cantar mis propias canciones”, recuerda quien hacia mediados de la década de 1990 formó La Mata del Son, con algunos soneros veteranos.

“Mucho ayuda el que no es trova”, bromea El Caudillo del Son a propósito del movimiento al que nunca quiso pertenecer.
“La verdad esas metáforas de lunas de asfalto y esos rollos me sacan mucho de onda. Creo que la trova en México es muy pobre, con sus grandes excepciones, por supuesto, como David Haro, que es un gran trovador, pero en general, es una copia de Silvio y de Pablo (Rodríguez y Milanés, los autores cubanos)”.

En su momento, afirma, la música de protesta cumplió una función, pero no fue suficiente. “Informaban y daban un punto de vista distinto a los medios de comunicación de la época que estaban absolutamente cooptados, pero ésta es otra época. Modestia aparte, yo fui el primer músico que habló en los medios de un presidente en funciones y a partir de ahí dije ya no voy a soltar esto”.

Visionario, aprovechó la coyuntura del cambio de régimen para explorar una forma de crítica social a través de la música, inédita hasta entonces. Y el clima político le fue favorable.

“Vicente Fox fuera lo que fuera, no fue un represor. Podemos tacharlo de ingenuo, pero no se atrevieron a reprimir abiertamente. Lo que vivió Óscar Chávez, por ejemplo, no es lo que he vivido yo; él no dice en sus canciones ningún nombre de ningún político, porque en su época, te metían a la cárcel o te mataban”, sostiene.

Zapata ha escrito canciones a “personajes de peso completo”, desde los presidentes de los últimos sexenios, incluso algunos del pasado, como Luis Echeverría, hasta a la mayoría de los secretarios de Estado. “Creo que no se me ha pelado ningún secretario de Gobernación, de Fox para acá”, recuerda. Líderes sindicales, candidatos, “todo mundo es parte del juego, si la riegan, son sujetos de canción y eso sucede diario, el país me ha dado para mucho en mi trabajo”.

El de apellido revolucionario afirma que su corazón está al lado de la izquierda, políticamente hablando. “Pero no me ciego, hay gente hija de la chingada en la izquierda, en la derecha, en todos lados, y gente también valiosa; me refiero a los políticos, pocos, pero sí los hay”.

Con todo, conserva la esperanza en este país. “Creo en una revolución del pensamiento, en cuestionarnos como sociedad, de veras combatir la corrupción, que empieza en la casa: los políticos tienen papá y mamá, familia, maestros, ¿quién les enseñó a ser ladrones, corruptos? La sociedad, porque valora la corrupción. El tipo que de la noche a la mañana ya hizo su casota, tiene sus camionetotas y todo eso, no es censurado por su familia. Lo que dijo Peña Nieto de que la corrupción es un problema cultural, es cierto, el problema es que no lo está atacando, ni siquiera en el gobierno está claro que se castigue a un político corrupto, el único -y porque ya no les quedó otra-, fue Granier.

La situación nos está orillando a tomar acciones verdaderas como sociedad, al gobierno le está costando mucho trabajo entender que el país ya cambió, el priismo se sigue comportando como antes de que dejaran de gobernar. Ahora ya no pueden esconder lo que se roban, no pueden esconder sus corruptelas”.