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Guardado legitima un título en entredicho

Andrés Guardado no escatimó ni en fuerzas ni en talento para solventar un partido con verdaderos desplantes futbolísticos de una Jamaica asombrosamente achicada en el área mexicana
Mauricio Mejía
26 julio 2015 21:40 Última actualización 26 julio 2015 21:43
El mediocampista firmó su gran actuación en el torneo con un gol de capricho, atrevimiento y mucho arte. (AP)

El mediocampista firmó su gran actuación en el torneo con un gol de capricho, atrevimiento y mucho arte. (AP)

El capitán asume el temple y se vuelve determinante en el triunfo de la Selección nacional en la final de un polémico certamen en el que la sospecha fue su compañera de viaje en cuando menos dos cotejos.

El mediocampista firmó su gran actuación en el torneo con un gol de capricho, atrevimiento y mucho arte. Ajeno a la polémica del penalti anotado contra Panamá (acertarlo o fallarlo intencionalmente), el astro se dedicó a lo suyo: dar movilidad, orden y dirección a una escuadra adolescente en la zaga y chata en el frente. Jerarca, con atributos genuinos de líder, Guardado no escatimó ni en fuerzas ni en talento para solventar un partido con verdaderos desplantes futbolísticos de una Jamaica asombrosamente achicada en el área mexicana, en la que se posó cómodamente durante los primeros 20 minutos del encuentro.

De hecho, el remate del número 18, siempre inquieto y pícaro, fue la primera jugada clara de gol del cuadro de Herrera, cautivado durante el comienzo por la, a veces, bella percha antillana.

Cuando Corona, la otra fortaleza anímica del plantel, anotó el segundo tanto, en el amanecer del segundo tiempo, Jamaica ya era otra; más palaciega y desconcentrada. Un error de Kindergarden permitió que Peralta saliera del letargo para poner un contundente 3-0 que cargaba de cierta legitimidad a un diploma puesto en entredicho en lo legal y en lo deportivo.

El tanto de los jamaicanos, autoría de Mattock, confirmó la capacidad artesanal de sus colegas, cuyo proceso de maduración promete una postura firme para las eliminatorias mundialistas; no parece aventurado un visado de este equipo para Rusia en 2018.

Herrera, desprendido de Vela y dependiente del medio campo, salva el verano después de afimar que su renuncia está más en los planes de sus críticos que de su agenda personal. Empecinado en convertir la línea defensiva en un debate colectivo, mantuvo a Rodríguez, Reyes, Aguilar y Layún en la retaguardia; incluyó a Alanís, cuyos titubeos en las primeras avanzadas enemigas le hicieron ver lento y desubicado.

Cuando Jamaica perdió la personalidad, Dos Santos y Corona, tomaron la responsabilidad de colaborar con el capitán. Por momentos el medio campo nacional pareció recuperado de un pasmo bipolar, en el que se olvidaba de pase-recepción y aventaba pelotas al designio del azar, como suelen hacer los conjuntos sin licenciatura.

Si las cosas resultaron sencillas en el marcador se debió, entre otras cosas, a que los rivales -esta vez ellos- fallaron cuando menos tres oportunidades en la boca de la portería. Herrera se lleva como pendientes dos asignaturas: arreglar las averías en la zaga y perfeccionar el tino de sus delanteros. Hoy los volantes dieron la cara por él.