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Fotodocumental, la novedad en el mercado del arte

Por su naturaleza confrontativa el género es difícil de vender, pero se ha abierto paso entre galeristas mexicanos y coleccionistas. Sin embargo, "son contados los sitios de exhibición y venta para este tipo de obra", advierte la galerista Isabel Gil.
Rosario Reyes
05 enero 2016 20:59 Última actualización 06 enero 2016 5:0
El precio de una pieza ya se fija con criterios artísticos, en relación a la formación y trayectoria de su creador. (Cortesía)

El precio de una pieza ya se fija con criterios artísticos, en relación a la formación y trayectoria de su creador. (Cortesía Yael Martínez)

A medio camino entre el arte y el periodismo, el fotodocumental es una expresión que comienza a abrirse paso en galerías dedicadas a la imagen.

Aunque en la práctica existe desde la década de 1950, el género apenas emergente en el mercado mexicano, donde son contados los sitios de exhibición y venta para este tipo de obra, advierte la galerista Isabel Gil, quien el 28 de enero abrirá Gil-Zárate, un nuevo espacio dedicado a la fotografía en la colonia Condesa (Montes de Oca 126). “Está el Fotomuseo Cuatro Caminos (de la Fundación Pedro Meyer), una nueva plataforma que se llama La Hidra, que es de difusión, no una galería tal cual, y antes de nosotros, la única galería especializada en fotografía era la de Patricia Conde”.

“Las series de fotodocumental son siempre trabajos en proceso. Como obra de arte, colgada en galerías, es muy difícil que alguien se interese, dado que confronta y generalmente una persona que compra fotografía o cualquier otra pieza de arte quiere algo que no lo confronte”, considera Patricia Conde.

Pese a esto, como galerista Isabel Gil se dice sumamente interesada en explorar el género. “Es distinto del fotoperiodismo. Tiene una investigación, un punto de vista diferente, ya que no reporta hechos, sino genera un registro de lo que el fótógrafo está viendo y, por lo mismo, tiene un vínculo mayor con el arte. En México hay mucho talento, que no necesariamente encuentra espacios de representación”.

El precio de una pieza ya se fija con criterios artísticos, en relación a la formación y trayectoria de su creador. El rango es tan amplio que una fotografía podría comercializarse, dice la galerista, entre 8 mil pesos y 8 mil dólares. “Aunque hay obras que se han vendido en 32 mil dólares, pero en el mercado internacional, en México apenas está surgiendo”.

El fotógrafo Mauricio Palos destaca que el fotodocumental tiene finalidades alejadas de lo comercial, como lo es la denuncia social. Si bien hace una distinción entre lo periodístico y lo documental, considera que ambas vertientes se han ido desarrollando paralelamente. “Incluso Nacho López y Héctor García hacían documental. En otros países se da de forma más natural, la gente no se cuestiona si es arte, si es periodismo; interesa más lo que está contando el fotógrafo”.

Comercializar este tipo de trabajo, dice el fotodocumentalista, le permite ser autogestivo. “El mercado existe, tanto fuera como dentro del país, entre coleccionistas o museos incluso, pero no creo que la finalidad sea vender. El pago de una galería puede significar que tengas recursos para hacer un viaje para otro proyecto”.

LA MIRADA PERSONAL
Para los fotógrafos Alejandro Kirchuk, de Argentina, y Juanita Escobar, de Colombia, realizar este tipo de obra requiere un proceso íntimo. “Son historias personales que trascienden a lo social”, define Escobar, quien ha trabajado los últimos ochos años en la llanura colombiana. Lo mismo opina el mexicano Yael Martínez, quien en un ensayo titulado Olvido, documenta la enfermedad y muerte de su abuela. En su serie La casa que sangra, el artista originario de Guerrero interpreta la forma en la que ha afectado a las familias la violencia que vive el estado. “Mi trabajo lo hago porque para mí es importante tener una voz y generar una memoria sobre las problemáticas que se viven actualmente”, afirma.

Los fotógrafos coinciden en la importancia de hacer un registro honesto de la realidad, valiéndose incluso de recursos artísticos. “Es fundamental mantener un compromiso con la verdad, que siempre es la que cada uno ve. No tiene que ver con la objetividad, sino con respetar lo que uno cree sobre cómo contar una historia. Para mí son bienvenidos todos los recursos, incluyendo representaciones visuales, siempre y cuando no se haga pasar una situación como espontánea cuando no lo es”, concluye Kirchuk, de cuyo trabajo se puede ver una selección, así como de Escobar y Martínez, participantes en la primer Masterclass Latinoamérica de Fundación Pedro Meyer con World Press Photo, en el sitio www.zonezero.com.