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Fotos para mirar el paisaje… y el alma

En el mundo visual del alemán Stephan Ach, que se exhibe en la ciudad en la exposición 'ONESELF' hasta el 20 de este mes , se confirma la idea de Bernard Shaw: el arte es el espejo del alma.
Eduardo Bautista
13 noviembre 2017 0:28 Última actualización 13 noviembre 2017 5:0
FOTOGRAFÍA

Al fotógrafo nunca le ha interesado ser un fotógrafo paisajista o documental. Su intención es que el hombre recupere su conexión con la naturaleza. (Foto: especial).

Tráfico. Contaminación. Dinero. Trabajo. Consumismo. Urbes descontroladas. Violencia. Terrorismo. Racismo. Desigualdad. Tecnología. Pareciera que el mundo moderno no tiene el botón de pausa, pero el fotógrafo alemán Stephan Ach lo ha encontrado en la naturaleza. Y ha decidido fotografiarlo. Lo llama “el mundo salvaje”: ese lugar donde todos los seres humanos tienen conexión. Pero no se conforma con retratar paisajes. Tiene más vocación de pintor, pues busca texturas y simbolismos que hagan de sus fotografías verdaderas piezas de arte.

Al platicar sobre su exposición ONESELF —compuesta por cuatro fotografías en gran formato y abierta al público en la Galería Licenciado hasta el 20 de noviembre— recuerda aquella frase de Bernard Shaw:

Los espejos se usan para verse la cara; el arte, para mirarse el alma

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SELVA

En esta sentencia pueden resumirse sus convicciones artísticas. Nunca le ha interesado ser un fotógrafo paisajista o documental. Su intención, dice, es que el hombre recupere su conexión con la naturaleza y, con ello, descubra que la humanidad viene en un mismo costal, sin muros ni xenofobias.

Curiosamente se formó en un ambiente poco relacionado con ese mundo salvaje que tanto ama. Comenzó su carrera en la industria de la moda. “Cuando estás en un estudio, tienes muchos elementos a tu alrededor para hacer un producto propio. Esa fue una de las grandes enseñanzas que me dejó la moda. No sólo se trata de retratar o reproducir, sino de crear algo nuevo”.

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CACTUS


Nacido en la República Federal de Alemania en 1958, gozó los privilegios del capitalismo y tuvo la oportunidad de estudiar en la School of Art and Photography de Múnich. Toda su vida ha estado en contacto con el arte. Sus padres fueron actores de teatro. Sobre un escenario, dice, aprendió lo que es la adrenalina, la excentricidad y la fantasía.

“El trabajo de la actuación me dejó grandes enseñanzas. Con mis padres aprendí que el ser humano, como el actor, es capaz ver el mundo de muchas maneras, porque no existe una sola visión de la vida. El actor interpreta a muchos personajes y nunca puede ser el mismo”, comenta. Y eso, dice, es una lección que ha aplicado en la fotografía, a la que considera una herramienta para ver y entender el mundo desde distintos ángulos.

SALVAJE
En el mundo de Ach, la naturaleza ha sido atacada por los hombres, cada vez más conectados entre sí y cada vez más imprudentes con el ambiente .

Ama trabajar en América Latina por sus llanuras, sus cordilleras, sus altiplanos y sus mares que no son tan fáciles de hallar en Europa, “donde la naturaleza ya está muy manoseada por el hombre”. Las cuatro fotografías que integran ONESELF fueron tomadas en Puerto Escondido, Oaxaca. Sin embargo, Stephan no es de los fotógrafos que buscan algo en específico. “Las realidades que retrato son fugaces y son ellas las que me encuentran a mí”, asegura.

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pasiaje

Afirma que no se quedó con ganas de retratar los modos de vida de la Alemania separada (unida, de nueva cuenta en 1990, un año después de la caída de El Muro). “Nunca me han interesado mucho las ciudades. Me encanta el mundo salvaje porque no hay nada establecido. Por miles de años nos hemos separado de la naturaleza. Construimos muros, fortalezas y casas porque tenemos miedo de ese mundo salvaje en el que no tenemos el control”, concluye.