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CULTURAS

Francisco Hinojosa, humor en serio 

El escritor confiesa que el futbol es su religión, es americanista y, aunque intentó ser hincha de Los Pumas, porque egresó de la UNAM, confirmó la máxima de la cancha: Se cambia de todo, menos de camiseta. 
Rosario Reyes
12 enero 2017 19:20 Última actualización 13 enero 2017 4:55
Francisco Hinojosa

Francisco Hinojosa, frecuentemente es confundido con el autor de Mafalda, Quino  (Foto Edgar López)

Lo que viene
El Naranjo publicará la continuación de Una semana en Lugano, que salió hace 24 años, y la Editorial Norma, dos títulos más: El caso del insoportable niño Joseluisito y su espantosa mascota Hércules, que comenzó a escribir hace ocho años, recién retomó y terminó en sólo unos meses, y El bazar de Tatiana, para el que tomó como referencia la escuela de sus hijas; un título que está en proceso de ilustración a cargo de Rafael Barajas El Fisgón, con quien ha trabajado en unos 15 libros.
La dupla con el monero comenzó cuando ni siquiera se conocían y ahora son buenos amigos. Uno de sus textos, Amadís de anís, Amadís de codorniz, lo escribió pensando en su hijo, a quien El Fisgón -cuenta Hinojosa- no había visto nunca. “Después lo conoció y se dio cuenta que lo había pintado muy parecido. Hasta ese grado llegamos a identificarnos”.

Por su apariencia es frecuente que lo confundan con el humorista argentino Quino o con el cineasta estadounidense Woody Allen. No le molesta. los admira a los dos Porque, precisamente, el humor es un rasgo de su literatura, y el cine, su pasión después de las letras y el balón.

Creció con tres hermanos de edades cercanas, así que compartían las aficiones, con el plus de la rivalidad entre equipos: uno de ellos es fanático de las Chivas.

Es además un cocinero autodidacta que gusta de replicar en México las recetas que prueba en sus múltiples viajes. Y baila salsa. Mal, pero lo disfruta mucho.

Sus inicios en la escritura
Lo primero fue la poesía. Fui un lector tardío pero voraz; comencé a los 16 años y, como a los 18, de tanto leer, quise escribir. Acababan de abrir en México una librería llamada Gandhi, que además era sala de exposiciones, conferencias y café, y ahí conocí a algunos jóvenes que escribían. Me identifiqué con ellos y empecé a hacerlo en mi casa. Curiosamente, ninguno de ellos se dedicó a la literatura. Yo empecé solo, nunca mostré lo que hacía. El aprendizaje fue muy lento, escribí mucha poesía, y cuando exprimí lo que quedaba bueno, publiqué mi obra completa.

Los temas tabú para niños
Me interesaron desde el inicio. No inventé un nuevo género, pero sí tocar temáticas como la violencia, por ejemplo. Ha sido fundamental, especialmente en lo que escribo para adultos; la muerte y la violencia están presentes en casi todos mis cuentos, aunque visto todo a través del cristal del humor negro, que funciona como un escudo. En la literatura y en la vida el juego y el humor es lo que me salva de todo. En algunos casos, tomo aspectos de la realidad, hay un libro que se llama El tiempo apremia, que son siete cuentos, de los cuales cinco tienen que ver con distintas realidades políticas y sociales.

¿Qué hace cuando no escribe?
Soy lector. Leo y veo películas, nunca me han gustado las salas cinematográficas, especialmente porque no tienen un botón de pausa. Gracias a Netflix ahora soy muy feliz. Veo de todo, nunca pensé que me pudieran gustar los zombies, lo policiaco, el thriller y las de acción. Creo que el zombie tiene una pertinencia muy actual con lo que estamos viviendo. En la Ciudad de México se organizan desfiles multitudinarios, hay algo en la figura del muerto viviente que atrae.

Sus referentes en cine y literatura
Tengo muchísimos. Me gusta Woody Allen. En cuanto a los libros cambian a lo largo de la vida. Acabo de escribir un artículo acerca de eso, de las relecturas. Un amigo me dijo: “no releas, te vas a decepcionar”. La novela con la que empecé a leer fue Crimen y castigo y  me está encantando otra vez, de los 16 a los 62 años que tengo ahora. Sí, el libro cambia porque uno ha cambiado, pero me sigue atrapando.

Su ídolo del América
Es difícil, por lo que pasó. Fue Cuauhtémoc Blanco, pero por desgracia se metió a la política y creo realmente que ese ídolo que tenía se cayó, nada más queda el puro recuerdo. Pero me remonto a los primeros años, cuando empezaba a ver el futbol, y me quedo con un jugador que fue para mí emblemático: Zague, padre de otro que después hizo carrera con el América: Zaguinho. Recuerdo muchas grandes jugadas, grandes goles, pero quizá algo que me quedó muy grabado fue una vez que se fracturó una rodilla y la fotografía que vi en los periódicos me horrorizó, se veía muy mal, como un hueso saltado, doloroso por supuesto, y cuando pienso en él, quizá más que acordarme de sus jugadas y sus goles, me acuerdo de esa fractura.

El matrimonio en su vida
Ha sido fundamental. Mi hijo lo sintetiza muy bien, dice: “a mi padre lo que más le gusta es escribir y casarse”.
Me gusta mucho vivir en pareja, pero tenemos un plan con mi esposa actual (la artista Tania Huntington), que creo que ha resultado muy benéfico. Tenemos dos casas, siempre dormimos en una o en la otra, comemos en una o en la otra, pero el resto del día, lo pasamos cada quien en su propio espacio; ella también se dedica a trabajar en casa, así es que no nos estorbamos.