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Fiesta espectral, la nueva forma de celebrar la muerte

De las entrañas del imaginario hollywoodense sobre el Día de Muertos surge una nueva celebración mexicana, de la que el branding es el alma espectral. ¿Qué tan auténtico es celebrarlo con un evento surgido de la mercadotecnia?
Eduardo Bautista
30 octubre 2016 22:39 Última actualización 31 octubre 2016 5:0
Para realizar el desfile, el Consejo de Promoción Turística del gobierno federal invirtió 33 millones de pesos. (Braulio Tenorio)

Para realizar el desfile, el Consejo de Promoción Turística del gobierno federal invirtió 33 millones de pesos. (Braulio Tenorio)

En el país donde todo es posible, James Bond instauró una nueva forma de celebrar la muerte.

Una escena cinematográfica de cinco minutos terminó en fiesta multitudinaria. O mejor dicho: en montaje de Hollywood. Porque la esencia del primer Gran Desfile de Día de Muertos de la Ciudad de México –que se celebró el sábado pasado y al que acudieron más de 250 mil personas según cifras oficiales– no fue el espíritu popular ni la tradición ancestral.

Los esfuerzos por posicionar a la capital del país como destino turístico han sido constantes durante la administración de Miguel Ángel Mancera, desde el branding de la CDMX –marca registrada en el Instituto Nacional de Propiedad Intelectual desde 2014– hasta la renovación del Centro Histórico.

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Desfile

Aunque miles acudieron a ver los carros alegóricos y las catrinas gigantes que desfilaron del Ángel de la Independencia al Zócalo, otros se hicieron la misma pregunta: ¿qué tan auténtico es celebrar el Día de Muertos con un evento surgido de la mercadotecnia?

Esteban Illades, editor de la revista Nexos, escribió en su cuenta de Twitter: “Filman James Bond aquí y ahora tenemos desfile ‘tradicional de muertos’. A ver qué pasa cuando Mancera termine de leer El Código Da Vinci”. Berenice Hernández, asistente y ama de casa, aseguró: “Aunque es una fiesta muy bonita y espectacular, ideal para venir con la familia, muchos sabemos que estas no son nuestras tradiciones”.

Para realizar el desfile, el Consejo de Promoción Turística del gobierno federal invirtió 33 millones de pesos, cantidad que también incluyó acciones de promoción nacional e internacional. “Queremos que se vuelva un producto turístico que llegó para quedarse. La idea es que crezca, que evolucione, que se convierta en un festival o hasta en un carnaval”, comentó Enrique de la Madrid Cordero, titular de la Secretaría de Turismo (Sectur).

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Desfile

Desde hace un par de años, Hollywood ha impulsado diversas ideas sobre cómo los mexicanos festejan el Día de Muertos. Primero fue El libro de la vida (2014), cinta producida por Guillermo del Toro en la que se juega con conceptos de la mitología maya –como Xibalbá, el nombre del inframundo. Luego vino Spectre (2015), la última entrega del agente 007, cuyos primeros minutos transcurren en el Centro Histórico de la Ciudad de México, en la calle 5 de mayo, donde una procesión de catrinas y carros alegóricos camina hasta llegar al Zócalo. Luego llegó Batman vs. Superman. El origen de la justicia (2016), en la que Clark Kent es recibido como Dios en Ciudad Juárez por un grupo de personas caracterizadas como catrinas.

Tanto se ha proyectado este imaginario que los pilotos de la F1, Daniel Ricciardo y Max Verstappen, llegaron el miércoles pasado al Autódromo Hermanos Rodríguez maquillados como calaveras. “Estoy aprendiendo de su manera de ver la muerte”, dijo el australiano.

También hubo quien sólo participó en la nueva fiesta por negocio, como Flor González, una vecina de la colonia Doctores que montó un puesto sobre Eje Central. Cobró 30 pesos por maquillar el rostro como calaca de José Guadalupe Posada. La fila, enorme, incluyó a algunos disfrazados de diablo o vampiro. No faltaron las máscaras de Trump.

El desfile que, según los organizadores, representó el culto funerario de los pueblos prehispánicos, sorprendió a los niños con los danzantes, los tres alebrijes gigantes y las 33 marionetas, algunas de ellas las mismas que se utilizaron durante el rodaje de Spectre. Miguel Ángel Mancera dio el banderazo de salida con un paliacate de calaca que le cubría la mitad del rostro. “¡Agárrenlo, es anarquista!”, gritó alguien entre la multitud, desatando las risas. Colorida, extravagante, irónica. Así fue la celebración bondiana.

Las autoridades capitalinas estimaron que la derrama económica del fin de semana sería de mil 272 millones de pesos -con lo derivado del Gran Premio de México. Y es que el dinero es un elemento inherente a esta nueva celebración. En marzo de 2015, durante la filmación de Spectre, el sitio web Tax Analysts publicó una serie de correos electrónicos hackeados a Sony, en los que se reveló que el gobierno mexicano ofreció 14 mdd para cambiar el guión. Debían aparecer los edificios más modernos, que el alcalde no fuera asesinado y que el villano no tuviera nacionalidad mexicana. En suma, externar una buena imagen de la Ciudad de México. Tanto el gobierno federal como local negaron las filtraciones.

Decía Julio Torri: “Los mexicanos no sabemos vivir; los mexicanos sabemos morir”. Sólo que ahora lo harán al estilo Bond.