AFTEROFFICE
culturas

Fidel en la loma

Fidel Castro fue un endiablado pelotero en sus años de juventud, estuvo a punto de ser contratado por los visores del Senadores de Washington, pero un error injustificable impidió que la transacción fuera posible.
Mauricio Mejía
27 noviembre 2016 22:4 Última actualización 28 noviembre 2016 5:0
El uso político del atletismo que dio Fidel al régimen se convirtió en una nueva identidad para un país marginado. (Reuters)

El uso político del atletismo que dio Fidel al régimen se convirtió en una nueva identidad para un país marginado. (Reuters)

José Martí fue un cronista deportivo mientras vivió en las entrañas del Monstruo, como llamaba a Estados Unidos. El escritor nacional de Cuba, en el punto en el que se tocaron los anticastristas con los devotos de la Revolución, supo que el ejercicio físico era una base sustancial de la cultura cubana. Cuando el triunfo de la imaginación al poder, tanto Fidel Castro como Camilio Cienfuegos y Ernesto Guevara apostaron a las políticas deportivas de masas para darle forma al nuevo sistema de gobierno.

Castro fue un endiablado pelotero en sus años de juventud, estuvo a punto de ser contratado por los visores del Senadores de Washington, pero un error injustificable impidió que la transacción fuera posible. Cienfuegos también difundió la pelota en los campamentos militares en los que El Che se estrenó en el diamante. Guevara fue un gran atleta que fomentó el futbol, la lucha, el tiro, el golf y, sobre todo, el ajedrez. El bat y el tablero fueron indispensables en la preparación al asalto al último régimen de Fulgencio Batista.

A los dos años de la victoria , Castro se empeñó en mantener las bases de la ideología en la educación, la medicina y el deporte. Cuba, un país de discretísima participación olímpica, se convertiría, 30 años después, en el gran rival del Monstruo Americano en los Panamericanos. Martí hubiera sentido fascinación ante lo que sucedió en la isla al final de la Guerra Fría. El uso político del atletismo que dio Fidel al régimen se convirtió en una nueva identidad para un país marginado del comercio con el resto del continente y minado ante el derrumbe soviético. Los atletas cubanos, como los de la RDA, se volvieron estandartes del Objetivo Histórico, posible en la pista y el campo.

Pero el deporte real, sin el patrocinio del Estado, sólo puede continuar en el césped de la libertad. Hoy Cuba sufre los estragos del país del pensamiento único, que siempre termina antes de tiempo. El postre Castro, con Trump en la esquina azul, anticipa un incierto futuro para el gran vehículo de la Revolución: el nacionalismo ahora lleva los pantaloncillos de las barras y las estrellas. Turno de las blancas en el revuelto tablero de la Historia.