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Guardiola contra el peor rival: el Atlético de Simeone

Meticuloso hasta la desesperación y obstinado hasta la locura, Guardiola repasa al rival desde todos los ángulos posibles. La suerte le jugado contras en esta instancia con el Bayern Munich; hoy enfrenta al Atlético de Madrid, de Diego Simeone.
Mauricio Mejía
26 abril 2016 22:10 Última actualización 27 abril 2016 13:44
Esta tarde Manzanares asistirá a un debate entre la idea y el ímpetu. (Erick Retana)

Esta tarde Manzanares asistirá a un debate entre la idea y el ímpetu. (Erick Retana)

El destino siempre es desafío.

Le ha tocado a Josep Guardiola la bala cargada de la edición 2015-16 de la Champions League de Europa. Otros la llaman Atlético de Madrid, el impetuoso conjunto de Diego Simeone, que despachó al FC Barcelona en cuartos de final sin perder la corbata.

El destino, también, es lío.

Científico hasta el límite, meticuloso hasta la desesperación y obstinado hasta la locura, Guardiola repasa al rival desde todos los ángulos posibles. La suerte le jugado contras en esta instancia con el Bayern de Múnich. En 2014 el Real Madrid le hizo trizas en su cancha (0-4), después de perder la ida en el Bernabéu (1-0) y el año pasado el Barsa de Luis Enrique se aprovechó del quirófano bávaro para marginarlo de la final.

El karma del técnico pasa ahora por otro club hispano, el Atleti, el más incómodo para el cerebal Kasparov Guardiola. Esta tarde Manzanares asistirá a un debate entre la idea y el ímpetu; entre la razón kantiana y la irreverencia nietzschiana. Simeone sabe que ante la planeación del catalán valen los argumentos emocionales: el coraje, las agallas y los riñones. Pocas veces el futbol ha asistido a la lucha entre la mente y el corazón como la que se dará en la casa colchonera en la segunda semifinal del curso.

El destino es, además, esquina.

En la convergencia de los egos (Simeone no vende piñas en aquello del superyó) hay un sutil encuentro y desprecio de estilos. Los madrileños han sustentado sus argumentos en la cancha con una defensa “cara de perro”. Menotti aseguraba que en el futbol la que corre es la pelota. El entrenador del Atlético lo afirma. No es menester el esférico para adueñarse de la sicología del pleito. Puede ceder, como lo hizo ante Luis Enrique, el espacio, el tiempo y la circunstancia al rival. Y agazapado espera el momento de quiebre. No acecha. Jala, atrae, las avanzadas enemigas. Pretende el quiebre, el error. Y cuando éste se da, aun en clubes bien ordenados como el culé, suele ser letal. Como aquellos viejos seconds del boxeo, Simeone no ansía el knockout. Le gusta que la contienda llegue hasta las últimas consecuencias en el cuerpo y, sobre todo, en el estado de ánimo del rival. Pica y huye.

Con Guardiola sucede lo contrario. Si atina un golpe, quiere repetirlo lo antes posible, y otra vez, y otra y otra. Aniquila. Su punto débil es la ecuación. Cuando X y Y no dan cero, el analista repasa, repasa y repasa el esquema. Y los experimentos ahondan el estrés suyo y el de sus hombres, fieles discípulos de las elucubraciones del futuro técnico del City. Hoy: libertad contra orden.