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Genios en las sombras

Hollywood reivindica a tres figuras fundamentales en la carrera espacial, relegadas por ser mujeres y negras. Estas son las historias de tres afroamericanas cuyos genios se cruzaron en algún momento de los años 50.
Eduardo Bautista
23 enero 2017 20:49 Última actualización 24 enero 2017 5:0
Sin estas mujeres, la carrera espacial hubiera sido una película de ciencia ficción. (Alejandro Gómez)

Sin estas mujeres, la carrera espacial hubiera sido una película de ciencia ficción. (Alejandro Gómez)

De niña, Katherine Johnson amaba contarlo todo: los platos sucios, las rimas de gospel, las escaleras de la iglesia. Su obsesión por los números la llevó a soñar en grande. “Quiero contar el universo”, le dijo alguna vez a su padre leñador. Aquella chica tenía tres inconvenientes: ser mujer, pobre y negra. Un gran obstáculo en la América de los años 30. Pero sin ella, el hombre jamás hubiera llegado al espacio.

Y Neil Armstrong nunca hubiera pisado la Luna sin Mary Jackson, la pequeña que no entendía por qué debía pedir sus hamburguesas en una sección especial, alejada de la gente blanca. Le encantaba admirar el cielo de Hampton, para averiguar por qué volaban los aviones. Sus padres le aconsejaban que fuera amable, porque en pocos años sería la mejor recepcionista de Virginia.

Estados Unidos tampoco sería una potencia espacial sin Dorothy Vaughan, la modesta profesora de primaria que sacó de la quiebra a su familia después de la Gran Depresión. Fue una de las pocas mujeres egresadas de la Universidad de Wilberforce, la primera institución privada de educación superior en recibir a jóvenes de color en la Unión Americana.

Estas son las historias de tres afroamericanas cuyos genios se cruzaron en algún momento de los años 50. Sus cálculos matemáticos fueron esenciales para que Alan Shepard se convirtiera en el primer estadounidense en viajar al espacio y para que John Glenn fuera el primer hombre en entrar en la órbita de la Tierra.

Estados Unidos reconoció tarde sus talentos. Ahora Hollywood redime culpas en Talentos Ocultos (2016), la película que cuenta la historia de estas “computadoras humanas” que trabajaron para la NASA desde las sombras, y que se estrenará en salas cinematográficas de México el próximo 3 de febrero.

Sin estas mujeres, la carrera espacial hubiera sido una película de ciencia ficción.

MENTES DISCRIMINADAS
Las contribuciones de Johnson, Jackson y Vaughan eran desconocidas hasta que la escritora Margot Lee Sheterly –hija de un científico de la NASA– recuperó sus historias en un libro llamado Hidden Figures (2016), que inmediatamente fue llevado al cine por el director Theodore Melfi y por el productor Pharrell Williams. Recientemente, este último destacó que se trata de una cinta “muy oportuna” para el momento que vive Estados Unidos, con Donald Trump como nuevo inquilino en la Casa Blanca, cuyo discurso ha afianzado su idea de proteger las fronteras y controlar la inmigración.

“La historia de los negros en América no se divide exclusivamente en esclavitud–derechos civiles–Obama. Hay mucho más allá de esa línea el tiempo”, comentó Lee Sheterly en septiembre pasado a The New York Times Magazine.

Y es que, a su manera, estas mujeres participaron en el movimiento afroamericano de manera activa. Quizás no volaron bancos como Malcom X, ni desafiaron al ejército como Muhammad Ali, ni lideraron movimientos como Martin Luther King, pero de igual forma ingresaron a la posteridad mediante un método más ordinario: la vocación de servicio.

Estas tres científicas trabajaron para una industria espacial que las hizo menos en muchas ocasiones.

Cuando Johnson entró a la NACA –precursora de la NASA– en 1953, sus compañeros creyeron que era secretaria. Y, al principio, la trataron como tal: ignoraban que su mente era capaz de calcular las trayectorias para el Apollo XI, la misión con la que el hombre llegó a la Luna en 1969.

El caso de Vaughan no fue mejor; su color de piel la convirtió en blanco de insultos por parte de sus compañeros. Ingresó a la NACA en 1943, durante la cresta de la Segunda Guerra Mundial. Dos años antes le hubiera sido imposible, pues por decreto presidencial los negros no podían trabajar en dependencias del gobierno. Sin embargo, Franklin D. Roosevelt, presionado por derrotar a Hitler, declaró la Executive Order 8802 en junio de 1941, y con ello se prohibió cualquier tipo de segregación racial en los organismos de defensa. Su habilidad pronto la volvió indispensable y asumió la dirección de la West Area Computing, la zona designada sólo para las científicas afroamericanas.

En esa misma área trabajaba Mary Jackson, la primera ingeniera negra en la NASA. La suya es una historia de tenacidad y constancia. Estudió matemáticas por las noches en la Universidad de Virginia, a la que logró ingresar tras obtener un permiso gubernamental; en aquella época no era fácil que una persona de color cursara una licenciatura. Cuando por fin ingresó a la agencia, en 1951, se indignó porque no podía entrar al mismo baño que sus colegas blancas. Su coraje la condujo a la creación del Túnel de Presión Supersónico, invento fundamental para el Proyecto Mercury, el primer programa espacial tripulado de Estados Unidos.

Con 98 años, Katherine Johnson es la única que queda con vida de las tres. Vive en Hampton, Virginia, en compañía de sus nietos y bisnietos. Obama le otorgó la Medalla Presidencial de la Libertad en 2015. Y está más feliz que nunca porque, por primera vez, la NASA está a cargo de un afroamericano: Charles Bolden.