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Gergiev, el gruñón militante

Valeri Gergiev debutará en México en dos conciertos dedicados a autores de su país. El afamado director de la Orquesta del Teatro Mariinsky se afilió al gobierno de Putin para defender la cultura de Rusia.
María Eugenia Sevilla
02 marzo 2016 21:47 Última actualización 03 marzo 2016 5:0
Gergiev se ha sostenido 38 años en las entrañas del Mariinsky a donde ingresó como asistente de dirección en 1977. (Especial)

Gergiev se ha sostenido 38 años en las entrañas del Mariinsky a donde ingresó como asistente de dirección en 1977. (Especial)

El desliñado hombrón gruñe y suda los litros cada vez que sube al podio. Las manos desnudas, los ojos cerrados que sólo se abren para comandar un ataque. Apenas se apoya en la partitura al dar vida a su repertorio de batalla: Prokofiev –su favorito- Shostakóvich, Rimski-Kórsakov, Mahler...

La suya es una fuerza poderosa dentro y fuera de las salas de concierto. Una potencia polarizante que, como figura pública, lo ha llevado en los últimos años de una tormenta a otra. Su cercana relación con Vladimir Putin, la causa.

Su simpatía hacia el mandatario ruso es abierta. Tanto que apareció en propaganda televisiva proputinista y el mismo presidente le entregó el título Héroe del trabajo en 2013.

El apoyo a Putin ha traído consigo los aromas del antagonismo Este -Oeste y le ha costado fuertes críticas y manifestaciones en sus conciertos, especialmente en Londres, donde es director de la London Philharmonic Orchestra desde 2007, y en Nueva York, donde lo llamaron “títere” durante una serie de protestas en torno a un estreno de Eugene Onegin, de Tchaikovsky, en el Met.

CONCIERTOS (RUSIA PURA)
Jueves 3
Palacio de Bellas Artes, 20:30 horas
Sinfonía No.1, Clásica / Sinfonía concertante para violonchelo y orquesta / Sinfonía núm. 5, de Prokófiev
Ivan Karizna, violonchelo
(agotado)

Viernes 4
Auditorio Nacional 20:30 horas
Danzas Polovisianas, de Borodín
Concierto para piano y orquesta No. 1/ Obertura 1812, de Tchaikovsky
El pájaro de fuego, de Stravinsky
Sergei Redkin, piano


Pero no ha reculado nunca. No sólo firmó en 2014, con otros 511 artistas, una carta abierta para respaldar la posición gubernamental en el conflicto en Ucrania y Crimea, que provocó que el director no pudiera presentarse en suelo ucraniano.

También ha sido protestado por la comunidad LGBT en Londres y Nueva York a partir de en 2013, cuando apoyó el encarcelamiento de la banda punk Pussy Riot tras la aprobación de la ley contra la “propaganda homosexualista” que entró en vigor en ese año.

Lo cierto es que el músico de 62 años nunca se ha pronunciado en forma directa sobre el tema, incluso, en un comunicado que respondió a un movimiento para protestarlo por homofobia en el Met, negó haber secundado la polémica normativa: “Soy un artista y por más de tres décadas he trabajado con miles de personas en el mundo, de todos estilos de vida, muchos son mis amigos”.

Para el crítico musical Lázaro Azar –quien es abiertamente homosexual-, esas acusaciones son sólo parte de la polarización provocada por la fidelidad del músico al poder en Rusia. Una postura que, a sus ojos, tiene detrás una sola causa: beneficiar al arte.

“Si de algo tenemos la plena certeza es que es un hombre que ama la música y esa es su prioridad”, sostiene Azar. “Su pecado ha sido ser leal a Putin. ¿Y por qué? Porque su gran proyecto era la edificación del más grande complejo cultural, el Mariinsky II”.

Se refiere al teatro de ópera inaugurado hace dos años en San Petersburgo con un costo de más de 500 millones de euros, un proyecto sumamente cuestionado en tiempos de crisis económica.

Gergiev se ha sostenido 38 años en las entrañas del Mariinsky a donde ingresó como asistente de dirección en 1977. Lleva más de 20 años como titular del histórico teatro en el que ha vivido la Guerra Fría y el deshielo.

Así ha aprendido el valor de la política. Como hicieron en otro momento Wilhelm Furtwängler, quien fue figura principal de la música durante el Tercer Reich, o el mismo Karajan, también asociado al nazismo, cuyas figuras han cobrado dimensión a través de su legado y de la distancia histórica, observa Azar.

Gergiev, quien es también batuta principal de la Filarmónica de Munich, vive entre aviones -tan sólo en 2012 dio 264 funciones-; sin embargo, su mente siempre está en Rusia, asegura el crítico.

“En algún momento en que los artistas rusos salían de su país ante la precariedad económica, los llamó ratas que saltaban del barco. Y dijo que se quedaba para generar proyectos y que el talento permaneciera en su país”, recuerda Azar, para quien la justicia le llegará a concertador más temprano que tarde, en tanto su enorme legado de grabaciones está a la mano.

Por primera vez, Gergiev dirigirá en México, con la orquesta Mariinsky. Una ocasión que le permitió tocar el punto álgido de los últimos tiempos en un encuentro virtual con la prensa mexicana: “Yo no tengo fines políticos”, dijo. “Lo único que deseo es ver que nuestro mundo sea más diverso artística y culturalmente”.