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CULTURAS

González Iñárritu ante el cielo del cine

Las nueve nominaciones al Oscar que recibió 'Birdman' han encumbrado al director mexicano en La Meca del Cine. Algunos ven con buenos ojos su propuesta cinematográfico; otros, no tanto. 
Rosario Reyes / Eduardo Bautista
15 enero 2015 22:26 Última actualización 16 enero 2015 5:0
Birdman

'Birdman' recibió nueve nominaciones al Oscar. (Cortesía de)

Una comedia encumbra al director del drama. Con Birdman, Alejandro González Iñárritu rompió su marca personal al lograr nueve nominaciones al Oscar 2015 (en 2007, Babel obtuvo siete). La Academia de Hollywood parece acostumbrarse a la estancia del mexicano en las ternas por lo mejor del cine. Todas sus cintas han logrado instalarse en el último pronóstico. Todas.

Tras el anuncio de las nominaciones, la oficina en México de 20th Century Fox emitió un comunicado del director, quien se encuentra filmando The Revenant, que estrenará a finales de año, justo a tiempo para la siguiente temporada de premios. Así, meticuloso, ha planeando su consolidación en Hollywood. “Estoy muy contento por todo lo que ha sucedido con Birdman porque se necesitó mucho valor para realizar esta película fuera de convencionalismos. Estas nominaciones reflejan el reconocimiento de nuestros colegas así como de los miembros de la Academia. Estoy humildemente orgulloso y agradecido”, afirma.

“Espero que le den el Oscar, porque cualquier película que hace González Iñárritu es una película de fondo, que siempre nos hará quedar bien a los latinos, a los mexicanos, a los que vean su película, siempre tiene cosas qué decirnos”, dice Adriana Barraza, quien fue nominada como Mejor Actriz de Reparto por Babel.

Para ella, la pura postulación a un Oscar es garantía de un reconocimiento internacional, sobre todo entre los artistas latinoamericanos.

Los críticos Jorge Ayala Blanco y José Felipe Coria no son tan optimistas a la hora de valorar en estricto sentido el trabajo del mexicano. Aseguran que más allá de su éxito como director hollywoodense, lo que falta en su empeñosa labor es un discurso cinematográfico propio, un discurso propio que lo identifique.

“Iñárritu logrará una propuesta original cuando prescinda de las cosas banales y accesorias, y se centre más en la esencia de sus dramas”, considera Ayala Blanco, para quien lo más propositivo de Birdman es la fotografía de Emmanuel Lubezki, quien el año pasado ganó un Oscar por su trabajo en Gravity, de Alfonso Cuarón.

Según ambos críticos, la carrera del cineasta defeño de 51 años suele ser dividida en dos etapas. La primera de ellas fue de Amores perros (2000) a Babel (2006), en la cual siempre se apoyó en el guionista Guillermo Arriaga. En la segunda, de Biutiful (2010) a la actualidad, que trabajó de forma independiente.

Sobre el primer periodo, José Felipe Coria, director del CUEC, asegura: “Arriaga estaba llevando a Iñárritu a ensimismarse; una cosa totalmente narcisista y ridícula”.

Ayala Blanco afirma que la de hoy es una etapa “infinitamente superior” a la pasada. “En sus primeras cintas, lo que hacía Iñárritu no era fragmentar la secuencia, sino hiperfragmentarla; era una especie de pulverización. Sus flashbacks (como los de 21 gramos) eran innecesarios, inútiles y redundantes. En cambio, tras su distancia de Arriaga, logra un cine más íntegro; lo podemos ver en Birdman, que está filmada como un mismo plano secuencia. Lo que hizo Iñárritu fue ir de un polo a otro: de la fragmentación a lo lineal”.

Con todo, añade, son dos los rasgos que no ha perdido el cine de Iñárritu a lo largo del tiempo: el análisis de la neurosis de sus personajes y el lado megalómano de sus historias.

Adriana Barraza defiende las obras de Iñarritu y valora las nominaciones de Birdman. “Para los mismos estadounidenses es trascendental llegar a ese lugar. Para los directores del resto del mundo es una revolución. Los reconocidos son colocados en otro lugar a nivel internacional”.

Ayala Blanco asegura que Iñárritu es un cineasta que aprovecha todo el tremendismo del cine mexicano, él sería el último de sus exponentes. "Su cine nos remite mucho patetismo”, asegura. 

Coria, por su parte, señala que lo máximo que ha logrado crear el director de Amores perros es “un cine entretenido con cierta ambición. No hay nada realmente trascendente en sus películas, salvo chispazos”.