AFTEROFFICE
CULTURAS

Gabriel Serra, de Nicaragua a Hollywood vía México

Es el primer nicaragüense de la historia en estar nominado a un Oscar por su película "La Parka". Hoy, este joven de 30 años es el orgullo de su país. Sus padres apoyaron, en su momento, al Frente Sandinista que luchó contra la dictadura de Somoza. 
Eduardo Bautista
19 febrero 2015 18:30 Última actualización 20 febrero 2015 10:58
Gabriel Serra estudió en el Centro de Capacitación Cinematográfica, en México. (Tomada de FB oficial del artista)

Gabriel Serra estudió en el Centro de Capacitación Cinematográfica, en México. (Tomada de FB oficial del artista)

Nicaragua presumió una cinematografía nacional hasta la década de los ochenta, diez años después de que terminara la Época de Oro del cine mexicano. Antes de 1979 –aunque con algunas excepciones– el tema de las producciones nicaragüenses era uno solo: la dictadura. La sombra de los Somoza (Anastasio padre, Anastasio hijo y Luis) eclipsó la vida cultural por más de cuatro décadas.

Con esos antecedentes Hollywood se convirtió en una isla utópica para los cineastas de aquel país, hasta que hace unas semanas ocurrió lo inimaginable: un joven de 30 años llamado Gabriel Serra fue invitado a la entrega 87 de los Premios de la Academia gracias a su película La Parka, una de las cuatro nominadas en la categoría de Mejor corto documental.

“Todavía no me cae el veinte”, confiesa en entrevista desde su país el primer nicaragüense de la historia en ser postulado a una estatuilla dorada. Desde que recibió la noticia de su candidatura, no ha dejado de recibir felicitaciones. Es el orgullo de su familia y del Centro de Capacitación Cinematográfica (CCC) del DF, de donde es egresado.

Para él, México representa "una oportunidad enorme" de mostrar su trabajo al mundo. Admite que, en su país, hacer cine es complicado. La tiranía de los Somoza dejó una industria resquebrajada, sin programas de apoyo para los directores. Según el cineasta nicaragüense Frank Pineda y el escritor Sergio Ramírez, en los 80 mejoró la situación gracias al Frente Sandinista de Liberación Nacional: se creó el Instituto Nicaragüense de Cine (hoy la Cinemateca Nacional), aumentó la producción y se consolidó un pequeño gremio de creadores. “Se creyó que era posible crear de la nada un cine nacional”, comenta Ramírez. Incluso un cortometraje de Pineda fue premiado con el Oso de Plata en la Berlinale. Sin embargo, no fue suficiente: apenas los sandinistas dejaron el poder en 1990, el sector volvió a quedar en el olvido.

Serra creció en Chinandega, una de las zonas más vigiladas por la dictadura en los años setenta por ser tierra fértil en la formación de líderes revolucionarios. Sus padres apoyaron al Frente Sandinista durante las insurrecciones contra Somoza. Su madre es abogada y su padre sociólogo. Él nació hasta 1984, cuando la guerra ya había terminado. "Era una ciudad tranquila, viví momentos de mucha armonía con mi familia. Recuerdo que el gobierno nos daba cupones para comprar alimentos", dice Gabriel, quien se acuerda a la perfección de la primera película que vio en su vida: Lo que el viento se llevó, en el teatro El Imperial, propiedad de su bisabuela.

Cuando cumplió 21 años decidió cursar la carrera de comunicación social. Se interesó por la fotografía y en 2007 se le presentó la oportunidad de estudiar en México. No lo pensó dos veces. La directora salvadoreña Tatiana Huezo fue una de sus maestras en el CCC, quien opina que "la nominación llega en buen momento para la escuela, pues el gobierno quiere recortarle el presupuesto. Ojalá las autoridades se den cuenta de que el CCC es un semillero de talentos”, considera.


UNA REFLEXIÓN SOBRE LA MUERTE

La Parka cuenta la historia de Efraín, un hombre que trabaja en un rastro de Los Reyes, Estado de México, donde diariamente mata a decenas de vacas.La cinta adquiere un tono aún más interesante –dice Serra– porque años antes el protagonista perdió a su padre y a su hermana. De esta forma, observa, el documental se convierte en una reflexión sobre la vida, la muerte y el trabajo en un sitio donde el asesinato es el pan de todos los días. México, a fin de cuentas, hoy también es eso: un rastro de sobradas proporciones en el que han muerto más de 150 mil personas en tan sólo nueve años a causa del crimen organizado.

“México es un país que está perdiendo vidas, y lo más grave es que se está acostumbrando a los actos de barbarie. La gente se está matando entre sí y eso muchos ya lo ven como parte de la cotidianidad”, señala el director, quien asegura que su cinta fue concebida a raíz de una inquietud: “¿De dónde proviene toda carne que se consume en la capital? Nunca he estado en una ciudad latinoamericana donde se consuma tanta”.

La Parka también adquiere mayor trascendencia si se considera el pasado prehispánico del país. “Más allá de lamentarse, los mexicanos celebran la muerte a través de una tradición. Creo que México es un país habituado a las pérdidas, es el lugar ideal para contar historias como la de Efraín”, agrega.

Gabriel Serra
se sentará este domingo al lado de las figuras más reconocidas del séptimo arte internacional. Su película compite contra Crisis Hotline, Joanna, Our Curse y White Earth. Dice que nunca se imaginó viajar a Hollywood para pelear por un Oscar. Es un hecho histórico para él, su familia y su país.