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FIFA, desgaste histórico

La FIFA acude mañana a las urnas, después del reinado de Joao Havelange y Joseph Blatter, creadores del imperio. David Yallop cuenta en "¿Cómo se robaron la Copa?", la red de corrupción que llevó a Blatter a la presidencia del organismo que rige el futbol mundial.
Mauricio Mejía
24 febrero 2016 21:56 Última actualización 25 febrero 2016 5:0
Las elecciones para ocupar la presidencia del organismo que rige el futbol mundial son este viernes. (Erick Retana)

Las elecciones para ocupar la presidencia del organismo que rige el futbol mundial son este viernes. (Erick Retana)

El padre de Joao Havelange (bautizado como José María Faustino Godofredo Havelange) tuvo la ocurrencia de volver a terminar su contrato como docente de la Universidad de San Marcos, en Lima, en el Titanic, el barco que sólo podía hundir Dios. Viajaba -según David Yallop en ¿Cómo se robaron la Copa?- de Lieja a la capital peruana. En Southampton, Inglaterra, perdió la escala del histórico viaje. Escapó de morir en las heladas aguas del Norte o de volver estropeado en lancha en medio del naufragio. Murió en 1933, cuando el futuro presidente de la FIFA tenía 18 años. Entre otras cosas, fue traficante de armas.

Antes de fallecer, José Faustino Godofredo se empeñó en que su hijo, Joao, poco versado en el futbol (mediano zaguero central del Fluminense), aprovechara sus dotes en la piscina. Carismático líder del equipo de waterpolo de su natal Río de Janeiro, el futuro líder del futbol se entrenaba bajo las órdenes de su padre dos veces al día toda la semana para clasificarse a los Juegos Olímpicos de Berlín 1936. Cuando llegó a la capital alemana, en medio del nazismo, no logró subirse al podio como le prometió a su ya difunto padre. Se excusó en las malas condiciones de la travesía en barco, 21 agotadores días.

Hábil en los negocios y en las relaciones públicas, encantador de serpientes, Havelange fue escalando en la estructura deportiva del Brasil de las dictaduras hasta convertirse en el hombre fuerte de la Federación Brasileña de Futbol, en la que promovió un falso discurso antieuropeo (en su casa el francés era idioma oficial). Al amparo de los gobiernos y de la corrupción logró amasar una enorme fortuna.

Suficiente para “hacerse” de aliados dentro de la FIFA. Su objetivo, nadador incansable, fue derrumbar a Sir Stanley Rous del cargo de presidente. En sesión del 11 de julio de 1974, con los países africanos como gran respaldo, asumió el cargo más alto de Zúrich. Entonces, el organismo albergaba a 138 naciones y solamente 16 equipos de ellas competían en la fase final de la Copa del Mundo.

Fiel a sus traiciones, Havelange no dijo nada cuando la dictadura brasileña acabó con los futbolistas disidentes; ni cuando la chilena torturó a miles en el Estadio Nacional; ni cuando la argentina usó la Copa del Mundo (1978) para legitimarse en el poder a pesar de los miles de desaparecidos.

Al final del siglo, en 1998, cuando dejó el cargo después de viajar varias veces por todo el planeta (presumió a la prensa que estuvo en 192 países al menos tres veces; con las excepciones de Afganistán, Samoa y cuatro repúblicas ex soviéticas), la FIFA congregó a 200 federaciones y los invitados al Mundial ya fueron 32. La industria del futbol se convirtió, gracias al esquema de patrocinadores permanentes y la venta de derechos de transmisión, más traspasos y venta de boletos, en una de las más prósperas del mundo: el certamen francés generó, según Forbes, ganancias a la FIFA por más de 365 millones de dólares. Su sustituto lograría que Brasil produjera 4 mil millones de dólares.

Yallop cuenta detalladamente cómo el secretario general de la FIFA de Havelange, Joseph Blatter, empleó la misma estrategia para derrumbar al brasileño de la presidencia de la FIFA. Un aliado indiscutible para el exreportero suizo fue Michel Platini, ambos hoy acusados de sobornos, lavado de dinero y compra de votos para la realización de los Mundiales de Rusia y Qatar. Sancionados ahora, desde ayer, a seis años de alejamiento del deporte organizado.

Según Yallop la red de corrupción que llevó a Blatter a la presidencia no tenía que ver solamente con la “familia” del balompié. También como antecesor, que tenía a la clase política europea y latinoamericana a su merced con tal de conseguir una sede del Mundial, con presidentes, primeros ministros y jefes de estado. En el caso de Blatter, uno de los más seducidos fue el sudafricano Nelson Mandela, quien logró la sede del 2010.

El escándalo no ha tocado a México. Pero Yallop se asoma un poco al 86: “La señora de Cañedo (esposa del exvicepresidente de la FIFA, Guillermo Cañedo) llegó a París con 15 familiares y amigos. No pudo decirnos cuánto se les pagó y a quiénes para asegurarse de que, en contra de todos los excesos, a México se le otorgara su segundo campeonato”.

La FIFA acude mañana a las urnas, después del reinado de Joao Havelange y Joseph Blatter, creadores del imperio.