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François-Paul Jorne, el arte del relojero

Es de los pocos maestros relojeros en el mundo que mantienen esta tradición y sigue creando a mano complicadas maquinarias y movimientos. François-Paul Jorne conoció la relojería a los 14 años y a los 25 ya había creado su primer modelo de bolsillo.
Myrna I. Martínez
27 octubre 2015 20:41 Última actualización 28 octubre 2015 5:0
Es el único en obtener tres veces el premio l’Aiguille d’Or (La Aguja de Oro), el más importante del mundo. (Cortesía)

Es el único en obtener tres veces el premio l’Aiguille d’Or (La Aguja de Oro), el más importante del mundo. (Cortesía)

Es una leyenda en el mundo de la alta relojería. Es de los pocos maestros relojeros en el mundo que mantienen esta tradición y sigue creando a mano complicadas maquinarias y movimientos.

Con su marca F.P. Jorne, con sede en Suiza, ha ganado siete reconocimientos en el prestigiado Gran Premio de Ginebra y es el único en obtener tres veces el premio l’Aiguille d’Or (La Aguja de Oro), el más importante.

Nacido en Marsella en 1957, François-Paul Jorne conoció la relojería a los 14 años y a los 25 ya había creado su primer modelo de bolsillo. Respeta y ama la tradición relojera y su historia; es un apasionado de los tourbillones de Breguet (inventor del tourbillon en 1801).

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ÚNICO


tourbillon

En su última visita a la Ciudad de México en la pasada edición del Salón Internacional de Alta Relojería, el manufacturero presentó sus nuevas creaciones.

___¿Cuál fue el primer reloj que hizo?
___ Siempre fui un mal estudiante, así que cuando conocí la escuela de relojería a los 14 años me enamoré. A los 20 años trabajaba haciendo restauraciones y, los fines de semana, cuando tenía tiempo, empecé a dibujarlo y después a crearlo. Me tardé cinco años en terminarlo.

___¿Cómo era la relojería en los 80?
___ En 1982, cuando terminé mi primer reloj, me buscaron los coleccionistas que antes sólo querían piezas del siglo XVI, XVII y XVIII y empezaron a pedirme modelos y ahí fue que empecé a crear para estos grandes coleccionistas, que eran muy pocos en esa época. A finales de los años 80 regresó la moda de los relojes de pulso y fue cuando hice mi primer brazalete, antes hacía sólo de bolsillo. La diferencia con otras marcas es que yo hacía e inventaba mis movimientos.

___¿Qué hacían los otros?
___ A principio de los años 90 sólo tres empresas hacían movimientos y se los vendían a todas las demás: Frederic Piguet, ETA y otra compañía alemana. La gente pensaba que estaba comprando un motor original, hecho en casa y con los años se dio cuenta de que todos eran iguales, que sólo cambiaba el nombre de la f. Por eso yo grababa en las esferas mi nombre y la leyenda Invenit et Fecit, que significa inventado y elaborado.

___¿Cómo empezó la euforia por los movimientos artesanales?
___ Las empresas se interesaron en saber cómo se hacían los movimientos y comenzaron a inventar los suyos la década pasada, fue muy tarde. Por eso ahora hay muchos más coleccionistas que antes, muchos de ellos empiezan con marcas muy fashion y después compran cosas más interesantes, como un Rolex, y al final todos llegan a mi marca.

___¿Cuál es el movimiento más difícil que ha hecho?
___ Todos los que he hecho son complicados, si un reloj normal que funciona ya es difícil, un reloj complicado que funcione es un milagro. Mi pieza maestra es la grande sonnerie; tengo más de 10 patentes.

___¿Le gusta meter muchas complicaciones en un reloj?
___ Esa tendencia de poner tantas complicaciones juntas no es para mí. No puede funcionar un tourbillon con un cronógrafo, es como si pusieras aceite con vinagre, son dos cosas diferentes, no pueden vivir juntos. El tourbillon está hecho para ser preciso, pero si le pones otras complicaciones encima no podría funcionar como debería; para mí no es lógico. Yo sólo le pongo una complicación por reloj para que no altere la precisión y funcione perfectamente bien.