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González Rodríguez, valiente hasta el final

México pierde a un hombre de letras empecinado en relatar la crudeza del país. Así lo expresó Sergio González Rodríguez en 'Los 43 de Iguala', su último trabajo periodístico. Su muerte, ocurrida la madrugada de ayer a causa de un infarto, tiene conmocionado al mundo de las letras y el periodismo.
Eduardo Bautista
03 abril 2017 21:47 Última actualización 04 abril 2017 5:0
En 'Los 43 de Iguala' dejó en claro su desconfianza hacia el progreso de la civilización capitalista. (Especial)

En 'Los 43 de Iguala' dejó en claro su desconfianza hacia el progreso de la civilización capitalista. (Especial)

Nunca lo pudo negar; le dolía en el alma. Trataba de entenderlo. De vivirlo. De contarlo. Y lo hizo. Pero por más que quiso, Sergio González Rodríguez (1950-2017) simplemente no pudo comprender cómo es que México se convirtió en el país de la insensibilidad ante la barbarie.

Así lo expresó él mismo en Los 43 de Iguala (2015), su último trabajo periodístico para editorial Anagrama. Su muerte, ocurrida la madrugada de ayer en la Ciudad de México a causa de un infarto, tiene conmocionado al mundo de las letras y el periodismo.

Se dice que los escritores tienen asegurado un camino a la posteridad. Pero en este caso la obra no es lo único que permanece, sino su valentía, su coraje. Libros como Huesos en el desierto (2002), El hombre sin cabeza (2009) o Campo de guerra (2014) –que lo hizo ganador del Premio Anagrama de Ensayo– quedarán como pruebas del hombre valeroso que fue González Rodríguez ante “la parsimonia que ha triunfado en el lenguaje de la política, de la vida pública e incluso de la literatura y el periodismo”, según lo dijo él mismo en una entrevista con El Financiero en agosto de 2015.

Hombre de extremada sencillez y largas conversaciones, González Rodríguez se acercó a través del reportaje, la crónica y el ensayo a la realidad mexicana de los feminicidios, los asesinatos, el narcotráfico, la corrupción y los desaparecidos. Tenía 67 años.

“Él fue el pionero del periodismo de investigación sobre las muertas de Ciudad de Juárez”, dice en entrevista su amigo, el escritor Mauricio Montiel, titular de la Coordinación Nacional de Literatura del INBA. “Sus libros son la prueba de su integridad humana, ética y literaria, que envidiamos muchos de sus colegas. Sin duda alguna será un gran ejemplo a seguir para muchas generaciones de periodistas y escritores”, agrega.

Cuando le preguntaron a Albert Einstein cómo iba a explicarle al mundo su teoría de la relatividad, respondió que la sencillez es el mejor camino para describir la verdad. González Rodríguez descubrió en la simpleza del lenguaje una forma de revelar lo invisible, de contar el dolor y de ponerle rostro a los números.

En Los 43 de Iguala dejó en claro su desconfianza hacia el progreso de la civilización capitalista. Sí –decía– quizás ya no hay guerras mundiales, la ciencia ha progresado, la democracia se ha fortalecido y la tecnología no para de avanzar, pero el mal sigue ahí, detrás de “las bellas formas que a menudo pretenden ocultar la realidad”.

GOLPIZAS EN PRIMERA PERSONA 
González Rodríguez vivió la violencia y la impunidad en carne propia. Cuenta Mauricio Montiel que lo levantaron en el cruce de la avenida Cuauhtémoc y el Eje 4, en la Ciudad de México, en 1999. Le dieron vueltas en un automóvil por varias horas. Lo golpearon con la cacha de la pistola y le enterraron desarmadores en las rodillas. El resultado, dice, fue un hematoma cerebral que casi le cuesta la vida.

“Sergio tenía la certeza de que fue a causa de la investigación que hizo. Yo no lo veo tan descabellado, se ensañaron demasiado con él. Pese a todo, nunca dejó de trabajar para seguir destapando las cloacas de este país. Era un hombre con un coraje y un valor imbatibles”, comenta Montiel.

En la cuenta de Facebook del escritor abundan las condolencias. La mayoría de los mensajes coinciden en una sola palabra: valiente.

Cuando estaba a punto de lanzar Huesos en el desierto, fue víctima de una golpiza al salir de un cajero automático, cuenta otra de sus amigas, la promotora literaria Paola Tinoco. Le dijeron que iban a continuar las agresiones si seguía hurgando en el tema de las asesinadas de Juárez. Sin embargo, dice, siempre se mantuvo fiel a sus convicciones éticas. “No lo intimidaba que en nuestras comidas en restaurantes o cantinas, que eran nuestros puntos de reunión favoritos, hubiera dos o tres personas en las mesas cercanas grabando nuestras conversaciones”.

También hubo quienes no estuvieron de acuerdo con él, como el escritor y conductor Julio Patán, quien asegura que, pese a sus diferencias de opinión, siempre le sorprendió el rigor intelectual y periodístico con el que Sergio defendía sus ideas.

“Él incurrió en un conspiracionismo que yo no comparto. No creo en los gobiernos absolutos que actúan desde las sombras ni en la maldad intrínseca de los poderosos, pero siempre admiraré la congruencia y la valentía con la que defendió sus posturas. Su obra poseía una riqueza de lenguaje y una sustancialidad cultural muy rara en el periodismo mexicano”, comparte.

El escritor y editor Rafael Pérez Gay asegura que el legado de Sergio González Rodríguez es infinito en un país que registra más de 150 mil muertos en menos de 10 años, según cifras del gobierno estadounidense.“Hemos perdido a un ensayista de alta calidad que desde muy joven descubrió que la información, el acopio del conocimiento y la lectura son básicos para este oficio. Perdemos, además, a un escritor que estaba en un magnífico momento; a un novelista intenso, de densidades oscuras, magnificas. Y por supuesto a un buen reportero, cronista y columnista tenaz”.

Con información de Rosario Reyes y Mauricio Mejía.