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Francisco Téllez, maestro de maestros del jazz mexicano

Pionero de la profesionalización del jazz en México, el pianista Francisco Téllez rinde tributo al género. "Ir con las autoridades que tienen la cabeza chueca y hacerles ver que el jazz tiene una importancia es un trabajo de lucha y de locura", dice en entrevista.
Rosario Reyes
10 julio 2016 20:50 Última actualización 12 julio 2016 19:9
Hasta ese momento, su trabajo a favor del género en México fue un camino trazado a contracorriente. (Edgar López)

Hasta ese momento, su trabajo a favor del género en México fue un camino trazado a contracorriente. (Edgar López)

Cuando era estudiante, tocar blues y jazz en las aulas del Conservatorio Nacional de Música estaba vetado. “Los cubículos eran más chiquitos, había un piano de cada lado y si pasaba el prefecto y alguien estaba tocando una pieza popular, le quitaban el lugar de estudio”, relata Francisco Téllez.

Al día siguiente de su graduación conservatoriana como concertista, el joven acudió a una cita en la Escuela Superior de Música que habría de definir su camino profesional. Un tranvía incendiado a media cuadra del edificio era la señal de los tiempos revolucionarios que corrían. Era 1968.

Recién graduado, al pianista le interesaba el movimiento estudiantil, estimulado por sus lecturas de Julio Cortázar acerca de la revuelta parisina y por los acontecimientos locales. Quizá ese espíritu tuvo que ver con su propia revolución académica.

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Hasta ese momento, su trabajo a favor del género en México fue un camino trazado a contracorriente. (Edgar López)

En la Superior de Música, Téllez trabajó por más de 30 años hasta que se jubiló, en 2009, por motivos familiares. Aunque, dice, él hubiera querido seguir dando clases. Comenzó el mismo día que lo citó el director, su tío, el también pianista Rodolfo Téllez Oropeza. “Me mostró las instalaciones hasta llegar al tercer piso. Abrió una puerta y me dijo: ‘estos son tus alumnos’”, recuerda.

Poco más de una década después, el maestro revolucionaba la enseñanza musical de este país al crear la primera Licenciatura en Jazz, en la Superior de Música, en 1980.

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Roberto Téllez
ACUDA
Qué: Francisco Téllez, Tributo al jazz
Lugar: Lunario del Auditorio Nacional
Horario:
Viernes 15, 21:00 horas
Localidad: $350 a $650


Hasta ese momento, su trabajo a favor del género en México fue un camino trazado a contracorriente. En entrevista, recuerda cómo él y otros grandes músicos de su tiempo debieron adentrarse en el género de forma autodidacta.

“Tuve compañeros a los que les gustaba el jazz y buscábamos la forma de tocarlo a escondidas”. En el Conservatorio compartió aula con Enrique Nery y Juan José Calatayud, además de estudiar análisis musical junto a otros alumnos de la generación del 59, como Eduardo Mata, Fernando Lozano y Héctor Quintanar.

Indagar sobre los antecedentes del jazz era algo sumamente difícil en una época en la que no llegaban libros o discos del exterior, pero también lo fue poner en práctica ese conocimiento con la serie de detractores que, afirma, encontró tanto en el ámbito jazzístico como en el clásico. Así formó el Cuarteto Mexicano de Jazz, en 1974.

Poco antes, a mediados de 1970, había creado el taller de jazz, antecedente de la carrera en la Superior, con el fin de atraer a los estudiantes que empezaban a desertar. El saxofonista Miguel Samperio, Pancho López en el contrabajo, Héctor Infanzón en el piano y Juan Valdivia en la batería, figuraban entre los primeros alumnos que presentaron su trabajo final en el Palacio de Bellas Artes, pues el auditorio de la nueva sede de la escuela en Coyoacán aún no estaba listo.

Téllez impartía todas las clases, pero el incremento de los participantes le obligó a contratar maestros para cada instrumento, entre ellos Enrique Valadez y Poncho Martínez. Otros talleres, como el de ópera, el de grafía musical o de música mexicana, desaparecieron, y un cambio en la dirección -hasta entonces a cargo de Francisco Núñez Montes- también pretendía cerrar el taller de jazz.

“Eran pleitos contra todo, desde pelear una plaza para los maestros hasta organizar el aspecto académico. Ir con las autoridades que tienen la cabeza chueca y hacerles ver que el jazz tiene una importancia es un trabajo de lucha y de locura, tenacidad, hasta lograrlo”, destaca.
homenaje a la modesta

En una de sus primeras actuaciones en el Auditorio Silvestre Revueltas de la Escuela Nacional de Música, el cuarteto compartió escenario con el pintor y escultor Jazzamoart. “Eso me lo recordó recientemente Héctor Infanzón, que fue mi alumno y me dice que él estuvo ahí, me vio tocar y lo vio pintar”.

Ese mismo experimento está a punto de repetirse, con ocasión del concierto Téllez que ofrecerá el viernes próximo en el Lunario, con algunos de sus ex alumnos más destacados, seis cantantes y el pintor, quien realizará un performance.

La velada llevará por título Tributo al jazz. Originalmente, el empresario José Luis Martínez, el organizador, quería rendirle tributo al maestro, pero la modestia de éste no se lo permitió. Es el distintivo de su personalidad. ¿Cómo si no, se explica que se ruborice cuando habla de su amplísimo repertorio?

“Tengo muchas composiciones, hasta pena me da. Cada libro tiene 220 piezas y hay uno por cada letra del abecedario. Los hice para aprender a escribir, no es que quiera tener muchas piezas. Hay unas muy buenas, otras muy malas, depende del estado de ánimo y siempre las respeto como quedan, porque es la forma como me sentía en el momento”, comparte.

Hasta ahora no ha hecho ninguna grabación y sólo se presenta ocasionalmente. “Admiro a muchos de mis compañeros que tienen sus discos, una carrera. Yo quise hacer una escuela y en el camino tuve que dejar otras cosas para lograrlo”.